“POROTO”, EL HEREDERO

SU CASCO, EMBLEMA DE LOS CAMBIASO

Por Carlos Cervetto

2022-08-03T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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REVELACIONES

Si bien julio no es un mes de actividad para el polo de alto handicap en la Argentina, el martes 26 los amantes del taco tuvieron con qué deleitarse en La Rural. No fue un partido normal, es cierto, pero la exhibición organizada para celebrar los cien años de la Asociación Argentina de Polo, sobre la arena de la Pista Central, sirvió para reunir a varias figuras que engalanan la disciplina. Algunos de paso por el país, como “Poroto” Cambiaso (16) y sus primos, Bartolomé (21) y Camilo Castagnola (19), y otros ya definitivamente instalados de cara a la próxima Triple Corona, como Facundo Pieres (36); los cuatro dijeron presente para encender la llama del polo de alta competencia en el frío invierno porteño. Fue un partido de tres contra tres que también le dio cabida a las mujeres, con Inés Lalor (20) –primera mujer en ganar la Copa Zeus– y Agustina Imaz (20), campeona del primer mundial femenino. El público respondió colmando las tribunas y los jugadores se las rebuscaron para componer el mejor espectáculo posible sobre una superficie compleja, a la que la lluvia complicó aún más. Esta vez el inoxidable Adolfito Cambiaso (47), ya instalado en California con su hijo para jugar la temporada de Santa Bárbara, lo disfrutó desde afuera con la adrenalina que siempre le provoca un partido, máxime con “Poroto” en cancha. El heredero lució como es costumbre el casco celeste y blanco que patentó su padre y que también usan, cada vez que salen a jugar un partido, sus hermanas Mía (19) y Myla (11). Un casco con la bandera argentina que el crack comenzó a utilizar en la temporada británica del 2002, una manera de enaltecer los colores patrios en momentos que los británicos “chicaneaban” a los argentinos por su victoria en el Mundial de Fútbol de Corea/Japón. Acá lo estrenó en el Abierto Argentino de 2002 y nunca más lo abandonó. La interventora artística es María Inés Haas, una pintora amiga de María Vázquez (47) al que le confiaron la artesanal tarea. Un sello de familia que se transmite de generación en generación.

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