“SOY UNA MUJER MUY AGRADECIDA A LA VIDA”

LAETITIA D'ARENBERG: INTIMA

Por Sabrina Galante (Producción: Lucia Uriburu)

2022-11-23T08:00:00.0000000Z

2022-11-23T08:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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CARAS

Lo tiene todo. Pero Laetitia d'Arenberg no habla de bienes materiales ni de los grandes lujos que la rodean. La princesa, que recibió a CARAS en su maravilloso refugio italiano de La Toscana –una exclusiva Villa de 9 habitaciones en suite, 2 comedores y 4 livings– se refiere a la simpleza de la vida. A disfrutar el hoy, porque el mañana es incierto, a conectar con la madre naturaleza y a dar sin recibir nada a cambio, como lección propia de vida. “Mi último pensamiento antes de dormir es: ‘Dios dame un día más para poder con mis ojos seguir mirando las maravillas y lo que me rodea’. Muchas veces por pereza uno no hace lo que tendría que hacer, porque la vida es corta”, subraya la empresaria, desde su Villa de lujo con piscina, inmenso jardín y huerta sobre un terreno de 3000mts2, rodeado por 23 hectáreas de viñedos y olivares. Conectada con el hoy, pero con recuerdos latentes revive las bondades de la ciudad italiana que la vio crecer. “La parte de mi vida que se conecta con Florencia y toda la Toscana, son los años entre mis 10 y los 18. Edades maravillosas de juventud y sueños. De inconsciencia de la niñez. He sido tan feliz. He aprendido a querer, a mirar, a admirar lo que pueda hacer un ser humano con sus manos como grandes artistas, pintores”, dice a la vez que define su cotidianeidad en La Toscana –donde ningún día es igual al otro– como un bálsamo. “La casa me da el placer de poder ir a caminar, mirar por la ventana, la belleza del parque, mirar lo que son esos árboles centenarios que son divinos que uno tiene ganas de abrazar cada minuto. Mirar cuando se va el sol. Un día para mi es algo muy simple, no pienso lo que voy a hacer”, admite. Agradecida de la vida y sus regalos, reflexiona sobre su misión en este plano. “Tengo una sola ambición: seguir tirando puentes, seguir ayudando, dando amor, transmitiendo la fuerza que tengo adentro aunque hay días que quiero tirar la esponja. Para mi es vital dar amor, ternura, escuchar, soy una persona que ha venido para escuchar a los otros y aprender de sus propias aventuras”, agrega quien es testigo de soñados sunset y puestas de sol. “Son como si estuviera en Punta del Este, es una mezcla de locura total. También me recuerda Europa, la montaña y estar en un sitio como este que con sus colores maravillosos, cuando amanece y oscurece. Para mí es un bálsamo indescriptible”, completa. Laetitia sabe que lo tuvo todo y no lo da por hecho. “Me considero una mujer fuerte y valiente porque pude hacer lo que quise en mi vida, con los riesgos que esto acarreaba. A los 30 cerré la puerta de mi casa y me fui. Hice mi camino a mi manera. He hecho un millón de cosas, he construido mi futuro en todo lo que quise hacer y cosas que nunca pensé que iba a poder. Y eso gracias a no tener miedo”, repasa la princesa, que reconoce más de una versión de ella misma conviviendo en simultáneo. “Acá en Florencia, soy la Laetitia que viene a ver no solo animales, plantas o flores. Que vengo a ver el entorno de esta ciudad maravillosa y sobre todo a aprender. Nutrirme de cosas lindas, de maravillas y poder admirar de que con las manos un ser puede llegar a hacer cosas maravillosas como las que he visto”, dice y cierra: “También soy una mujer de diferentes ideas religiosas. Dios es mi razón de vida, está dentro y fuera de mí. En cada plantita que miro, en cada animal que veo y en la inmensidad de este cielo azul u oscuridad de la noche. Soy una mujer extremadamente agradecida a la vida, que me ha dado visión, el poder hablar, caminar, abrazar y decir lo que siento. Soy una agradecida todo el día por el maravilloso mundo que estoy aun con esta edad. El día de mañana me gustaría ser recordada a través de mis nietos, mis hijos y amigos como una mujer que siempre quiso hacer el bien hacia su prójimo”.

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