Publication:

Cuernos - 2017-03-22

Data:

Cuernos de familia

Índice

Con tres generaciones en actividad, es difícil recordar todas y cada una de las infidelidades de las damas del clan Legrand-tinayre, tan víctimas como victimarias al menos en dos de los casos y en lo que la prensa llegó a conocer y a hacer público. Pero algunas hicieron historia. Mirtha Legrand soportó estoica pero calladita las cornadas de su marido Daniel Tinayre, con quien se casó en 1946 y con quien vivió hasta el día de su muerte, en octubre de 1994. Elegante, gran director y con un acento francés para muchas irresistible, el cineasta mantuvo una relación paralela durante años con una mujer casada que tenía una mueblería en el barrio de Palermo, y un día Mirtha, que obviamente lo sospechaba o lo sabía, los vio en vivo, en directo y en plena calle. Cual protagonista de una telenovela, apareció desde donde observaba escondida la escena para darle a la amante de su marido un cachetazo que hubiera sido la envidia de Luisa Kuliok y Arnaldo André. Tan mal quedó la Chiqui, que tuvo que ser internada en el sanatorio Mater Dei, donde él la acompañó día y noche. La historia fue contada en varios medios, entre ellos, en revista Noticias del 27 de julio de 2010. Aquí no ha pasado nada, de eso no se habla y a seguir juntos, que el amor es más fuerte, como te ven te tratan y si te ven mal, te maltratan, parecían gritar, aunque, obviamente, nadie habló jamás del tema. Una sola vez Mirtha comentó en una entrevista a la vieja revista Platea que se había sometido a una “cura de sueño”. “Es que tenía los nervios destruidos, tuve a mi hermana Goldie día y noche al lado de mi cama. Una mañana me sentí morir, y Goldie lo sintió antes que yo misma, me tranquilizó y corrió a llamar al médico...”, decía la diva refiriéndose, claro, a su hermana gemela. Las leyendas sobre las infidelidades de su marido nacían y morían con la misma rapidez, y nunca fueron comprobadas a excepción de la mencionada que, al menos como contaron los medios, dejó testigos anónimos porque fue demasiado larga, lo que sería un caso de cuernos extra large. Es más, el mito dice que Daniel, incluso, llevaba a sus hijos a la casa de esta mujer a la que ellos le decían “tía”, pero dejémoslo en el grado de leyenda porque pruebas físicas no hubo ni habrá. El temporal más fuerte había pasado, pero las nubes seguían, y la más peligrosa se llamaba Egle Martin, una actriz con quien Tinayre filmó “El Rufián” en 1962 y que, dicen, fue el otro gran amor en la vida del director. Claro que ella siempre desmintió la versión..., pero nadie le creyó. Convengamos también que era difícil serle indiferente a una mujer que fue acechada por políticos y literatos por igual, que iban a verla al teatro de revista (por lo que se ganó el apodo de “la vedette intelectual”) y que supo enamorar al mismísimo Astor Piazola, pero que terminó casándose con Eduardo “Lalo” Palacios después de varios romances famosos con hombres del espectáculo y el arte. Si de leyendas infieles se trata, del lado de Chiquita también hay. Durante años, en las redacciones argentinas todos escuchamos aquello del Conejo Tarantini, Héctor Veira, y Carlos Monzón (¿debilidad por los deportistas?), y grande fue el enojo de la conductora con Luis Ventura la vez que el periodista se animó a sugerir que ella y el Bambino eran amantes, como cuenta el hoy Presidente de APTRA en su libro. ¹ Pero jamás hubo una sola imagen de ninguno de estos rumores. Afortunadamente para la prensa y para desgracia de Rosa María de Villa Cañás, de los enredos de alcoba de su hija Marcela se sabe un poco más. Separada de su primer marido (el yerno ideal para Mirtha, el refinado Ignacio Viale del Carril, con quien tuvo a Juana y a Nacho), y en pareja primero y casada en EE.UU. después con el empresario Marcos Gastaldi, con este último Marcela tuvo que soportar un escándalo penal y otro civil, y ambos de película. Es que Marcos no se anduvo con “chiquitas”, literalmente, ya que la Señora de los almuerzos, que nunca lo terminó de aceptar, pasó la vergüenza de su vida cuando el hombre se profugó y fue detenido en la puerta de su casa de Barrio Parque tras varios días oculto por la causa de la estafa del Banco Extrader (del que fue fundador), dándole a la tevé un momento incunable, cuando su nieta Juanita, a los gritos, increpó a un fotógrafo aullando aquello de “¡no tenés familia vos!”. Todavía no se había aplacado el ruido que hizo ese episodio de 2002, (un año después de que la hija de Mirtha se animara, vía inseminación artificial y a los 46 años, a ser madre de Rocco), que en 2010 a Marcela le cayó una amante, con cigüeña y todo, y no de París, sino del coqueto barrio de Palermo, donde vivía Sol Santamarina, una arquitecta 25 años más joven que Gastaldi. Así llegó lo que la propia Marcela, en su momento, denominó “el tsunami”. Marcos tenía una relación extramatrimonial con Sol, de la que nació una hija a la que él reconoció. Pero ojo, que hija sí, pareja no. Marcos y Marcela organizaron el discurso diciendo que esa relación tuvo lugar cuando ellos atravesaban una crisis, estaban por separarse y ella se había tomado unas vacaciones. En realidad, lo de Marcos y Sol era casi un noviazgo oficial, tal como ella misma lo confirmó en varios medios. Entre ellos, la revista Gente del 6 de julio de 2010. Sol era la nueva y joven vecina del edificio de lujo al que Marcos se había mudado en esa crisis casi terminal con Marcela, que efectivamente existió, a 500 metros de la casa de Tinayre, para no estar lejos de su hijo. Dicen que entre Gastaldi y Sol hubo amor a primera vista y que enseguida empezaron a compartir comidas y salidas sin ocultarse de nadie. Y hasta trascendió que hubo presentación familiar. Una de las cuatro hijas del primer matrimonio de Gastaldi, Valeria (la Bandana) se habría hecho muy amiga de Sol, e incluso Gonzalo “Manguera” Valenzuela, el actor chileno pareja de Juana Viale en esa época, también compartió una cena con la nueva pareja de Gastaldi. Pese a todo esto y a una hija por nacer, con la escuela de su señora madre, Marcela decretó el aquí no ha pasado nada tan Tinayre- Legrand. Marcos y Marcela terminaron paseando por Europa, casi de luna de miel, “refundando”, tal como escribía la mamá de Juana desde París, mostrando las fotos del paseíto de enamorados en Facebook. El exbancario, según palabras de su entorno, había quedado más agarrado del cuello que antes. “A Marcela le debe tanta plata que es negocio aceptar sus condicionamientos para seguir aparentando ser un matrimonio perfecto”, comenta un amigo de esa pareja en la que ella, hija de tigresa, fue capaz de perdonar todo, incluso una hija extramatrimonial. Marcela siempre lo defendió, y en pleno escándalo del Extrader y durante el año que él pasó preso en Ezeiza, decía que a Marcos no le perdonaban ser joven y exitoso. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni mayor cornuda que la consciente. Pasó la abuela, pasó la madre, y un día, se hizo Juanita... Esa adolescente rebelde que tanto trabajo nos daba a los periodistas en cada verano esteño, persiguiendo sus romances en Punta del Este y soportando sus gestos maleducados con el dedito en alto, símbolo y estandarte de su título de renegada de los medios, pero que tan bien nos venía a la hora de las tapas y los títulos, un día decidió ser madre y actriz, y tuvo que relajarse. ¡Y vaya si lo hizo! Juana se relajó tanto que una tarde, allá por abril de 2011, post éxito de la telenovela “Malparida” (El Trece), terminó en la tapa de la revista Paparazzi a los besos con el ex Ministro de Economía Martín Lousteau y, entre ambos, su panza de seis meses. Sí, Juana estaba embarazada de su tercer hijo, el segundo con el actor chileno Gonzalo Valenzuela, ² pero el detalle no le impidió dar rienda suelta a sus instintos. Y ni siquiera pudo salir a negarlo porque esta vez, las fotos y el video eran irrefutables. En eso, su abuela tuvo más suerte. Para colmo, el joven economista de rulos al viento había dicho semanas antes en una entrevista de revista Para Ti una frase que, con el diario del lunes, cobraba valor de primicia y reconfirmación, y que hacía aún más picante el escándalo que cubrió la tapa de todos los diarios. “Tengo un amor prohibido”, había dicho el hoy marido de Carla Peterson y embajador argentino en Estados Unidos. Bingo. Dos más dos, cuatro, o mejor dicho, tres, porque Gonzalo, a esta altura Manguera pinchada por los cuernos, no dijo ni mu. O Juana y el chileno siempre tuvieron una relación muy abierta, o ella le estaba pagando con la misma moneda las infidelidades al galán trasandino, que, como dicen en su país, son “harto” conocidas a ambos lados de la cordillera. Si algo tienen en común los grandes amigos, colegas y coterráneos Benjamin Vicuña y Gonzalo Valenzuela, los dos chilenos más populares con las mujeres argentinas, es la debilidad de la carne, sobre todo con sus compañeras de trabajo. Justamente, Manguera conoció a Juana en la telenovela de 2005, “Doble Vida”, de América TV. Especulaciones más, apreciaciones menos, lo cierto es que la relación de Juana y Martín venía de antes de que ella quedara embarazada de Gonzalo. Es más, Martín estaba de novio con Rosario Ortega y en medio de ese noviazgo conoció a Juana, terminando la relación con la hija de Palito. Juanita, por su parte, estaba esperando tener al bebé para, finalmente, separarse del galán chileno ya que su pareja iba de mal en peor. Claro que su foto con Lousteau a los besos en un auto cambió todo. Juana le recriminó al economista cómo reaccionó ante el escándalo ya que hizo todo excepto guardarse: en vez de viajar a un pueblito escondido se fue a Punta del Este y al regresar, tenía a toda la prensa esperándolo en el aeropuerto, y días después, presentó su libro en la Feria del Libro con bombos y platillos, lo que se dice, un manual de lo que no hay que hacer para pasar inadvertido. Hasta allí llegó la vida de unos cuernos que, de haber continuado en la clandestinidad, habrían seguido creciendo, pero que terminaron de minar la relación entre Juana y Gonzalo que, sin embargo, perduró más de lo pensado por la terrible desgracia que después les tocaría atravesar con la pérdida del bebé, Ringo, que nació muerto en mayo de 2011. Tiempo después, incluso, Juana quedaría nuevamente embarazada y nacería Alí, el tercer hijo con Gonzalo, y la pareja fue y vino mil veces, con rumores de infidelidades varias de ambas partes, hasta que en 2014, la separación fue definitiva. 1. “Los Expedientes V, toda la verdad y nada más que la verdad” (Editorial Planeta). 2. Juana es madre de Ámbar (nacida en 2002), cuyo padre es Juan de Benedictis; y de Silvestre (2008), Ringo (que nació muerto, en 2011) y Alí (2012), los tres, hijos de Gonzalo Valenzuela.

Images:

© PressReader. All rights reserved.