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Cuernos - 2017-03-22

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Garganta con arena y con cuernos

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En el prólogo de este libro contábamos que “cacho” es uno de los tantos sinónimos de cuerno en Latinoamérica. Puede ser de toro, de venado, y lamentablemente, también puede ser un sobrenombre y un estigma. Y de eso debe saber el nuestro, el Cacho de Buenos Aires, el hombre que en realidad se llama Humberto Vicente Castagna, pero que se hizo conocido por su apodo. ¡Qué feo que tu sobrenombre te defina! Él, el engañador serial, un día fue víctima del peor de los engaños cuando una mujer, la entonces vedette Silvia Peyrou, le quiso endosar un hijo que no era suyo. Eso le pasó al autor de “Cafe La Humedad”, y pocas veces habló del tema, tan pocas que cuando lo hacía se lo notaba molesto y juraba que nunca más hablaría del asunto. Pero Cacho no sólo entró a la historia del cornudo argento, sino que, además, sentó jurisprudencia en la Justicia argentina ya que él fue la primera persona en el país que pidió retirarle a un niño el apellido que en buena fe le había dado. “Cuando supe que iba a ser padre fue un momento muy importante en mi vida. Recuerdo que empecé a tener algunos indicios de que la criatura podía no ser mía y le dije a Silvia que hiciéramos el examen de ADN. Todo eso fue un gran lío porque mi caso sentó precedente. Fue la primera vez que una persona le sacó el apellido a una criatura. Yo le había dado mi apellido al chico, que se llama Santino. Recuerdo que cuando nació la criatura yo la acaricié y luego me fui con un amigo a tomar algo al bar de la esquina del hospital. Ahí le dije que me pasaba algo raro porque al acariciar al bebé no sentí nada. En ese momento no sentí lo que dicen todos los hombres cuando tienen un hijo, que me había cambiado la vida. Fue algo muy loco”, recordó Cacho hace un par de años, después de tantísimos de no tocar ese tema, despertando, otra vez, la furia de Peyrou por volver a hablar de algo cuando ese bebé ya es mayor de edad. “Lo que dijo Cacho en la tevé está en manos de mi abogado. Se están olvidando de una persona muy importante, que es mi hijo. El no se tiene que bancar las cosas que hicimos con Cacho en otra época. Santino no eleigió este medio. No tiene por qué ser nombrado en la tevé. Eso es lo que me duele, después, lo que diga Cacho no me importa” decía Peyrou en junio de 2015 al diario Muy, tras ver una nota del cantante en la tevé. Todas las veces que a Cacho le preguntan por Peyrou, le cambia la cara. “¿Que como quedé con ella? Muy mal, porque me quiso anotar a un hijo que no es mío. Ella me mintió diciendo que el embarazo era mío y cuando nació Santino le di mi apellido como corresponde a cualquier padre digno. Después supe que no era mío y la denuncié judicialmente para que le quitaran mi apellido a la criatura, que no tiene ninguna culpa y no merecía un padre que no lo era en realidad. Nunca se lo perdoné a Peyrou y es la única mujer con la que nunca me reencontraré. Lo que me hizo fue muy feo”, contaba Cacho en el diario El País de Uruguay en noviembre de ese mismo año. De más está decir que en su libro “Cacho Castaña, Vida de Artista” (Editorial Planeta, 2016), el autor de “Garganta con Arena” nombra a casi todas las mujeres de su vida, pero de Silvia no hay una sola mención. Aquella relación entre Cacho y Silvia comenzó en 1994, cuando compartían la obra de teatro “Un cacho de Corona”, pero el tema volvió a cobrar importancia cuando, en 2015, explotó un escándalo similar protagonizado por la bailarina Gisela Bernal y el productor teatral Ariel Diwan. En este último caso, él siempre creyó que el pequeño, que entonces tenía dos años y medio, era su hijo, pero descubrió que no era así, denunció a la bailarina en los medios antes que en la Justicia y, finalmente, un ADN le dio la razón a él, lo que además de la separación de la pareja trajo el cambio de apellido del pequeño, cuyo verdadero padre era el modelo y luego ganador de un “Gran Hermano”, Francisco Delgado. Por supuesto, todo este drama familiar transcurrió en los medios y, obviamente, cuando hubo que buscar antecedentes similares, Peyrou y Castaña eran un “bocatto de cardinale”. Cacho habló, Silvia respondió, y aquello que en 1995, cuando Cacho descubrió que su hijo no era su hijo, nos hizo correr a los periodistas como locos, volvía a ser tema de análisis. Entrevistados, los dos insistieron con sus convicciones. “Los menores no tienen la culpa de que nosotros seamos del medio. Tengo lo que más amo en mi vida que es mi hijo. Lo que pasó hace 20 años ya está. Pongo toda la energía en mi hijo. Mi hijo dice que no necesita que le aclare nada porque él sabe todo. Jamás me reprochó nada, me respetó. Yo tengo mi verdad. Nunca pude recomponer mi relación con Cacho. Él es un gran profesional, pero conmigo como persona no funcionó. Cacho Castaña es el padre biológico de mi hijo. Es un tema cerrado. Para tener un padre así es preferible no tenerlo. Soy una madre soltera, tiene mi apellido. Todo bien con lo que interpreta la gente”, insistía Silvia. En tanto, Cacho la seguía desmintiendo: “Yo descubrí que no era su papá por cartas que le llegaban a ella del verdadero padre, igual yo ya venía sospechando. Es duro que te digan que un hijo es tuyo y no lo es. Ella no quería hacerse el ADN, fuimos a una fiscalía y se descubrió que no era mío. El padre se hizo cargo y todo. Después de eso, nunca más hablamos. Yo había fantaseado mucho con ser padre, pero cuando nació yo lo acaricié y no sentí un carajo. Además, no quiero volver a hablar de este tema. Hace 20 años una jueza se expidió. ¿Qué más? Si ella ahora habla, que hable... Está haciendo teatro y necesita prensa....”, cerraba. Del lado de Cacho, sería imposible enumerar sus infidelidades, pero él se hace cargo. “¿Si metí muchos cuernos? Algunos… Me surgieron de manera impensada cuando algo estaba terminando y no nos decidíamos a asumirlo y otros, cuando todavía no me daba cuenta de que lo que tenía no era lo que necesitaba. Pero ellas también fueron infieles, eh. Muchas veces lo supe y dejé que del otro lado decidieran lo nuestro. Poner punto final a una relación y con palabras que expliquen muchas veces se torna difícil. Las cosas muchas veces pasan y explicarlas cuesta… Los cuernos duelen a falta de un amor que los haga olvidar...” Palabra de Cacho, que no será santa, pero es de alguien que del tema sabe bastante...

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