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Fortuna - 2021-04-06

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La burbuja internacional creada por el COVID

Columnistas

ECONOMíA FINANCIERA VS. ECONOMíA REAL La recuperación en forma de K de la economía estadounidense está en marcha. A quienes cuentan con empleos estables de tiempo completo, beneficios y margen financiero les va bien mientras los mercados bursátiles alcanzan nuevos máximos. Los obreros y trabajadores de puestos de servicio con bajo valor agregado desempleados o subempleados —el nuevo «precariado»— están cargados de deudas, con escasa salud financiera y perspectivas económicas cada vez peores. Estas tendencias indican una creciente desconexión entre la economía financiera y la real. Los nuevos máximos en los mercados de valores no significan nada para la mayoría de la gente: el 50% que ocupa la parte inferior de la distribución de riqueza solo posee el 0,7 % del total de los activos en los mercados de acciones, mientras que el 10 % superior controla el 87,2 %; y el 1 % superior, el 51,8 %. La riqueza de las 50 personas más ricas equivale a la de las 165 millones de personas más pobres. La desigualdad aumentó con el ascenso de los gigantes de la tecnología. Se pierden hasta tres puestos de trabajo minoristas por cada uno que crea Amazon y hay una dinámica similar en otros sectores dominados por los gigantes tecnológicos, pero el estrés social y económico actual no es nada nuevo. Durante décadas los trabajadores en apuros no pudieron seguir el ritmo de sus vecinos debido al estancamiento del ingreso medio real (ajustado por inflación) y el aumento del costo de vida y las expectativas de gasto. Durante décadas la «solución» para este problema fue «democratizar» las finanzas, para que los hogares pobres y en dificultades pudieran tomar más préstamos, comprar casas que no podían permitirse y luego usarlas como cajeros automáticos. Esta expansión del crédito para los consumidores —hipotecas y otros tipos de deuda— terminaron en una burbuja que desembocó en la crisis financiera de 2008, cuando millones de personas perdieron sus empleos, hogares y ahorros. La reciente narrativa de GameStop, que presenta a un frente unido de pequeños especuladores a muy corto plazo en pugna con los malignos fondos de cobertura y sus operaciones de venta en corto, oculta la inquietante realidad de que una cohorte de personas sin esperanzas, empleo ni habilidades —y tapadas de deudas— están siendo explotadas una vez más. A muchos los convencieron de que el éxito financiero no depende de un buen empleo, el trabajo duro, y el ahorro y la inversión pacientes, sino de esquemas para obtener riquezas rápidamente y de apuestas por activos que carecen de valor inherente, como las criptomonedas (o «mierdamonedas», como prefiero llamarlas). No lo duden, el meme populista según el cual un ejército de Davides milenials derrotan al Goliat de Wall Street es simplemente un nuevo esquema que permite desplumar a inversores aficionados que no tienen ni idea. Como en 2008, el resultado inevitable será otra burbuja de activos. Para empeorar aún más las cosas, los mercados han comenzado a preocuparse por el experimento historia para el mediano plazo, no para 2021. En lo que se refiere a este año, todavía es posible que el crecimiento quede por debajo de las expectativas. Siguen apareciendo nuevas variantes del coronavirus, que generan preocupación porque tal vez las vacunas existentes no sean suficientes para poner fin a la pandemia. Los reiterados ciclos de alternación rápida de medidas de expansión y contracción socavan la confianza, y la presión política para reabrir la economía antes de que se logre contener al virus seguirá en aumento. Muchas empresas pequeñas y medianas siguen en riesgo de quiebra y demasiada gente enfrenta la perspectiva del desempleo de largo plazo. La lista de patologías que afectan a la economía es larga e incluye una creciente desigualdad, el desapalancamiento de las empresas y de los trabajadores agobiados por deudas, y riesgos políticos y geopolíticos. Los mercados de activos siguen inflados —si es que no estamos hablando directamente de burbujas— porque están siendo alimentados por políticas monetarias superacomodaticias. Pero la relación precio/beneficios está en niveles tan elevados como los de las burbujas que precedieron a las crisis de 1929 y 2000. Entre un apalancamiento cada vez mayor y la posibilidad de burbujas en las empresas con propósitos especiales de adquisición, las acciones de las empresas tecnológicas y las criptomonedas, la mercadomanía actual ofrece más que suficientes motivos de preocupación. Con estas circunstancias a la Fed probablemente le preocupe que los mercados se desplomen instantáneamente si deja de financiar la fiesta. Y como el aumento de la deuda pública y privada evita una eventual normalización monetaria, la perspectiva de la estanflación en el mediano plazo —y de una caída brusca de los mercados de activos y las economías— sigue en aumento.

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