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Fortuna - 2021-04-06

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Por qué la dolarización no es la solución

Columnistas

LA LARGA CRISIS ARGENTINA En esta época de incertidumbre y remembranzas de grandes crisis argentinas, han surgido algunas propuestas de adoptar al dólar como moneda de curso legal. La propuesta parece lógica: Argentina tiene una larga historia de desastres monetarios con excesos de emisión, renegociaciones de deuda, elevada inflación... y parece que persiste en ellos, aunque el resto de América latina logró superar estos tres problemas, entre otros. Entonces, si el gobierno suele restringir la compra de dólares precisamente cuando los argentinos queremos más dólares que en otros momentos, si vivimos con miedo a que se pesifiquen los depósitos en dólares, si el dólar es nuestro refugio y repudiamos la moneda nacional... es lógico que algunos formulen la propuesta simplista y reduccionista de renunciar a la moneda nacional y adoptar la estadounidense. Pero el deseo de solucionar problemas crónicos que frenan el potencial económico del país no debería llevar a proponer medidas que, lejos de solucionar el problema, lo complicarían. La fantasía de la dolarización monetaria generaría crisis aún más profundas que las que estamos viviendo. Obviamente no habría saltos cambiarios y grandes inflaciones, pero sí habría altísimo desempleo, mayor nivel de pobreza y colapso productivo. Y los políticos, eventualmente, ¿cómo enfrentarían esta situación de mayor pobreza y caída productiva? Pues seguramente como lo han hecho hasta ahora: aumentando el gasto en seguridad social y asistencialismo. Pero una vez que se hubiera agotado el crédito, deberían recurrir a mayores impuestos porque no se podrían financiar emitiendo moneda (porque habríamos renunciado a la moneda nacional). Y con tensiones en aumento, aumentaría la probabilidad de peligrosos eventos de disrupción política y social. ¿Por qué el argentino no ahorra en moneda nacional? Usualmente, las señales de complicaciones económicas llevan al argentino a refugiarse en el dólar y a ahorrar fuera del sistema temiendo medidas confiscatorias por parte del gobierno, que independientemente del signo político, puede ser proclive a impuestos o medidas que afectan a la propiedad privada “por única y última vez”. Y usualmente en las crisis el tipo de cambio aumenta, y también los precios aumentan. En ese contexto, vender unos pocos dólares puede proveer los muchos pesos necesarios para llegar a fin de mes, cubrir gastos urgentes, o aprovechar oportunidades como construir o cambiar el auto por menos dólares que los que usualmente se necesitan. El dólar funciona como activo contracíclico: es el activo de refugio que gana valor cuando todo cae. Pero dolarizar para eliminar variaciones de tipo de cambio, y de ser posible también de precios, no es la solución. Los aumentos del tipo de cambio y la inflación ayudan a reducir el poder adquisitivo de los salarios, lo que a su vez modera aumentos del desempleo y caídas de producción, suavizando la magnitud de la crisis. En este modo: la rigidez que introduciría dolarizar la economía implicaría que el ajuste se haría con mayores caídas de producción y empleo, mayor desempleo y mayor aumento de la pobreza. Además, estas situaciones suelen prolongarse en el tiempo, como vimos en Argentina entre 19992001, y en los casos de Grecia, España, Portugal y otros países europeos que necesitaban un ajuste cambiario tras la crisis del 2008, pero por pertenecer al Euro debieron resignarse a una prolongada depresión económica. Entonces, dolarizar la economía empeora el proceso de ajuste y sus consecuencias sociales y productivas. Otra afirmación muy común es que la dolarización va a disciplinar al BCRA. Si hasta ahora se demostró incapaz de sostener el valor de la moneda en el tiempo, sería lógico renunciar a tener política monetaria y cambiaria. Pero, en primer lugar, a quien hay que disciplinar es al gasto público. El déficit fiscal se puede financiar con emisión de dinero que genera grandes inflaciones y devaluaciones, o con endeudamiento que genera crisis de deuda. El problema es el déficit fiscal, no la forma de financiarlo. La solución no pasa por inventar nuevas instituciones, sino por respetar la ley que regula las instituciones existentes, asegurando la independencia del BCRA y el correcto funcionamiento de los mercados financieros, bancario, los institutos de estadísticas, los organismos de contralor. Pero para ello hace falta una decisión política. Mientras no se respeten las instituciones, difícilmente el país pueda despegar, con o sin dolarización. La dolarización lo único que logrará es hacer más dolorosos (económica y socialmente) los ajustes económicos por los shocks recibidos, pero no cambiará el respeto por las instituciones y podría forzar medidas que afecten aún más la propiedad privada.

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