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Fortuna - 2021-06-08

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UN CRECIMIENTO QUE NO TIENE NADA DE MILAGROSO

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EDUARDO L. FRACCHIA

Interesa reflexionar sobre Corea del Sur, un país que ha crecido desde la más absoluta pobreza en los 60 a un nivel de desarrollo en el siglo XXI en la frontera de la prosperidad mundial. Se trata de un país que tuvo una guerra fratricida por motivos ideológicos: comunismo frente al orden occidental norteamericano. Corea es tan pequeña como Andalucía, tiene 50 millones de personas con siete ciudades relevantes, donde se destaca Seúl, con una población enorme de más de 20 millones de personas. El país funcionó muchos años como autocracia, sin derechos humanos plenos, con control a la corrupción, en general con bastante aislamiento y cerrado a la inmigración. En este sentido, el modelo aplicado desde los 60, al principio por gobiernos militares autoritarios y desde 1988 en democracia, se ha caracterizado por una perspectiva desarrollista. La gestión económica es un factor determinante del desempeño coreano. Las políticas macroeconómicas se centraron en la coordinación a los efectos de un sendero de estabilidad de crecimiento de la producción, que resultaron en un crecimiento del PIB promedio del 6% para los últimos cincuenta años y con una inflación descendente desde los 80. Otro de los factores importantes fue la promoción del ahorro y la inversión. Las políticas favorecieron al ahorro a través de una gestión impositiva que penalizaba el consumo; principalmente, se limitaba el crédito al consumo o lo racionaban y, a su vez, alentaban el ahorro financiero mediante la desgravación de ganancias por los intereses financieros. Las tasas de ahorro del sector público fueron relativamente elevadas lo cual fue un elemento de sustentabilidad macroeconómica. Todos los esfuerzos realizados en el sentido desarrollista se evidenciaron a partir de planes quinquenales. Mediante un esquema de planificación indicativa, la estructura productiva se ordenó con el objetivo de tener bases para el impulso de las exportaciones, industrias de base y la tecnología. El país no tiene materias primas y en ese sentido es similar a Japón, que invadió Corea país desde 1910 hasta el final de la segunda guerra. Asimismo, el crecimiento se asocia al área geográfica donde está Corea: la dinámica de Japón impulsó a este país y al resto de los países de alta industrialización del sudeste asiático: los llamados cuatro tigres. Los planes de desarrollo fueron cambiando los sectores de interés; al principio fue textil, después siderurgia con mucho impulso, electrónica, construcción naval hasta smartphones. Una verdadera reinvención permanente con un Estado rector y en el marco de un esquema capitalista. En este proceso fue clave el rol de los denominados chaebols, empresas familiares que, con gran diversificación, encararon el proceso de desarrollo. En general el mercado de trabajo se caracterizó por salarios bajos en un típico modelo a la Lewis, similar al que tuvo China. Es una dinámica que le dio competitividad mediante una gran dedicación de la mano de obra con jornadas de dedicación horaria extendida y casi sin vacaciones anuales. El salario fue por muchos años la mitad de México y el diez por ciento de la OCDE. El modelo al principio tuvo déficit comercial y luego alcanzó niveles sostenibles de superávit externo, con montos muy considerables de exportaciones del orden de los 500.000 millones de dólares, nivel similar al de México (país que tiene casi el triple de población) y que multiplican por nueve lo que exporta Argentina. Actualmente, se destacan en sus exportaciones los barcos y teléfonos celulares como los de Samsung, entre muchos otros bienes industriales. La movilidad social ascendente se consiguió con lo que puede ser el mérito mayor del proceso de desarrollo: la educación. Tanto a nivel primario, secundario o universitario, con niveles de calidad son muy buenos. Hay una marcada preferencia al estudio y perfeccionamiento, con un sistema paralelo de refuerzo escolar muy desarrollado en las llamadas academias. Como en toda sociedad hay problemas y dificultades, pero interesa la reflexión del cambio sin precedentes en un proceso de ciento años que la posiciona con 35.0000 dólares per cápita y como la economía número trece del mundo en bienestar.

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