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Fortuna - 2021-06-08

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Otra vez, lidiando con la inflación

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*ECONOMISTA DEL IAE BUSINESS

El nivel de inflación para este año se encuentra entre el rango del 40% al 60%. La principal causa ha sido la utilización por parte del gobierno de la política monetaria para financiar los déficits. Las diferencias en el equipo de gobierno dificultan la solución del problema. Las causas de la inflación y sus efectos sobre la economia real. Por que es importante revertir la política monetaria expansiva del Banco Central. Cuántos países tienen todavía inflación. El ejemplo de Corea del Sur, de la pobreza al desarrollo. Una vez más lidiando con una enfermedad crónica, la inflación El tratamiento de la inflación despierta cierta ambigüedad. Por un lado, nos encontramos ante un panorama que expone de manera creciente los efectos perversos del aumento sistemático del nivel de precios sobre la economía real, lo cual otorga siempre un sentido al abordaje del tema. Por el otro, el enfoque mostrado por las autoridades al respecto confunde con la obsesión en el control de precios, una técnica de dudosa eficacia a lo largo de la historia y del espacio de los países. Es cierto que el ministro Martín Guzmán percibe el problema con raíces macroeconómicas, pero desde el ministerio de la Producción se la ataca con métodos a la Guillermo Moreno y Axel Kicillof. Recientemente, el Fondo Monetario Internacional, en su informe “Panorama Económico Mundial”, expuso el ranking mundial de niveles de inflación. Se aprecia que, tomando el dato oficial está Argentina en el grupo reducido de países con muy alta inflación. Ciento ochenta naciones prácticamente están en un dígito anual y solo quince por encima. La batalla mundial se ha ganado: la inflación, salvo para nuestro país y unos pocos, es cosa del pasado. La principal causa —junto a otros factores— del elevado nivel de inflación ha sido la utilización por parte del gobierno de la política monetaria para financiar los déficits fiscales desde los años cuando empezó a recrudecer el fenómeno. La tasa de crecimiento interanual de la base monetaria es un factor considerable para explicar inflación futura de acuerdo a la visión monetarista y en especial con la realidad bimonetaria de Argentina, donde la gente no quiere atesorar los pesos y busca el billete verde como resguardo de valor. El Banco Central aumentó su ritmo de emisión de billetes en los meses del IFE y el ATP. Sin lugar a dudas, el rasgo más llamativo de lo ocurrido, que es comprensible por la emergencia social fruto del confinamiento obligatorio, consiste en que la base monetaria se estuvo expandiendo a una tasa superior a la correspondiente al nivel de crecimiento nominal (dado por la inflación más el nivel de actividad) de la economía. Resulta al menos preocupante la falta de medidas de política económica tendientes a dar una solución permanente y estructural a la problemática inflacionaria desde el Rodrigazo de 1975, con la sola excepción de la Convertibilidad que fracasó en otros frentes y ha quedado desprestigiada como régimen ideal cambiario. En cambio, se recurre de manera asidua a medidas arbitrarias y cortoplacistas como ser la artillería de crecientes controles de precios. En rasgos generales, sabemos que el nivel de inflación se encuentra comprendido en el rango de 40% a 60% para 2021, pero carecemos de la certeza, o al menos de un anuncio oficial creíble, que indique exactamente qué nivel de inflación esperar. Así, la distorsión de la estructura de precios relativos inherente a este proceso se ve agravada, como es típico en contextos de inflación. En este entorno, los precios de los bienes carecen de significación y el dinero pierde su carácter de depósito de valor y de unidad de cuenta. De un tiempo a esta parte, los efectos de la inflación se han hecho sentir sobre la economía real. La creciente incertidumbre a la que ésta ha dado lugar ha redundado en una reducción significativa en la tasa de inversión respecto al PIB. El tipo de cambio real también se ha visto deteriorado y, pese a haberse tomado medidas proteccionistas y cuestionables que han intentado reducir las importaciones, el saldo de la balanza comercial ha empeorado con el correr del tiempo. La continuidad de la actual política que impulsa Guzmán es valiosa en términos generales, al menos la que él declama, aunque la política lo condiciona. Es necesario que, a mediano plazo, después de las elecciones, se adopten medidas que la incorporen como un problema serio al cual hacer frente. Es primordial revertir la política monetaria expansiva encarada por el Banco Central. De continuar los déficits fiscales y la utilización de emisión del BCRA para financiarlos, la inflación seguirá creciendo, generando además expectativas devaluatorias que agravan la cuestión. La inflación creciente desde abril del año pasado de 1% mensual a 4% mensual de los últimos meses pone a la economía en el serio riesgo de perpetuarse en el proceso conocido como estanflación (situación que conjuga una recesión económica con un aumento acelerado de los precios). De proseguir una política monetaria por la misma senda de crecimiento del último mes se puede esperar que la situación se agrave. En particular, para bajar la inflación es necesario reducir la tasa de crecimiento de la emisión monetaria, abrir más la economía, dar un sendero razonable en la tasa de interés, reducir el déficit fiscal y aumentar la oferta de bienes y servicios.

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