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Fortuna - 2021-06-08

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El asado prometido, cada vez más inalcanzable

Economía

*LICENCIADA EN ADMINISTRACIóN DE EMPRESAS, ANALISTA DE LA CONSULTORA SDS

El precio de la comida más popular de la Argentina, en suba desde octubre de 2019. Pero, el gobierno adopta medidas que ya fracasaron. Un análisis de la inflación de mayo que debería seguir elevada, con un índice del 50% para fin de año. el IPC sufrió una variación del 4,1% mensual, 17,6% para el acumulado del primer cuatrimestre del año, consolidando uno de los peores datos para un primer cuatrimestre en los últimos treinta años, solo superado por 2014. Para el acumulado de doce meses, la inflación ascendió al 46,3%. Se podría concluir en que el resultado de abril estuvo en línea con las proyecciones ya que se esperaba que el dato fuera inferior al altísimo valor de marzo (4,8%). Los más optimistas esperaban que se ubicara en 3,8%, mientras que los más pesimistas pronosticaban un 4,2%. De todas formas, una inflación en torno al 4,0% mensual sigue siendo un piso muy elevado. Por eso, el hecho de que haya sido inferior a marzo no es para festejar. Con estos valores, vemos que la meta del gobierno de un 29,0% de inflación anual para diciembre podría alcanzarse en julio, con el acumulado de apenas siete meses. El plan del gobierno no alcanza para frenar los precios tras la enorme emisión monetaria a la que hubo que recurrir durante 2020 para hacer frente a la pandemia. Si proyectáramos la inflación cuatrimestral a diciembre, nos encontraríamos superando el 50,0% anual. Lamentablemente no vemos posibilidades de desaceleración de la inflación en los próximos meses, sino que, por el contrario, creemos que las condiciones están dadas como para una nueva aceleración. Esto podría ocurrir debido a que, durante estos últimos meses, el gobierno logró mejorar los resultados fiscales, producto principalmente de la recaudación extraordinaria del impuesto a la riqueza y un gran ingreso de fondos provenientes del exterior, gracias a los altos precios internacionales de las materias primas y a la exportación estacional de la soja. En el segundo semestre no vamos a contar con tales niveles de exportación ni con el impuesto a la riqueza, por lo que, sumado a la caída de los ingresos fiscales por las nuevas restricciones a la actividad y el aumento del gasto por ayudas sociales, la situación fiscal volverá a ser delicada. Retomando los números de la inflación, sabemos que el IPC está constituido por bienes y servicios. Si bien al mes de abril los bienes aumentaron el 4,7% y los servicios el 2,5% respecto al mes anterior, durante el primer cuatrimestre del año los bienes crecieron a una tasa promedio mensual del 4,5% y los servicios del 3,3%. Al primer cuatrimestre de 2020, la tasa promedio de crecimiento mensual para los bienes era del 2,6% y para los servicios del 1,7%, por lo que se evidencia una fuerte aceleración en ambos grupos. Por otro lado, con el objetivo de brindar una herramienta de análisis de la evolución del IPC, veamos una clasificación de los bienes y servicios que da origen a tres categorías diferentes. En primer lugar, encontramos los bienes y servicios cuyos precios están sujetos a regulación o tienen alto componente impositivo. Dentro de este grupo se destacan las tarifas, el transporte público de pasajeros y los cigarrillos. En segundo lugar, los bienes y servicios con un particular comportamiento estacional, como frutas y verduras o transporte por turismo, entre otros. La tercera categoría se denomina Inflación Núcleo, la cual incluye todo el resto de productos y servicios que no están regulados ni son estacionales. Para el mes de abril, la inflación de los estacionales fue 2,2%; de los regulados, 3,5%, y de la núcleo, 4,6%. Mientras la media del nivel general rondó el 4,1% mensual a lo largo del primer cuatrimestre, el promedio mensual de la inflación núcleo fue del 4,3%. De las 12 divisiones que conforman el nivel general, solamente 3 ponderan más del 50,0% del índice. Alimentos y bebidas no alcohólicas, en promedio, representa un peso relativo del 29,6% sobre el índice ge neral, Prendas de vestir y calzado 11,2% y Transporte 10,9%. Estos tres rubos no solo impactan fuertemente en el índice general, sino que al mes de abril puntualmente fueron las divisiones que más crecieron. Prendas de vestir y calzado aumentó el 6,0%, Transporte el 5,7% y Alimentos y bebidas no alcohólicas creció a un ritmo del 4,3%. Por el contrario, las divisiones que menos peso relativo tienen sobre el nivel general son Educación y Comunicaciones, ponderando menos del 5,0% del índice. Al mes de abril, Educación creció a un ritmo mensual del 2,5%, mientras que el rubro Comunicación prácticamente no presentó variaciones, moviéndose a una tasa del 0,5%. Debido a que la división de Alimentos y bebidas no alcohólicas pondera un tercio del índice general, merece un análisis en particular. No solo estudiamos la evolución de sus precios, sino que analizamos el peso porcentual que cada producto tiene sobre el salario. Para esto, tomamos el salario promedio del sector privado, informado por el Ministerio de Trabajo, y los precios promedio de un conjunto de alimentos, bebidas y otros artículos, informados por el INDEC, para el Gran Buenos Aires. La serie analizada comienza en abril 2016 hasta febrero 2021, último dato informado por el Ministerio de Trabajo. La mayoría de los productos analizados presentan el mismo comportamiento. Entre abril 2016 y enero 2018, el precio de los productos sobre el salario promedio muestra un sendero bajista. A partir de los primeros meses de 2018, cada producto comienza a tener un peso porcentual superior respecto al salario promedio. Por último, entre 2019 y principios de 2021, muestran un comportamiento lateral, oscilando levemente. Ahora veamos lo descripto en el párrafo anterior con algunos ejemplos. En abril 2016, 1 kilo de pan representaba el 0,17% del salario promedio del sector privado. En ese mes, el kilo de pan en promedio valía $29,85 y el salario promedio era de $17.800. Dicho porcentaje alcanzó un mínimo en enero 2018, cuando la relación entre ambos valores descendió a 0,14%. Hasta ese momento, el salario promedio venía creciendo a una tasa anual en sintonía con la inflación, mientras que el precio del pan aumentaba por debajo de ambos conceptos. A partir de abril 2018, el precio del kilo de pan empezó a pesar cada vez más en el salario promedio del sector privado. La relación logró un máximo durante octubre 2018, cuando ascendió a 0,21%. Como decíamos, a partir de allí, comenzó a comportase de manera lateral, oscilando entre 0,20% y 0,18%. Puntualmente a febrero 2021, la relación fue 0,19%, con un kilo de pan valiendo en promedio $151,12 y el salario promedio siendo de $79.311. Una aclaración. En la serie del primer gráfico decidimos suprimir los meses de junio y diciembre. Debido al cobro del aguinaldo, el salario promedio mostraba un salto estacional que alteraba fuertemente la relación con el precio de los productos. Otro ejemplo podría ser el precio del kilo del asado. En abril 2016, la compra de 1 kilo de asado representaba el 0,56% del salario promedio, cuando el kilo de asado valía $100,30 en promedio. Nuevamente, el valor mínimo de la relación se alcanza en enero 2018, cuando el kilo de asado pasó a significar el 0,46% del salario. En octubre 2019, la relación volvió a posicionarse en el 0,47%, luego de haber alcanzado 0,54%. En este caso, la mayor aceleración de la relación ocurre a finales del año 2020, cuando de una relación de 0,55% salta a 0,75% a enero 2021. La variación porcentual anual del precio del kilo de asado, en promedio, se ubicó por debajo de la inflación del período, entre diciembre 2017 y octubre 2019. Luego, a partir de ese momento, y en especial durante todo 2020, el aumento porcentual del precio del kilo de asado superó ampliamente a la inflación. Desde ya, la variación porcentual del salario promedio quedó por debajo de ambos conceptos. Finalmente, la pregunta a responder sería qué inflación deberíamos esperar tanto en los próximos meses. El recorrido de la inflación lo anticipan determinados rubros o productos que se destacan respecto al resto. Por ejemplo, la inflación mayorista viene viajando a un ritmo promedio del 5,2% mensual para lo que fue el primer trimestre del año, con los productos nacionales creciendo a un ritmo promedio del 5,1% mensual y los importados al 5,6% mensual. Los productos primarios, dentro del grupo de productos nacionales, crecen al 6,0% mensual, mientras que, otro rubro destacado por la suba fue energía eléctrica, en promedio subiendo el 7,6% en el trimestre. Estos son algunos de los rubros que nos estarían indicando que la inflación está viajando a un ritmo acelerado, con severas intenciones de posicionarse en valores aún más elevados, en torno al 5,0%. En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado, publicado por el Banco Central, los analistas preveían una inflación del 4,5% para mayo, contrario a otras proyecciones que la ubicaban por debajo del 4,0%. Para diciembre 2021, se prevé una inflación superior al 50,0%. No debemos olvidarnos que nos encontramos en un año electoral y que el problema de la inflación preocupa y mucho a los integrantes del Poder Ejecutivo. En caso de ver una leve baja de la inflación durante los próximos meses solamente se explicaría si se mira el fenómeno en época electoral. Si bien algunas consultoras proyectan, a partir de junio, un promedio mensual de 3,3%, también ven a la inflación creciendo nuevamente hacia fin de año. En este año electoral, la política monetaria y fiscal serán centrales y condicionantes para dar batalla a la inflación. Es evidente que el problema de la inflación que atraviesa transversalmente a la Argentina desde hace muchos años es extremadamente alarmante y preocupante. El gobierno, lejos de aplicar medidas efectivas, que hayan dado resultado en otro momento o en otros países, se encarga de aplicar medidas que ya probó que no funcionaron en el pasado. A través de un comunicado oficial y bajo el título “Medidas de emergencia en el mercado de carnes”, el gobierno informó que, con el objetivo de controlar el aumento de los precios internos, las exportaciones de carne vacuna estarán limitadas durante un período de 30 días. El propio ministro de Agroindustria, Luis Basterra, no estaba al tanto de esa medida, lo cual deja entrever una vez más severos problemas internos de comunicación y gestión. Con esta medida, el gobierno pretende que todo lo que se exporta se vuelque al mercado internado, generando una mayor oferta, y precipitando los precios a la baja. Lamentablemente, eso no va a ocurrir por el simple hecho de que lo que se comercializa en el mercado interno es diferente a lo que se comercializa y consume en el mercado externo. Con lo cual, estas medidas solo van a generar conflictos y enfrentamientos entre las partes involucradas y el gobierno. Mientras sigamos implementando medidas que lo único que hacen son incrementar el problema, la situación de Argentina no se va a revertir.

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