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Fortuna - 2021-08-06

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El AMBA, una realidad todavía inconclusa

Sumario

*AGUSTíN FORCHIERI, VICEPRESIDENTE 1RO. DE LA LEGISLATURA DE LA CIUDAD AUTóNOMA DE BUENOS AIRES.

Por qué el AMBA es la zona más compleja de la Argentina. La dificultad que supone su interjurisdiccionalidad. La necesidad de un desarrollo más equilibrado e institucionalizado. Las metrópolis en general se caracterizan por su complejidad y la nuestra no es una excepción. De hecho puede decirse que Buenos Aires es una de las más complejas, ya que en su vasto territorio conviven a la hora de tomar decisiones de políticas públicas el gobierno nacional (con sede en la ciudad), el gobierno de la Ciudad Autónoma (de jerarquía provincial) y el de la Provincia de Buenos Aires, y unos 40 gobiernos municipales que pertenecen a la Provincia y que junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires conforman el Área Metropolitana Buenos Aires, o simplemente AMBA. Además, si bien muchos de esos municipios (los 24 partidos del conurbano) aportan la totalidad de su territorio al AMBA, otros son en parte urbanos y en parte rurales (el tercer cordón o corona), no habiendo entonces una correspondencia total entre el territorio del área y el de las unidades políticas que lo componen. Pero no solo de interjurisdiccionalidad se alimenta la complejidad. Veamos algunos números. La superficie de este territorio dinámico, que crece día a día junto a su población, es actualmente de más de 13.000 km2. En él vivían al 2010 según el Censo Nacional de ese año unos 14.800.000 de personas. Una variación intercensal promedio del 12,5% implicaría que al 2020 esa suma creció a 16.650.000 habitantes. Para tomar dimensión de la cifra, podemos mencionar que nuestro aglomerado ocupa el 19no. lugar de mega ciudades del mundo y el 2do. de la región, detrás de Sao Paulo. Hasta aquí podemos decir que un 0,5% del territorio argentino alberga a alrededor de un 40% de su población. Ahora podemos agregar que allí se produce algo así como el 50% del Producto Bruto Interno. Sigamos... La metrópolis ha crecido históricamente de forma desarticulada, con una configuración territorial radial que se explica en los antiguos caminos que unían a nuestra ciudad cabecera con las del interior, con el principal objetivo de sacar por el puerto las materias primas que significaron siempre la principal exportación argentina. Este esquema se vio reforzado por la instalación de los ferrocarriles alrededor de cuyas estaciones se irían asentando los trabajadores que utilizaban esa movilidad para trasladarse desde la periferia suburbana hacia la ciudad consolidada. Más adelante, las autopistas generarían una duplicidad de los sistemas de movilidad segregando territorialmente a quienes poseían automotores de quienes no lo hacían, generando en sus nodos nuevas centralidades económicamente más importantes, en detrimento de las tradicionales estructuradas por el trazado del F.F.C.C. Hacia los confines del área (y no tanto), nos encontramos frente a una realidad de dispersión, baja densidad y amplios sectores de tierra vacante no cualificada, lo que significa un severo incremento de los costos asociados a la dotación de infraestructuras y servicios. Si hablamos de hábitat, no podemos dejar de mencionar que aproximadamente unos 1.000 barrios informales se asientan en el área. El déficit de agua de red llega al 21%, el de cloacas al 42%, el hacinamiento crítico al 3,4% y la tenencia irregular al 14,5%. El déficit cualitativo en la vivienda llega al 25% y el cuantitativo puede estimarse en unas 600.000 unidades; todos estos datos extraídos del último Plan Estratégico territorial, por lo que pueden verse hoy agravados. En relación a la economía, nos encontramos con una superposición de funciones incompatibles (carga y pasajeros y vivienda e industrias peligrosas entre otras), obsolescencia y relocalización industrial concentrada en el norte (con la consiguiente degradación de las antiguas localizaciones en el sur y el oeste). La cuestión ambiental tampoco es sencilla. La fragmentación de los espacios verdes, y el deterioro ambiental de humedales, cuencas y del borde periurbano son lamentables características de nuestra realidad. Además de ser una de las metrópolis más complejas, es también de las menos institucionalizadas. A diferencia de muchas otras áreas metropolitanas, como Barcelona en España o el Valle de Aburrá en Colombia solo por mencionar algunas, nuestra metrópolis no cuenta con un modelo de gobernanza desde donde una institución metropolitana planifique y coordine las políticas públicas comunes para el territorio compartido. La realidad fue forzando la creación de autoridades y coordinaciones sectoriales, como CEAMSE, ACUMAR, Mercado Central o la Agencia de Transporte Metropolitano, los que presentan distintos grados de avance en la transferencia de sus competencias específicas. Pero hay dos cuestiones centrales sobre los que no se han registrado mayores avances: la producción de datos y la planificación territorial. La demora en materia de institucionalización y las tensiones que se producen en relación al tema de la coordinación regional o de la conformación de estructuras de gobernanza metropolitanas, puede explicarse principalmente en los condicionantes políticos que significan la importante presencia del Estado Nacional en la región (tanto por las decisiones vinculadas a los servicios que administra, como también en materia de financiamiento de obras y políticas públicas); el peso político del área (si los ciudadanos del AMBA eligieran a un gobernador metropolitano, este concentraría un poder muy significativo, ya que representaría al 40% de la población y el 50% del PBI de nuestro país); y las limitaciones en materia de autonomía municipal de los partidos bonaerenses entre otros. Hoy, sin embargo, y a pesar de todas las terribles consecuencias que nos ha dejado el Covid-19, nos encontramos frente a un nuevo horizonte de posibilidades para nuestra región. Las crisis, que actúan como naturales catalizadores del cambio, en materia de institucionalización de las áreas metropolitanas pueden volverse un factor que impulse a los actores políticos a avanzar en modelos de coordinación interjurisdiccional. En Buenos Aires la pandemia hizo que se empezara a hablar como nunca antes del AMBA, ya que naturalmente el virus no reconoce los límites administrativos entre las jurisdicciones, y que los gobernantes se reúnan para tratar de coordinar acciones conjuntas. Hoy estamos frente a la oportunidad/necesidad de buscar herramientas que resuelvan las contradicciones entre la dimensión urbano-territorial, que se encuentra en permanente expansión, y la dimensión político-territorial que se mantiene relativamente igual desde hace un siglo. Avanzar en un modelo de cooperación y gobernanza para el AMBA, es uno de los grandes desafíos que enfrenta nuestro país, y requiere de una respuesta de la política. Existen consensos desde los espacios académicos y desde la sociedad civil, que hace mucho vienen impulsado estos temas. Ahora si necesario promover mayores instancias de diálogo en el nivel político, para avanzar en la conformación de espacios institucionalizados, de forma progresiva, y capitalizando la experiencia de los entes existentes. Y como la política debe dar una respuesta, desde la Legislatura de la Ciudad nos hemos hecho cargo y aportamos nuestro granito de arena a esta construcción de lo metropolitano, impulsando un diálogo y mayores niveles de relacionamiento y coordinación entre los legislativos de la Región. Partimos desde la convicción de que los poderes legislativos, pueden contribuir enormemente en la generación de una mayor y mejor articulación interjurisdiccional, a partir de la formulación de legislación con perspectiva metropolitana. Por un lado, hemos comenzado a plantear convenios de cooperación con los legislativos de distintos municipios de la Región, para generar espacios diálogo y consenso sobre problemáticas comunes de la metrópolis. Parte de esos acuerdos que estamos proponiendo, implican también el compromiso de avanzar de manera conjunta en la conformación de una red parlamentaria metropolitana, en un futuro cercano. Por otro lado, y en el marco del proceso de actualización del Plan Urbano Ambiental de la Ciudad, en lo que hace a su capítulo Metropolitano, hemos implementado un proceso participativo-colaborativo que incluye no sólo a representantes de la Sociedad Civil y la Academia, sino también a integrantes de los ejecutivos y legislativos de los municipios de la región metropolitana de Buenos Aires. De esta forma, en el análisis previo al debate parlamentario de la nueva norma, se podrán contemplar las distintas miradas de los otros actores gubernamentales del AMBA. Un desarrollo más equilibrado y sustentable para nuestra región, que signifique mejor calidad de vida para sus habitantes, dependerá de nuestra capacidad de generar una agenda común de largo plazo, y de que nos pongamos hoy mismo a colaborar y generar consensos más allá de nuestras diferencias, o mejor aún, que nuestras distintas miradas aporten a soluciones compartidas.

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