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Fortuna - 2021-08-06

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El dilema es capitalismo o dirigismo

Sumario

POR EDUARDO L. FRACCHIA*

Eduardo Fracchia hace un análisis de las variables económicas del país en la recta final de las elecciones de medio término. Hacia dónde vamos luego de los comicios. Por qué el economista afirma que hay pocos incentivos para la inversión y la generación de dólares. Las medidas de coyuntura que toma el gobierno. Un análisis de las variables económicas del país en la recta final de las elecciones de medio término. Hacia dónde vamos luego de los comicios. Por ahora, seguimos sin plan y el gobierno toma medidas de coyuntura en un intento de aumentar la demanda agregada. Hay pocos incentivos para la inversión y la generación de dólares. Los problemas presentes y futuros del populismo sin billetera. Para poder entender y reflexionar sobre las variables económicas de nuestro país en la recta final electoral, es necesario primero situar la economía argentina en el sistema productivo internacional. Tras 2020 y 2021 signados por la crisis sanitaria, el mundo presenta un escenario de incertidumbre asociado a la evolución de las distintas olas de un virus que no deja de desafiarnos. Hay signos de esperanza que se manifiestan en la moderación de la pandemia y en la recuperación económica de las economías centrales y emergentes. En lo que va de 2021, se observan rebotes de la macro, pero que no llegan a configurar procesos de crecimiento. Por otra parte, existe una notable crisis de cooperación internacional: no hay G7, ni G20, ni G2 con coordinación entre China y EEUU. Los organismos de gobernanza global se perciben frágiles, incluso la misma OMS. Al mismo tiempo, las democracias liberales se presentan sin liderazgos fuertes, a excepción quizás de Angela Merkel, a quien sin dudas vamos a extrañar. Los vientos de populismo y autocracia se vuelven crecientes y preocupantes. Mientras tanto, el líder del sistema, Estados Unidos, aspira a impulsar valores institucionales y democráticos, a partir del triunfo de Joe Biden. Además, este presidente procura dar un fuerte impulso a la macro con un enfoque neo keynesiano. El FMI pronostica un crecimiento mundial en 2021 de 4,3% para economías desarrolladas y de 6,7% para emergentes, con 8,4% de expansión para China. La expansión monetaria puede generar burbujas en Estados Unidos, como ocurrió a principios de los 2000, antes de la denominada crisis subprime. Europa bajó recientemente la tasa de interés, varias potencias económicas de la unión monetaria están cuasi estancadas, con la excepción de Alemania que, aunque no crece mucho, sigue siendo la locomotora. El comercio internacional se expande menos en un contexto donde las manufacturas son cada vez más difíciles de colocar, y se percibe un replanteo de las cadenas globales de valor, con escasez y precio elevado de insumos industriales como el acero. En efecto, estamos en un mundo con una dosis creciente de proteccionismo. Es la respuesta natural de algunas naciones, y la pandemia ha acrecentado el fenómeno. Asia crece fuerte, liderada por China, que prácticamente no ha sufrido los efectos recesivos del Covid. Japón, en particular, está devaluando para recuperar competitividad respecto al resto del mundo, y en especial con el sudeste asiático. La rivalidad más concreta de Japón es con Corea, que ha desarrollado poderosos chaebols (conglomerados empresariales) que amenazan a los keiretsu japoneses. La mala experiencia de Japón en cuanto a la crisis hipotecaria en los 80 ha sido imitada por algunos países europeos, en particular por España. Es perjudicial que no se sincere el precio de las viviendas. Hay que seguir el ejemplo norteamericano que fue más coherente y pragmático. En América Latina se crecería 4,6% este año, y se estima 3,1% de expansión para la región en 2022. Es posible se aceleren dinámicas proteccionistas. Interesa la post pandemia, pero más aun lo que ocurre durante la misma porque los procesos son largos y no lineales. Ahora domina como amenaza la variante Delta, que podría generar nuevas fases de confinamiento. América Latina en particular es la más castigada en cuanto a pandemia y recesión. Se manifiestan tensiones en las clases bajas y medias de varios países de la región; es el caso de Chile, Perú, Colombia y Cuba, entre otros ejemplos. EL CANTO DE SIRENAS IDEOLÓGICO. Nuestro país no dispone de los recursos necesarios para revertir fácilmente la actual coyuntura de crisis, tras una década de malas administraciones en el plano económico. No obstante, la salida argentina de una de las crisis más importantes de la historia de la democracia, en los años 1989 y 2002, fue con más capitalismo, y no con dirigismo económico. Subyace el riesgo de que “el canto de sirenas ideológico” nos lleve después de las elecciones a un modelo más estatista y de controles, con mucha presión impositiva. Dada la ideología del oficialismo, existe este riesgo que se asocia a una expresión clásica del kirchnerismo: “Vamos por todo”. No se observa en 2021 un contexto similar al ocurrido en 2003, donde gran parte de las variables macroeconómicas se habían ajustado por la mega devaluación no querida por el presidente Eduardo Duhalde, pero instalada en los hechos. Tampoco hay en la actualidad súper ciclo de materias primas sostenido —a pesar de que la soja ha sido muy generosa los últimos meses—, ni una gestión inspiradora de confianza, como la de Roberto Lavagna y Alfonso Prat Gay a cargo de la conducción económica. En el actual contexto no disponemos de una “autopista” de recuperación sostenida como en el período 2003-2007, sino “ripio” y amesetamiento. Por otra parte, la dinámica política puede complicar aún más el panorama si no hay unidad de criterio en la toma de decisiones. Para algunos economistas, como Ricardo Arriazu, en la crisis contemporánea la clave es evitar el colapso social y proteger el tejido productivo. Promediando el año, estamos nuevamente ante la espera de un nuevo “segundo semestre”. El rebote, por la propia dinámica económica actual, coincide con los tiempos de elecciones. El presidente Alberto Fernández, a quien se observa prematuramente desgastado, tiene la presión de triunfar en esta instancia para recuperar poder político. No obstante, el riesgo cambiario está en la escena y podría complicar los comicios. Ese riesgo se relaciona con que, al pretender contener el dólar, éste pueda sufrir el efecto contrario de dispararse ante la incertidumbre reinante, como le ocurrió a Mauricio Macri a fin de su mandato, y deteriore aún más la gestión presidencial. Siendo muy simplistas, debido a ese salto del dólar, Macri perdió la reelección, por el efecto recesivo de la caída del salario real, ante una inflación que trepó fuerte. Es la inflación cambiaria que le preocupa a Cecilia Todesca, vicejefa de Gabinete y figura destacable del peronismo. Es cierto que el cepo modera este proceso de desequilibrio del dólar oficial y de los alternativos, con todos los costos que implica para el sistema productivo. LA SALIDA DE LA PANDEMIA. Se estima que la recuperación económica de Argentina no será en V corta, sino que será más de la forma del logo de Nike. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) estima que nuestro país es el que más va a demorar en regresar a niveles de actividad pre pandemia. Debemos prestar especial atención a cómo logran salir las Pymes de este proceso recesivo. Del stock de 800.000 Pymes, muchas quedarán con capital de trabajo comprometido o irán a procesos de concurso durante la post pandemia. Es un enorme desafío liderar esta salida hacia la recuperación del PBI. La “salida del ripio”, exige una agenda relevante que requiere tener muy cerca al empresariado como aliado, aprovechando la fuerza y creatividad del sector privado. Sin dudas, la salida será con más política. Es clave fortalecer el Consejo Económico y Social que quería Prat Gay en el año 2016, y ahora gestiona Gustavo Beliz. Sería deseable “repartir la carga de los motores” para arrancar y salir de la estanflación. Por más que se vuelvan más dinámicas, no alcanza con las exportaciones. Este componente del PIB sólo aporta 70.000 millones de dólares. Tampoco se espera mucho de la inversión, la cual está muy rezagada en 16 puntos del ingreso. Queda el consumo como única “bala de corto plazo” con el riesgo de que su crecimiento, asociado a la recuperación del muy caído salario real, pueda trasladarse a los precios. El problema de mediano plazo se sitúa principalmente en la oferta agregada. Es un gran desafío poder encarar esta crisis de oferta con un mayor despliegue de inversión y empuje de las exportaciones. De hecho, la evolución de la inversión muestra señales contradictorias. En el primer trimestre de 2021, habría crecido respecto al primer trimestre del año anterior. Su participación en el PIB se ubica en un cociente bien bajo para sostener un ritmo modesto de expansión del producto. Otro aspecto fundamental a considerar lo constituye la dinámica de los activos externos. Las reservas caen sistemáticamente desde hace años en términos del PIB. Las ratios tradicionales de reservas respecto al producto se han deteriorado y están lejos de un óptimo teórico. En parte, este descenso es explicado por el pago de compromisos de deuda pública, al no disponer de superávit primario. Es de esperar que durante lo que queda del invierno y la primavera la brecha cambiaria se gestione con ventas de dólares que amenazan el agotamiento de las reservas líquidas. Esto supone un desequilibrio a resolver y un particular desafío para Miguel Pesce, titular del Banco Central. El dólar blue o el contado con liquidación reflejan el nivel de confianza en el equipo económico y de coherencia del sistema. No descendió el dólar paralelo después del canje exitoso de deuda, como tampoco cayó el riesgo país. Tenemos un esquema cambiario fragmentado y debe tomarse

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