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Fortuna - 2021-08-06

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Qué hay detrás de la apertura de Uruguay

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MARCELO ELIZONDO*

La discusión entre los miembros del Mercosur no es solo ideológica. Por qué el bloque no logra concretar acuerdos comerciales fuera de la región. Y cuáles son las consecuencias de ese aislamiento relativo. Brasil tomó el liderazgo formal del Mercosur luego de Argentina en medio de diferencias reflejadas en el anuncio de Uruguay de iniciar negociaciones comerciales con terceros mercados con autonomía, lo cual impactó en el bloque. Pero hace un tiempo ya que el Mercosur vive tiempos de discusión. Brasil propugna más acuerdos con terceros mercados; Uruguay más autonomía; Paraguay no se opone a esos movimientos, aunque no es explícito, y Argentina defiende el statu-quo. El bloque hasta hoy ha vivido dos etapas. La primera, de auge. Desde su inauguración las exportaciones argentinas dentro del acuerdo crecieron 9 veces hasta 20.000 millones de dólares en 2013, pero desde entonces se redujeron gradualmente hasta apenas la mitad de aquel monto en 2020. Después de generar casi 30% del total de nuestras exportaciones en aquel tiempo hoy no llega al 20% (Asia se llevó la diferencia). Aunque no asistimos solo al debilitamiento intrabloque: un decenio atrás los cuatro países exportaban en conjunto a todo el planeta 360.000 millones de dólares, pero desde ese momento se achicó gradualmente el resultado hasta en un 20% en 2019 y luego en otro 10% en el pandémico 2020. Hoy el bloque padece diferencias esenciales porque algunos quieren ampliar y otros mantener. No se trata solo de distancias ideológicas sino de diferencias entre objetivos y resultados. Basado en un rígido modelo de unión aduanera, que solo alcanza al comercio físico y no a la economía del capital intelectual, el Mercosur soporta un altísimo arancel externo común (más del doble del arancel promedio mundial), que complica la participación en las corrientes de disrupción tecnológica planetarias. Y padece la escasez de acuerdos de apertura con otros mercados cuando en el mundo siguen naciendo pactos entre países y especialmente entre bloques: hay más de 300 vigentes y eran menos de 50 cuando el Mercosur se creó. Además, sufre la imposibilidad de coordinación interna. En el Mercosur (que apenas genera 3% del producto bruto mundial) la relación entre exportaciones totales (a todo el mundo) y el PBI sumado del bloque es la menor entre todos los bloques del planeta: alrededor de 15% (no alcanza a la mitad del 33% que es promedio planetario). En él, la cantidad de empresas exportadoras es solo la mitad de las existentes en la Alianza del Pacifico de los vecinos latinoamericanos. Ahora el Mercosur está bajo discusión. El elevado arancel externo común (que casi triplica el arancel promedio mundial) es considerado por Brasil un obstáculo para la internacionalización de sus empresas. En el mundo se reduce la carga arancelaria promedio (a cambio se elevan las exigencias no aran celarias porque le mundo pide más calidad). El Mercosur mantiene alto arancel y baja exigencia no arancelaria. El modelo del Mercosur es el mismo de hace 30 años. No evolucionó. Tiene el formato de una Unión Aduanera (UA), que es una modalidad de acuerdo internacional poco usada en el mundo (donde se han preferido acuerdos más flexibles y dinámicos). Sólo algo más del 5% de los acuerdos vigentes (que son unos 300 en el mundo) responde a la modalidad de UA. La mayoría de los acuerdos responde a la modalidad de acuerdos de libre comercio (44% del total vigente en el mundo), a los que deben sumarse los acuerdos de libre comercio que se completaron con acuerdos de integración económica (que suman un 29% adicional). Mientras, esa carga arancelaria es para Argentina y Brasil la más alta en la región, lo que afecta el acceso a tecnología, insumos calificados y bienes de capital actualizados. Y a la vez ahora potenciales acuerdos comerciales con otros mercados son vistos por el mayor país de la región como un requisito. El bloque es un espacio de pobres resultados comerciales externos. Y la aspiración de flexibilización del rígido marco jurídico para permitir acuerdos comerciales bilaterales con autonomía con terceros mercados para sus miembros (algo impedido hoy) que impulsa Uruguay y que Brasil ve con adhesión es una respuesta ante la escasez de dinamismo comercial. LA DISCUSIÓN. Brasil quiere abrir mercados externos en conjunto, y reducir el arancel externo para facilitar el acceso a inversión. Uruguay quiere más autonomía para desarrollar su estrategia propia y asegura que el Mercosur no puede prohibírselo. En el medio y en materia de negociaciones del bloque en conjunto con terceros, se ha sabido de negociaciones en curso con India, Canadá, Líbano, Singapur o Corea del Sur; y está pendiente finalizar el proceso de acuerdo con la Unión Europea y con el EFTA (además de definir la relación entre el Mercosur y el resto de Latinoamérica). Una nueva geoeconomía influye ahora. El Mercosur solo ha llevado adelante acuerdos de relevancia fuera del bloque con países de la propia región. Chile o México por caso. Pero ocurre que desde hace algunos años Latinoamérica pierde relevancia como actor del comercio internacional y poco puede esperarse de una estrategia hacia la propia región. En cambio, otros mercados dinámicos invitan a desarrollar acciones de inserción internacional. Así, mientras Latinoamérica genera hoy solo 3,3% de todas las importaciones mundiales, Asia lo hace en 32,2% (10 veces más). Las regiones con mayor participación en las importaciones mundiales son Europa (que genera 36,5% del total y dentro de la cual la UE explica 29,5%), Asia (32,2%) y Norteamérica (18,6%). Luego, Latinoamérica y África generan cada una poco más del 3% del total planetario. Y a ello debe agregársele la tendencia: Latinoamérica es la región que más participación en las importaciones mundiales ha perdido: generaba más de 10% del total a mediados del siglo XX, 6% del total a mediados de los años 60, y continuó en baja desde entonces de tal modo que su incidencia mundial actual es apenas un tercio de la de mediados del siglo pasado. Mientras tanto, Asia (la región de mayor alza en su relevancia relativa) creció en su participación desde 14% en aquel tiempo hasta el 32% actual. Puede agregarse a ello que en las últimas cinco décadas Europa perdió algo de participación (desde 53% a 36%) y Norteamérica la mantuvo estable. Si se analiza por países, entre los 30 mayores importadores mundiales hay 12 mercados de Asia (entre ellos China, Corea del Sur o India, pero también Taiwán, Singapur, Tailandia y Malasia); 8 de la Unión Europea; los 3 de América del Norte y solo un sudamericano (Brasil), al que puede adicionarse a México como latinoamericano no sudamericano. Mas aun: para la propia Argentina, Asia ha adquirido una creciente relevancia y en 2020 fue el continente más abastecido por exportaciones argentinas (superando a Latinoamérica y Europa, que la siguieron en incidencia). Y a ello debe sumarse una notable novedad estadística: luego de la celebración a fin de 2020 del tratado de libre comercio llamado RCEP en Asia, ese espacio (que junta países del Asean: China, Japón, Corea, India, Australia y Nueva Zelanda) ha pasado a ser el principal bloque integrado destino para las exportaciones argentinas, superando al Mercosur, que deja se ser el principal por primera vez en la historia. Asia, y en particular Asia Oriental, no son excluyentes, pero aceleran relevancia. Y luego de ellos Europa o aun Norteamérica presentan más oportunidades que nuestra región. Esto está detrás de los reclamos de Brasil y Uruguay que buscan apertura e internacionalidad para abandonar el modelo autonomista del bloque. El acceso desde nuestros países a aquellos mercados lejanos está dificultado porque, mientras nosotros no tenemos acuerdos comerciales con ellos, sí los tienen nuestros competidores —y hasta vecinos como Chile y Perú— lo que hace más complejo el ingreso para nuestros productos y empresas en ellos. Lo que se discute, pues, está lejos de ser el tenor de algunas palabas que sensibilizan y se apoya en la búsqueda de instituciones que fomenten comercio e inversiones. LAS POSIBILIDADES ARGENTINAS. Para constatar el debilitamiento del bloque en el comercio exterior argentino debe decirse que en el récord alcanzado en el año 2013 la Argentina exportó al Mercosur más del doble que en 2020: fueron ese año 21.395 millones de dólares (las exportaciones de 2011 habían sido similares, apenas menores). Y ello representó en aquel momento casi 29% del total exportado por Argentina (en 2020 el Mercosur no llegó a representar 19% del total). Las importaciones habían sido 20.532 millones en ese año. Desde allí los resultados menguaron de modo constante hasta llegar al débil de 2020. La caída del comercio con el Mercosur en 2020 fue mayor a la caída total del comercio argentino con todo el mundo especialmente en exportaciones. Las exportaciones totales argentinas cayeron en 2020 un 15,7% y las ventas al Mercosur lo hicieron en 21,1%. Las importaciones cayeron en total, 13,8%, pero desde el Mercosur lo hicieron un 7,8%. Argentina está encontrando otros mercados más dinámicos fuera también. La principal relación para Argentina (y el Mercosur la incluye) es Brasil. El vínculo bilateral se achicó en el último decenio por diversos motivos: Argentina perdió competitividad (lo que redujo las exportaciones totales de nuestro país en casi 25% desde el récord de 2011), además de que las recesiones redujeron demandas recíprocas y también otros mercados ganaron participación para nuestras exportaciones. Argentina fue el segundo principal proveedor de Brasil en el mejor momento del vínculo bilateral y ahora es apenas el cuarto (después de China, EE.UU. y Alemania). Por lo demás, para quienes creían que se avecinaba un regreso al nacionalismo económico, pues, hay que responderles que eso no ocurre y que es altamente probable que no ocurrirá. El mundo continúa con sus procesos de apertura e integración económicas. Y con más flexibilidad e intensidad. Aunque sí es cierto que el viejo ideal de un mundo integrado universalmente para todos y sin excepción no funcionó (y la “vieja” Organización Mundial de Comercio lo padece); a cambio, los países han decidido elegir socios, integrar grupos de elegidos y abrirse recíprocamente entre ellos. El mundo ha decidido ampliar mercados a través de “clubes de socios”. Pertenecer tiene sus privilegios y no hacerlo tiene costos. Sin embargo, hay que advertir que el mundo está atravesando una nueva etapa de la globalización que hoy es más sistémica, compleja y menos unidireccional. La modernización de la economía requiere, en verdad, no solo de apertura, pero a la vez sin ella no ocurre porque estamos en pleno desarrollo de la economía del conocimiento y nada hay más global que el conocimiento.

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