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Fortuna - 2021-08-06

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Tres razones para que el dólar siga subiendo

Economía

*LICENCIADA EN ADMINISTRACIóN DE EMPRESAS, ANALISTA DE LA CONSULTORA SDS

Si el gobierno no interviene el dólar podría llegar a $ 200 antes de las PASO. Por qué los precios en el mercado inmobiliario deberían subir. Después de haber transitado un año tan atípico como fue el 2020, si bien las perspectivas mundiales seguían siendo muy inciertas, 2021 era esperado con muchas ansias. Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, realizadas en marzo de este año, el crecimiento mundial sería de 6,0% en 2021 y de 4,4% en 2022. Estos valores superaron las proyecciones previas efectuadas en octubre de 2020, debido principalmente a un mayor respaldo fiscal en algunas economías desarrolladas, la recuperación económica prevista para el segundo semestre de 2021 gracias al avance de los programas de vacunación, y a la continua y consolidada adaptación de las actividades económicas a la disminución de la movilidad. Ya transcurrido el primer semestre, estamos en condiciones de analizar cómo vamos a transitar la segunda mitad del año, durante la cual Argentina enfrentará las elecciones primarias y las elecciones definitivas para la renovación de sus cámaras legislativas. En términos generales, la economía argentina se contrajo un 9,9% a lo largo de 2020, la mayor caída luego de la crisis de los años 2001 y 2002, cuando la contracción había sido del 10,9%. El mercado laboral también se vio fuertemente golpeado. A lo largo de 2020, los puestos de trabajo totales cayeron en un 7,5%: 264.000 puestos registrados, 788.000 puestos en la economía informal y 503.000 puestos de trabajo no asalariados. Por su parte, las empresas, como agentes protagonistas de la economía, también tuvieron que dar pelea. Según las estadísticas de empleadores registrados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), a enero de 2021 fueron 519.425 las empresas que ingresaron sus aportes y contribuciones sobre la nómina salarial. Dicho número da cuenta del menor nivel de empresas para un mes de enero en 13 años. A diciembre de 2020, en parte como consecuencia de lo hasta aquí mencionado, la recaudación tributaria acumulada de doce meses creció un 23,0% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 40,0%. Por el contrario, los gastos totales acumulados durante todo el año, se incrementaron un 63,5% respecto a igual período del año anterior. Esta diferencia entre ingresos y egresos ocasionó un déficit primario en torno al 6,5% del PBI y un déficit financiero, el cual considera los intereses de la deuda, del 8,5% del producto bruto interno. La magnitud del aumento de las erogaciones totales se debe principalmente al aumento del gasto social al cual el gobierno se vio obligado a recurrir para dar asistencia y alivio a los sectores de la economía más perjudicados por la pandemia. EMISIÓN. Al margen de sus recursos genuinos a través de la recaudación, una economía cuenta con tres mecanismos para financiar el déficit fiscal. En primer lugar, podría recurrir al crédito externo; en segundo lugar, al crédito interno, a través de emisión de deuda pública, y, por último, a través de emisión monetaria. Argentina dejó de recibir crédito externo aproximadamente desde 2018, cuando accedió por última vez a un préstamo del Fondo Monetario Internacional, perdiendo uno de los mecanismos de financiamiento. Por otro lado, cuando pretende acceder a crédito interno, el mercado local, a raíz de que la tasa de política monetaria es negativa contra la inflación, cada vez más le exige instrumentos que ajusten según la evolución de la inflación o la evolución del tipo de cambio oficial, lo cual eleva el costo de financiamiento licitación tras licitación. Por lo tanto, el único mecanismo al que puede recurrir termina siendo la emisión monetaria. Durante todo 2020 se emitió, aproximadamente, un 263,5% más que lo emitido durante 2019, convirtiendo el total emitido en la mayor cifra de los últimos 30 años. El costo directo de la emisión monetaria es la inflación. A diciembre 2020, la inflación minorista anual fue del 36,1%. Si bien es un valor elevado, resulta considerablemente inferior a la inflación anual experimentada un año atrás, lo cual se debe principalmente a dos sucesos. En primer lugar, durante la mayor parte de 2020, a raíz de la cuarentena y las restricciones a la movilidad, la demanda de bienes y servicios estuvo totalmente reprimida. En segundo lugar, el Banco Central, a través de determinados instrumentos, logró absorber gran parte del dinero que había volcado al mercado a través de la emisión monetaria, impidiendo que ese excedente de dinero se trasladara aL consumo. Con respecto a la inflación, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) informa tres tipos de variaciones de precios. Por un lado, el índice de precios al consumidor o inflación minorista, por el otro el índice de precios mayoristas o inflación mayorista y, por último, el índice del costo de la construcción, el cual mide la evolución promedio del costo de la construcción privada. Los dos primeros casos están contabilizados para todo el país, en cambio el costo de la construcción se realiza para la zona del Gran Buenos Aires, de todas formas, puede tomarse como referencia para el país. Argentina finaliza el primer semestre del año con una inflación minorista acumulada del 25,3%; un mes más con una inflación en torno al 3,0% y cumpliríamos con el objetivo de inflación anual que se propuso el gobierno para todo el año. En lo que respecta a la inflación anualizada, al mes de junio el dato oficial fue 50,2%. El último mes que habíamos experimentado inflación anualizada superior al 50,0% había sido febrero del año pasado, mes previo a la irrupción de la pandemia en Argentina. Si efectuamos la comparación a junio de 2019, la inflación bianual asciende al 114,4%. Realizando el mismo análisis para la inflación mayorista, encontramos que, en seis meses, acumuló el 29,8% de inflación; con un promedio de inflación mensual del 4,4%, en doce meses la inflación ascendió a 65,1% y, en la comparación bianual, la inflación resulta del 130,6%. A simple vista, una primera conclusión es que los aumentos experimentados en la parte superior de la cadena productiva no fueron trasladados en su totalidad al canal minorista ya que los porcentajes de aumento son mayores que en góndola. Esto nos hace reflexionar en que, si en algún momento llegaran a trasladar el 100,0% de los aumentos, la inflación minorista sería mayor. En segundo lugar, con estos niveles de inflación, en Argentina se torna muy difícil realizar proyectos de inversión con un horizonte temporal más allá de un año. Por último, la evolución del índice del costo de la construcción, a junio de 2021, en el término de dos años, la inflación de la construcción asciende a 127,9%, mientras que la variación del último año fue del 62,4%. Durante el primer semestre acumuló una inflación del 24,2%, con un promedio mensual a lo largo del semestre de 3,7%. Como la construcción es un rubro que suele regirse mayoritariamente por la cotización del dólar informal, resulta interesante analizar la evolución del precio de dicho dólar. Con una cotización de $172 durante el mes de junio, contra $44 que valía en junio 2019, la divisa creció un 290,9% en dos años, ampliamente por arriba de la inflación; sin embargo, en el último año, aumentó un 33,3%, es decir por debajo de la inflación. Esto nos demuestra que, si consideramos los costos de la construcción a dólar informal, los mismo crecieron un 21,8% en el último año, mientras que cayeron un 41,7% contra junio de 2019. La situación actual pareciera mostrarnos que los costos de la construcción alcanzaron un piso en dólares ya que la gran baja de precios en dólares desde 2019 a la fecha pareciera haber llegado a su fin. Desde noviembre de 2020 en adelante comenzamos a observar una recuperación de los costos en dólares. De producirse a futuro una inflación en la construcción similar a la observada en los últimos dos años, el costo de construir aumentaría otro 128%. Por lo tanto, para que bajen los costos en dólares, el tipo de cambio blue o informal debería aumentar por encima de dicha marca, con lo cual tenderíamos un dólar blue en torno de $400 para dentro de dos años. Por cómo está planteada la coyuntura actual, todo hace presumir que el dólar informal podría pasar los $200 antes de las elecciones PASO; en primer lugar, porque viene con una dinámica alcista muy importante; en segundo lugar, porque tocó un mínimo en marzo de $135 y subió $50 en tan solo 4 meses; por lo tanto, no hay motivos para descartar que en los próximos dos meses suba unos $20 adicionales. Para el gobierno sería un golpe muy duro llegar a las elecciones con un dólar blue en esos niveles y por eso hará todo lo que esté a su alcance para frenarlo y controlarlo, por más que eso le signifique hipotecar crecimiento económico futuro. Bajo los escenarios actuales, la falta de educación financiera generó que muchos agentes económicos ahorraran en ladrillo. Y la pandemia obligó a muchos inversores a malvender propiedades con el fin de aplicar esos fondos al capital de trabajo de sus empresas. La vuelta a la normalidad, nos llevará a que estas operaciones tengan menos intensidad en el mercado, se contraiga la oferta y la demanda dé lugar a precios más firmes. Conviene seguir relevando los costos de construcción, la liquidez de las empresas y las preferencias de los inversores. Hoy los inversores parecieran ser cautelosos, pero esa cautela no durará para siempre.

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