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Fortuna - 2021-08-06

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Por qué el G20 debe actuar ya mismo para vacunar al mundo

Columnistas

Jeffrey D. Sachs* Juliana Bartels**

De la reunión de los ministros de finanzas del G20 en Venecia era necesario un plan para inmunizar al mundo contra la COVID-19. Estuvieron presentes todos los países productores de vacunas: Estados Unidos, el Reino Unido, la Unión Europea, China, Rusia y la India. En conjunto, fabrican dosis suficientes para completar el proceso de inmunización de todo el planeta a principios de 2022. Pero el mundo todavía no tiene un plan para hacerlo. Aunque existe una iniciativa internacional que busca poner la cobertura vacunatoria al alcance de los países pobres, el «Mecanismo de Acceso Mundial a las Vacunas contra la COVID-19» (COVAX), ha resultado desastrosamente insuficiente. Los países que producen vacunas las han usado para sus propias poblaciones, teniendo millones de sobra. Y entre empresas fabricantes y gobiernos se han suscrito acuerdos secretos para la venta bilateral de vacunas, a un costo superior al de COVAX. El mundo padece el egoísmo de los países productores de vacunas, la codicia de las empresas y el colapso de la gobernanza cooperativa básica entre las principales regiones del planeta. Dudamos de que expertos del gobierno estadounidense se hayan reunido (tan siquiera por Zoom) con sus homólogos chinos y rusos para planificar una campaña de vacunación global. A Estados Unidos le interesó más enviar vacunas a Taiwán (tal vez para dejar mal parada a la República Popular China) que colaborar con China para proteger a todo el mundo. Los científicos vienen advirtiendo que un retraso en la cobertura vacunatoria mundial puede ser devastador, conforme aparezcan nuevas variantes con capacidad para eludir a las vacunas actuales, algo que ya está ocurriendo. Científicos israelíes han informado que la eficacia de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra la variante delta sólo llega al 64%, en vez del 95% que tiene contra el virus original (aunque otros cuatro estudios hallaron cifras considerablemente superiores). La buena noticia es que una cobertura mundial integral es factible. Ya hay niveles globales de producción suficientes para completar la vacunación de toda la población adulta en cuestión de meses. Lo que falta es planes para distribuir las dosis a todas las naciones del mundo, ricas y pobres por igual, junto con medidas de apoyo logísticas y financieras. Nada de esto es inalcanzable, si los miembros del G20 empiezan a planificar con seriedad. Aunque parezca mentira, no hay cifras oficiales sistemáticas, integrales y actualizadas respecto de la producción mensual de vacunas que es posible esperar de cada empresa y país productor. Nuestras estimaciones para los próximos meses se basan en las dosis efectivamente entregadas y en la información que publican las empresas (en particular los anuncios de prensa destinados a los inversores). Sobre esa base, hemos hecho un cálculo provisorio del tiempo que llevará alcanzar un alto nivel de cobertura vacunatoria mundial. Que el COVAX, la Organización Mundial de la Salud, el G20 y los países productores de vacunas no hayan hecho lo mismo es una falla tremenda de la cooperación internacional. Nuestro cálculo es el siguiente. La producción mensual de todas las empresas que fabrican vacunas contra la COVID-19 autorizadas para uso en emergencia por la OMS y por las autoridades regulatorias nacionales, y que se estarán administrando a gran escala entre julio y diciembre de 2021, será en promedio unos mil millones de dosis. La población mundial es 7.800 millones de personas, de las que 5800 millones tienen al menos quince años de edad. Si definimos que el objetivo es alcanzar un 80% de cobertura de la población adulta (quince o más años) en cada país, hay que vacunar a 4600 millones de personas. Al 30 de junio, hay alrededor de 850 millones de personas con la vacunación completa y otros 950 millones que recibieron la primera dosis. De modo que para llegar a una cobertura del 80% de la población adulta mundial hay que administrar unos seis mil millones de dosis. Según el modelo preliminar que hemos desarrollado, a un ritmo de producción de mil millones de dosis por mes, esos seis mil millones se pueden alcanzar en unos seis meses (principios de 2022), aunque las cifras exactas dependen de las combinaciones de vacunas elegidas. Pero sólo será posible con un plan global que incluya un cronograma para la asignación internacional de las dosis, un plan logístico para su transporte, un plan de implementación dentro de cada país y un plan de financiación. La situación es especialmente urgente en África, donde al 30 de junio sólo hay unos 16 millones de personas (el 2% de la población adulta) con la vacunación completa. Es una cifra ínfima, sobre todo si se piensa que fuera de África el 17% de la población adulta mundial recibió todas las dosis, y que en los países productores de vacunas los porcentajes son aún mayores: 57% de la población adulta en Estados Unidos, 59% en el RU, 40% en la UE, 15% en Rusia, 6% en la India (al 30 de junio) y 19% en China (al 10 de junio). El mundo enfrenta riesgos enormes. La variante delta está difundiéndose por toda África, lo que presagia una catástrofe monumental si no hay un aumento drástico del ritmo de vacunación. El grupo de trabajo de la Comisión de The Lancet para la COVID-19 hizo un pedido urgente de 300 millones de dosis para África. Además, es posible que no tarden en aparecer nuevas variantes con mayor capacidad para eludir las vacunas actuales. E incluso habiendo dosis suficientes, llegar a la cobertura integral de la población adulta será difícil porque el movimiento antivacunas y las campañas de desinformación han logrado que mucha gente dude de vacunarse. En síntesis, todavía estamos en peligro. Los cuatro millones de muertes por COVID-19 confirmadas hasta la fecha (las cifras de muertes en exceso indican que es probable que la mortalidad real sea muy superior) son el lamentable resultado de que el mundo no supo responder a la COVID-19 con claridad, cooperación y compasión. La promesa que formuló el G7 el mes pasado de donar 870 millones de dosis (suficientes para dar vacunación completa a unos 435 millones de personas) está todavía muy lejos de ser un plan global. Es imprescindible que el G20 llegue a un acuerdo y ponga manos a la obra para proveer las vacunas necesarias. La salud del mundo depende de lo que definan.

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