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Fortuna - 2021-08-06

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Rosendo Fraga

Columnistas

Una elección presidencial tiene una interpretación clara en el resultado, un ganador indiscutible. Pero en una elección legislativa de medio mandato, la interpretación de quién ganó es más compleja. En la Argentina, las circunstancias hacen que la provincia de Buenos Aires juegue un rol central. Atrás en el tiempo, el golpe contra Arturo Frondizi se decanta por la situación política que crea un triunfo peronista en la provincia de Buenos Aires, aunque la UCRI —el oficialismo— ganara en la suma nacional de votos. Más cerca en el tiempo, en 2005, la batalla electoral central se libró, como suele suceder, en la provincia de Buenos Aires. Este distrito realizó elección de senadores nacionales además de la de diputados, y la primera concentró la atención política. La lista del oficialismo nacional presentó la candidatura a senadora de Cristina Kirchner, y la del peronismo disidente, la de Hilda “Chiche” Duhalde. Se impuso la primera con el 45,7% de los votos frente al 20,4% de la segunda. En el plano nacional, la victoria kirchnerista fue contundente. En la elección legislativa de junio de 2009, el kirchnerismo había adelantado la elección cuatro meses previendo que ello lo favorecería en términos económicos, aunque no fue así. Entonces, en la provincia de Buenos Aires ganó la lista que encabezaba Francisco de Narváez, que se nutría de disidentes peronistas bonaerenses y votantes de Mauricio Macri, que en ese entonces gobernaba la Ciudad de Buenos Aires. El primero se impuso con 34,6%, pero el efecto político fue muy grande, porque el primer candidato del oficialismo nacional —Frente para la Victoria— era nada menos que el ex presidente Néstor Kirchner, que fue derrotado con el 32,18% de los votos. Si bien a nivel nacional Unión PRO obtuvo el 19% de los votos contra el 29,5% del Acuerdo Cívico y Social y el 28,7% del Frente para la Victoria —es decir que quedó en tercer lugar— la foto política de aquella noche que todavía hoy perdura es la de Francisco de Narváez derrotando a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires. La elección legislativa que tuvo lugar cuatro años después, en octubre de 2013, dio la victoria a la lista del peronismo disidente que se presentó con el partido Frente Renovador, que en ese momento encabezaba Sergio Massa como intendente de Tigre. Éste se impuso con el 43,9% frente a la lista del kirchnerismo que llevó a Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora, que obtuvo el 32,3% de los votos. En 2017, en la elección legislativa en la provincia de Buenos Aires volvieron a votarse senadores nacionales. Se impuso en la lista de Cambiemos que llevó como primer candidato a senador a Esteban Bullrich, contra la lista del Frente para la Victoria, que encabezaba la entonces ex presidente Cristina Kirchner. El primero se impuso con el 41,3% de los votos frente al 37,3% de la segunda. Además de Unidad Ciudadana (la encarnación elegida por el kirchnerismo para esa elección), el peronismo tuvo dos divisiones más en el territorio bonaerense: la Coalición 1País encabezada por Sergio Massa y Margarita Stolbizer, y el Frente Justicialista Cumplir, del ex ministro de Transporte del kirchnerismo, Florencio Randazzo. Hasta acá surge claramente que el “efecto ganador” en una elección legislativa de medio mandato lo determina la elección bonaerense y no tanto la suma total de votos a nivel nacional. También es claro que, en la provincia de Buenos Aires, la suma del peronismo unido bajo una misma lista termina dando algo más de la mitad de los votos e inclusive, en alguna oportunidad, más de dos tercios. La Argentina ha tenido siempre un sistema presidencialista, con lo cual el resultado electoral se evalúa en cuanto a efectos políticos más que por la cantidad de votos. La provincia de Buenos Aires tiene 70 de los 257 diputados nacionales y renueva la mitad (35) cada dos años. Si las dos primeras fuerzas obtuvieran por ejemplo 15 bancas cada uno, el efecto no es de un empate, sino de que el ganador es el que obtuvo un voto más que el otro. Con estos antecedentes, la elección bonaerense de octubre de 2021 será decisiva en cuanto al efecto político de la elección. Si una derrota del oficialismo nacional se da en la provincia de Buenos Aires, aunque no en la suma nacional de votos, el efecto ganador favorecería a la oposición, pese a ello. Un peronismo unido en la provincia de Buenos Aires da claramente más oportunidades de triunfo al oficialismo. En este contexto adquiere relevancia la intención, en la cual coincidieron la vicepresidenta y el presidente, de que Máximo Kirchner, presidente del bloque del Frente de Todos en diputados, fuera presidente del Partido Justicialista ya en marzo de este año, precipitando la acefalía de las actuales autoridades, cuyo mandato vencía en diciembre de 2021. Las PASO no se suspendieron por la pandemia, como alguna vez se especuló; al contrario, fueron ratificadas gracias a un acuerdo entre el oficialismo y la oposición que las postergó un mes. La Cámpora jugó un rol decisivo en forzar la realización de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias que los gobernadores y la Casa Rosada preferían suspender por la situación excepcional que creó la pandemia. El cierre de listas en la provincia de Buenos Aires mostró que no todo el peronismo se encolumnó detrás de la lista encabezada por Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollán. La disidencia es liderada por Randazzo, por fuera del Partido Justicialista. La principal fuerza de oposición tendrá internas y habrá que ver cómo se desarrolla y si esa disputa le permite ampliar el abanico electoral o si, por el contrario, se vuelve tan intensa que deja heridas duraderas. En conclusión, la provincia de Buenos Aires, que representa el 37% del padrón nacional, define el efecto político de la elección: quien se impone en este distrito es percibido como el ganador. Pero el grado de unidad del peronismo y la división de la oposición son dos cuestiones claves que incidirán en el resultado.

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