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Fortuna - 2021-10-06

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Qué tiene que hacer Argentina para exportar

Sumario

MARCELO ELIZONDO*

El país perdió un tercio de su participación en las exportaciones latinoamericanas en los últimos 40 años, y la mayor perdida ocurrió en la última década. Causas del deterioro y cambios para su recuperación. La Argentina perdió un tercio de su participación en las exportaciones latinoamericanas en los últimos 40 años, y la mayor perdida ocurrió en la última década. Causas del deterioro y cambios para recuperar terreno en un nuevo mundo, al que, primero, hay comprender. Los problemas de competitividad de Argentina son múltiples. Y se agravan. Varios indicadores explican un proceso de deterioro no solo comparando Argentina con su propio pasado sino comparándola con sus vecinos y la realidad regional. Uno de ellos es la medición de la participación de las exportaciones argentinas en el total de Latinoamérica (y aun consecuentemente en el total mundial). En los últimos 40 años (desde 1980 hasta 2020) las exportaciones argentinas perdieron 30% de su participación en el total mundial y —peor aún— perdieron un 33,8 % (casi 34%) de su participación en el total latinoamericano. Esto es: perdieron más de un tercio de participación en el total regional. Los datos del Banco Mundial y los datos oficiales de cada país de la región muestran con claridad que la participación argentina era sustancialmente mayor en el total regional en 1990 y comenzó desde ese entonces a descender hasta los malos niveles de 2020. A efectos de evitar las distorsiones que pueden surgir de los impactos en los países por la actual pandemia, se calcularon para la evaluación final no solo los datos de 2020 sino también los de 2019 (último año pre pandemia), que muestran una participación también más baja que las anteriores, pero que evidencian además que la pandemia afectó a Argentina en mayor medida que al resto de los países de la región (las exportaciones argentinas cayeron en 2020 el triple que el descenso pandémico del comercio internacional mundial total). Más aún: si en lugar de analizarse al total de exportaciones de bienes y servicios se estudia solo la evolución de exportaciones de bienes físicos la performance es similar. La evidencia muestra una tendencia. Y es decreciente. No solo en relación con el mundo sino en relación con la propia región (Latinoamérica). Y se agrava en los últimos años. Obsérvese además la diferencia creciente entre los resultados individuales de otros países como México y Brasil con Argentina. México y Brasil exportaban en 1980 poco más del doble que Argentina, pero en 2020, Brasil casi cuadriplica a Argentina y México la septuplica. Mientras, además, y consistentemente, Chile superó a Argentina en 2020 (también lo había hecho en 2018) cuando en 1980 apenas exportaba el 60% de lo que exportaba Argentina. E incluso puede mencionarse que Perú, que exportaba 45% del total argentino en 1980, hoy llega al 85 % del número argentino. Debe, por su lado, como se asevera más arriba, insistirse en que el mayor descenso argentino —en la participación en el total latinoamericano— se agrava en la última década. En el planeta, el último gran incre mento del comercio transfronterizo se produjo por el alza del intercambio de bienes intermedios en cadenas globales de valor durante los 30 años que transcurrieron entre 1985 y 2014. Luego, el comercio global de bienes logró en 2019 resultados similares a los de 2015, y cayó después en 2020 (pandemia) pero se recupera con fuerza en 2021 (la OMC augura un alza de 8% en el mundo para este año en curso). Pero hay ahora un movimiento de fondo a destacar: el último decenio se ha caracterizado por un cambio de matriz. Y la pandemia y sus efectos lo exacerban. La globalización no tiene ya por principal motor el intercambio de bienes físicos (en 2019, similares a los de 2015) sino por el alza en el valor de intangibles como conocimiento, innovación, know-how, patentes y royalties, certificaciones y cumplimiento de estándares, servicios. Lo que Sullivan y Edvinsson llaman “capital intelectual”: el saber organizado como insumo. Por eso, las exportaciones mundiales de servicios crecieron en los últimos diez años 50% mientras las de bienes lo hicieron 25%. Pero no se trata solo de lo que los registros llaman servicios: es relevante el intercambio internacional de conocimiento productivo (que en parte no es computado en las estadísticas). Así, desde el inicio del siglo XXI la suma de las exportaciones de bienes en el planeta creció 195% pero la de los servicios lo hizo en 260%. Dice el Mc Kinsey Global Institute que, si se suman las exportaciones mundiales de servicios más el valor intangible incluido en las ventas internacionales de bienes, ese total supera los 13 billones de dólares y supone más de la mitad de todo el comercio internacional computado. Hoy hay un nuevo escenario con cinco significativos cambios: nueva geopolítica que afectará alianzas de países; nuevos contenidos en los acuerdos comerciales internaciones (más preocupados por lo cualitativo que por lo arancelario); mayor avance de la tecnología y el saber aplicado como componente productivo; más diferencia en la capacidad económica entre los más ricos y los otros; y más sensibilidad en consumidores y reguladores. Todo ello es relevante para la Argentina, que requiere más exportaciones. Hay, pues, requisitos a cumplir. Primero en el frente interno: ordenar la macroeconomía, alivianar el entorno regulativo, apaciguar el ambiente político. Luego, en la política internacional será preciso una mayor internacionalidad del Mercosur, que es, de la veintena de acuerdos regionales comerciales que hay en el mundo, el que menor ratio exportaciones/PBI ha conseguido: 14.9%, contra un promedio de todos de 33%; y casos como el ASEAN que llega a 51%, el SADC en África que logra 35%, o la Alianza del Pacífico que consigue 32%. Además, será requisito mejorar condiciones de salida y acceso de empresas y productos argentinos a mercados externos reduciendo obstáculos locales (retenciones a exportaciones, brecha cambiaria, complejidad burocrática) y trabas externas (las exportaciones argentinas pagan en el acceso a mercados un promedio de arancel que es 50% mayor que el de nuestros competidores debido a nuestra escasez de acuerdos de apertura comercial reciproca). Y, adicionalmente, será útil participar de nuevos espacios que se irán creando en la búsqueda de cierto ordenamiento internacional (el Secretario General de la UN ha graficado la historia de la institución diciendo que la misma pasó por tres periodos: bilateralismo durante la guerra fría, unilateralismo durante el corto período de liderazgo de Estados Unidos, y la actualidad a la que calificó de “caos”). Nuevos bloques serán efecto de cierta recomposición futura. Pero hay algo más y muy relevante: habrá que trabajar en mejorar la oferta exportable. Nuestro problema no es de demanda. La economía mundial que viene será más exigente. Y requerirá más empresas internacionales calificadas que productos exitosos (con unas 6.500 empresas exportadoras, tenemos menos que México, Brasil, Chile y Perú). Estamos ante una economía internacional de empresas (y sus alianzas) y no de productos. Por ello, las exportaciones argentinas solo crecerán si son parte de un entramado de negocios trasfronterizos integral: inversiones, alianzas, conocimiento, prestación de servicios recíprocos, participación en estrategias comunes, desarrollo de habilidades específicas verticales y atributos horizontales.

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