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Fortuna - 2021-10-06

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Los negocios sufren una macro más deteriorada

Sumario

POR EDUARDO L. FRACCHIA*

Eduardo Fracchia analiza cómo el gobierno busca dar vuelta el resultado de las PASO poniendo más dinero en el bolsillo de los sectores populares. Inflación, devaluación, empleo e inversiones. La previsión del rebote de la economía bajó del 8 al 6% del PBI. El gobierno busca dar vuelta el resultado de las PASO poniendo más dinero en el bolsillo de los sectores populares. Más inflación, y devaluación a la vista. Todos reclaman más empleos, pero la clave es cómo atraer las inversiones. La previsión del rebote de la economía bajó del 8 al 6 por ciento del PBI. Después de la elección primaria abierta, simultánea y obligatoria ( PASO) del 12 de septiembre, los resultados implicaron, luego de una semana de fuerte tensión al interior de la coalición oficialista, la necesidad de una renovación parcial del gabinete. Aparentemente, Cristina Fernández perdería el control del Senado el 14 de noviembre. Esto no le ocurre al peronismo desde el regreso de la democracia. Habrá que esperar al 14, pero podría darse vuelta por la elección en las 8 provincias que votan por senadores. Gran impacto económico potencial de este hecho político singular. Frente a este escenario, no parece que el kirchnerismo vuelva al poder en 2023. Sin CFK, el kirchnerismo tiene muy poca fuerza electoral a futuro. La Cámpora, la estructura de poder más poderosa y disciplinada del país, no dejó nada hasta ahora de “volumen político”, como se acostumbra decir. La interna en el Frente de Todos es lógica; pase de facturas, recriminaciones. Hay tensiones porque los intendentes del conurbano no se sienten escuchados por Kicillof. La Cámpora es cuestionada por los movimientos sociales y por los intendentes. El Instituto Patria quiso intervenir el gabinete pidiendo la cabeza de Guzmán, Kulfas, Cafiero y Frederic como principales ministros que no funcionan. El presidente Alberto Fernández quedó en una posición de debilidad desde una base de imagen positiva muy pobre, que fue altísima cuando encaró la pandemia con una visión de unidad. Las ideas liberales son fomentadas como reacción a un peronismo ideológico y estatista que atrasa, expresado por el kirchnerismo. Es una respuesta natural como fue la de la UCD en el 89, que hizo una buena elección ante el fracaso económico de los radicales. Es una reivindicación al triunfo de Álvaro Alsogaray, el líder histórico que le dio la base de orientación ideológica a Carlos Menem en un peronismo disruptivo que jugó en los 90 por una derecha liberal. El rechazo al liberalismo —sacó 4.5% en el país, cuarta fuerza después de la izquierda— a nivel popular es importante; se lo percibe poco solidario, con orientación a los ganadores, sin sentido social. En el mundo, los esquemas liberales en lo económico como China, Estados Unidos, Japón y el sudeste asiático, entre otros ejemplos, han funcionado bien reduciendo la pobreza. El liberalismo en nuestro país debería entrar con sentido social en una región con 35% de pobreza, muy desigual y muy dañada por la pandemia. Los grandes ganadores de las PASO fueron Horacio Rodríguez Larreta, que se perfila como presidenciable en 2023 y Javier Manes, con una interesante elección, triplicando los votos a un peronista-kirchnerista histórico como Florencio Randazzo. Manes fue apoyado en el voto radical, que de base le da un 10% histórico de voto duro a este espacio. Javier Milei es otro ganador por no tener estructura política previa. El gobernador Sergio Uñac se mantiene con un buen porcentaje en San Juan. Mauricio Macri, como fundador del espacio que rompió por primera vez desde el 45 el bipartidismo, fue rescatado en la elección. La sociedad eligió a Cambiemos sobre todo para castigar al kirchnerismo porque el recuerdo popular de la gestión Macri es de fracaso en lo económico. No obstante, aun con los resultados de la pandemia, el enfrentamiento del kirchnerismo con el campo, el cuestionamiento a la industria y varios errores significativos en su gestión, el peronismo obtuvo un 30% de aprobación, con proyección incluso a mayor porcentaje (aunque no mucho) para el 14 de noviembre. En una elección con una gestión regular o algo más razonable el peronismo sería muy competitivo. PERONISMO. El país sigue siendo estructuralmente peronista desde el 17 de octubre del 45. Ningún espacio lo ha superado, aunque hubo anomalías en estos 75 años, tales como Alfonsín en el 83, la Alianza en el 99 o Macri en el 2015 que ganó, en parte, gracias al voto de Sergio Massa, expresado en Felipe Solá, que le complicó la elección a Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires. Ese voto a María Eugenia Vidal arrastró el de Macri hacia la Casa Rosada. La base peronista del país es sólida y muchos siguen apoyando el modelo fundado el 17 de octubre que, como dice Jaime Durán Barba, es básicamente un gran sentimiento y eso no es poco. ¿Qué fuerza tendría un peronismo con un ideal más republicano, con lógica y compromiso genuinos por los desplazados y excluidos del sistema? Felipe González, Fernando Henrique Cardoso, Lula Da Silva o Ángela Merkel son buenos ejemplos de este capitalismo con una fuerte impronta social. Ese peronismo ideal es muy competitivo en las urnas ¿Lo veremos alguna vez en la cancha? ¿Podrá el gobierno organizar un proyecto de crecimiento con equidad para el 2023? Con Juan Manzur podría funcionar un proyecto de peronismo de centro, territorial, conservador, pro Occidente, populista clásico. Hay que verlo en la cancha estos dos años al tucumano, que aparece como la figura de cuasi primer ministro que quiso imponer Alfonsín en el Pacto de Olivos y que nunca hemos visto desde la reelección de Carlos Menem en un país que copió el modelo de Estados Unidos, el hiperpresidencial. SALARIO REAL. Desde luego, los resultados electorales también se vieron atravesados por lo que sucede en el ámbito económico. La inflación de 50% anual no pudo dejar de influir en la elección, sobre todo porque Cristina no pudo lograr que se mantenga el salario real. El salario real es un buen predictor de voto en lo que va de las elecciones de la democracia. Por su parte, Guzmán empapela de bonos al país para cerrar una brecha fiscal que combatió hasta mediados de año, cuando cedió ante la embestida de CFK. La peleó bien y se mantuvo el paralelo estable porque moderó la gran emisión de 2020 vinculada al IFE y a la contención del conurbano informal. ¿Se imaginan una elección el 14N con el blue en 300 pesos? No va a ocurrir. Pesce y Guzmán tienen amarrado el paralelo, que es el termómetro del miedo o del caos. Por ahora, es un dólar de miedo y pánico, pero sin escenario de crisis. La contracción fiscal sacó ingreso real a jubilados y empleados del sector público y significó un ajuste equivalente al acordado con el FMI en los dos últimos años de Macri. Deprimió más el consumo y el rebote no será de 8% sino de 6%, que es muy poco para compensar un descenso de casi 10% el año pasado. Las Leliq de Macri, que continuó Alberto Fernández con Guzmán, son una bomba de tiempo; la base monetaria más las Leliq quintuplican las reservas netas, lo que representa una señal de alarma grave. El cepo contiene la corrida cambiaria. Este desequilibrio del cepo, donde la brecha enorme se puede aumentar más, hay que corregirlo cuanto antes. Es muy distorsivo para el crecimiento. Es un yeso para el sistema. MÁS POPULISMO. Si el gobierno va a la ortodoxia económica, en estas semanas pre electorales no irán más votos para el Frente de Todos. Lo verá bien el establishment, se moderará el blue, se preparará mejor la negociación con el FMI. Pero, los votos vendrán de una estrategia más populista, estilo Alberto Rodríguez Saá en San Luis. Esta estrategia deja un país más complicado, que puede llegar a una crisis importante en el verano. En tanto, las ideas de paquetes de subsidios económicos que circulan, como la vuelta al IFE, sumados a la AUH, la suba del salario mínimo, el bono a jubilados, los créditos con baja tasa de interés, son comprensibles ante la desesperación de perder el poder con riesgo implícito para CFK de que sus hijos vayan a la cárcel; no ella, por su edad. Hay que llenar la heladera de los votantes, queda poco tiempo, pero seguiremos en este proceso. Se dejaría una bomba de profundidad, que complica la negociación con el Fondo y por lo tanto la paz social. Los planes sociales son criticados por La Cámpora; por Juan Grabois; por los propios beneficiarios, que quieren ir a la cultura del trabajo. Los que más cuestionaron los planes, como Patricia Bullrich y Miguel Pichetto, son apoyados ahora por todo el arco político. El diagnóstico es claro; la implementación, difícil porque el país no ofrece condiciones para la inversión, y sin inversión no se crearán empleos y menos empleos blancos registrados. Desde 2011 estamos en 6 millones de empleos privados blancos registrados, sin crecer en este número Sumado a esto, tanto el show de obras públicas anunciado como la desaparición demagógica de los barbijos, que, desde la óptica del gobierno, son medios necesarios para mejorar los números de la elección. Pueden mover el tablero, pero el resultado en la elección del 14 de noviembre parece cantado. Las afirmaciones fuertes en este terreno de predicción de votos son pocos profesionales. Habrá que sorprenderse por los resultados dentro de un shock enorme sobre el sistema social, que es la pandemia, que hace que el libreto se vaya escribiendo cada día y donde pronosticar es muy poco serio. El proceso del Covid está abierto, no está encaminado. Puede haber un tercer año complejo a pesar del hartazgo del encierro colectivo. El Covid sigue influyendo en la macro. Como dijimos las encuestas volvieron a decepcionar. La visión de que el peronismo ganaba por poco margen en provincia quedó lógicamente sesgada en una elección que se veía empatada por el núcleo de los analistas. No obstante, los votos se deciden sobre el final; hay votos ocultos, otros que se dan vuelta y un ausentismo de peronistas que tienden a votar en general con más convicción o disciplina. Lo clásico sería que Cambiemos recupere más en la segunda vuelta, pero también está la hipótesis de que la población del Conurbano que no asistió a votar se incline más por el oficialismo si el paquete oficial de 160.000 millones de pesos impacta junto con la distribución de electrodomésticos y bicicletas. UNA MACRO PEOR. En definitiva, en estas semanas donde domina la política, la economía seguramente se va a desordenar aún más con el aumento de la emisión con fines electorales. La tasa de inflación mensual por debajo del 3% puede aumentar en el verano. Es una inflación reprimida que, con precios relativos acomodados, sería mucho mayor. El gobierno seguramente llegará a las elecciones del 14 de noviembre con el dólar blue contenido con medidas que siempre suponen un costo, entre otros la pérdida de reservas. Es muy probable que haya un plus de ingreso efectivo para la población y asistiremos a un experimento difícil de proyectar de cómo este salto de consumo potencial iría a más votos para el oficialismo. Sin embargo, el problema argentino tiene que ver, entre otras cuestiones, con una clase dirigente que no está a la altura; no es solo un problema de la clase política. La elite de 10.000 cargos políticos elegidos en el cuarto oscuro de todo el país surge de una sociedad anómica, individualista como decía Borges y no ciudadana, de baja capacitación. Nuestro nivel de capital humano es pobre para enfrentar al siglo 21. Solo un dato: la mitad de los alumnos no termina el secundario en la sociedad del conocimiento. Los votos antisistema estilo Milei, Bolsonaro o Trump no son valiosos por falta de espíritu republicano. Ese voto signado por la bronca y la anti política no es el ideal en la visión tradicional liberal de Alberdi y Sarmiento, pero es muy comprensible y manda una señal al sistema democrático, que está en crisis en Occidente. DEVALUACIÓN. Resulta difícil proyectar lo que viene para 2022 y 2023, pero es muy posible que en el primer trimestre de 2022 haya una devaluación; puede ser ordenada o puede ser caótica. Depende de la gobernabilidad, el precio de la soja, la ortodoxia fiscal, lo que arreglemos con el FMI. Lo ideal sería que con el Fondo surja un arreglo funcional al crecimiento con equidad. Este acuerdo podría dar sendero a la economía; no será la autopista, pero si un plan que ordene la macroeconomía y permita salir del laberinto, como decía Marechal. El extremo polar opuesto de dirección estratégica es un “Vamos por todo”, muy entusiasmando con recuperar salario por voluntarismo con expansión monetaria. Este esquema, más asociado a la visión de la economía de CFK-Kicillof, supone profundizar el cepo y cerrar más la economía. Tiene riesgo de ir a una crisis devaluatoria importante en el bienio. Entretanto, tenemos una situación intermedia con alta inflación cercana al 60% anual, con crecimiento que converge a cero, pero donde se llega con una economía deteriorada a las elecciones presidenciales, con un salario real muy caído. La coyuntura de corto domina la escena. No se espera un cambio de timón como el que hizo Juan Perón en 1952 desde el populismo a la racionalidad productivista. Si este cambio viniese con un ministro de economía poderoso cercano al círculo rojo, el peronismo podría ganar en el 23. La macro se va a deteriorar en el escenario más probable; en efecto, los mercados lo anticipan con reducción del precio de los activos. Viene una próxima administración que, pareciera, va a ser para Cambiemos, dada la debilidad política del peronismo, la relativa unidad de la oposición y la falta de criterio en la gestión macroeconómica. Para ese período esperamos que revierta el clima de inversión, que es dramático; que se planteen reformas estructurales, siendo la laboral, la previsional y la tributaria las más relevantes. Es obvio que, mirando a largo plazo, la vuelta a la prosperidad que tuvimos entre 1870 y 1970, en una enorme simplificación histórica con inmensos errores en esos 100 años, cuando lideramos claramente América latina en renta per capita, depende de la política, principalmente. Como plantean Pablo Gerchunoff y Roy Hora en su libro para leer en el verano “La moneda está en el aire”. Podemos reencontrar la prosperidad o hacer una convergencia hacia Latinoamérica, que significa en definitiva ser un país con menos clase media, más planes y más villas.

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