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Fortuna - 2021-10-06

Data:

Maquillaje del gobierno mejora sus cuentas

Nota De Tapa

LUIS SECCO*

Creatividad e ingeniería contable para “aumentar” el financiamiento del Central al Tesoro en 2022 y “bajar” en un punto del PBI el déficit fiscal este año. Pero, el problema continúa: cómo desacelerar el gasto luego de la fuerte suba antes de la derrota en las PASO. Creatividad contable para “aumentar” el financiamiento del Central al Tesoro en 2022 y “bajar” en un punto del PBI el déficit fiscal este año. Pero, el problema continúa: cómo desacelerar el gasto luego de la fuerte suba antes de las PASO. ¿Qué dirá el FMI? Ya no alcanza con arreglos cosméticos o con alquimias y maquillajes contables: a la macroeconomía argentina le hace falta cirugía mayor. Y cuidado, no vayamos a creer que el problema es político y que, si se resuelve la política, la macro se resolverá también. En todo caso, la política debería generar el espacio para implementar otras políticas que sí puedan ser efectivas para corregir la macro. Porque construir gobernabilidad como fin en sí mismo no sirve. Como tampoco sirve construirla para seguir aplicando las mismas recetas gastadas, que sólo comprometen más la sustentabilidad fiscal y monetaria, generan inflación y obstaculizan la recuperación de la inversión, la actividad económica y el empleo. No está de más repetir una y otra vez que no hay política social capaz de compensar las consecuencias de una mala política económica, y mucho menos cuando esa mala política económica arrastra ya muchos años de vida. Hay muchos candidatos que por sí solos servirían de ejemplo de esa mala política económica, pero tal vez el mejor candidato de todos sea la política fiscal. En la historia argentina se ha intentado de todo en materia monetaria y cambiaria, pero prácticamente nunca se ha intentado recuperar el equilibrio y la sustentabilidad de las cuentas públicas. Y, por cierto, la cosmética que mencionamos al principio estuvo siempre a la orden del día para tapar u ocultar lo inocultable. En estas últimas semanas volvimos a ver dicha predisposición. Durante la primera mitad de 2021, cuando analizábamos la dinámica fiscal del sector público nacional, lo más notorio resultaba la fuerte caída del déficit primario, producto de ingresos que crecían bien por encima de la inflación y de egresos que crecían por debajo de la inflación y unos treinta puntos por debajo de los ingresos. Pero a partir de junio pasado, esa dinámica empezó a mostrar algunas sombras. La más notoria fue la aceleración del gasto primario, sobre todo cuando se corrige la base de comparación de 2020 y se la depura del gasto extra generado en la atención de las consecuencias del aislamiento social y la cuarentena. En efecto, mientras que en junio 21 el gasto primario creció 40.1% anual y en julio lo hizo 44.7% anual, dichas tasas resultan del 68.9% y del 72.0% cuando se computan sobre el gasto primario depurado del gasto excepcional relacionado con la atención de la pandemia. Esta situación se agravó en agosto: el gasto primario no corregido creció 64.8% respecto de agosto 20 y nada menos que 87.3% ajustando el gasto del año pasado. ¡Así es! El gasto en agosto creció arriba del 80% interanual antes de las PASO y antes de que la Vicepresidente pusiera en el ojo de la derrota a la política de “austeridad” fiscal del ministro Martín Guzmán. Pero, claro, semejante tasa de expansión del gasto despierta varios interrogantes: primero, porque habrá que financiarlo (cómo sea), y el que aparece como proveedor de fondos capaz de cubrir semejantes necesidades es el BCRA; segundo, porque genera una inercia muy difícil de revertir hacia el año que viene y ni que hablar si gracias a la expansión fiscal que tenemos por delante el Gobierno logra dar vuelta el resultado de las PASO. En el proyecto de Presupuesto 2022, que prevé un déficit primario de 3.3%, se proyecta que el gasto primario crezca un 35% respecto de este año, algo que no resulta fácil de creer en circunstancias en las que el gasto promete cerrar 2021 a toda orquesta. Cuánto más se miran los números fiscales de 2021, menos creíble luce el Presupuesto 2022 y más dudas surgen respecto a que el FMI acepte un acuerdo tomándolo como base. Por último, porque el gasto es una de las variables nominales clave de la economía que está bajo el “control” de las autoridades económicas y cualquier ejercicio de coordinación nominal que se intente llevar adelante con el objetivo de mantener la inflación “controlada” se da de bruces con la tasa a la que venía creciendo el gasto público incluso antes de las PASO y sus consecuencias. Como con tantos otros problemas, el Gobierno lejos de encarar una solución de fondo, sigue el camino del atajo, aplicando en este caso creatividad e ingeniería contable para maquillarle la cara a las cuentas públicas. De eso se trató la operación que realizó el Tesoro con el BCRA (Banco Central). Mediante dicha operación: 1) El Tesoro le vendió al BCRA los DEG a cambio de 422,174 millones de pesos; con esos pesos, le cancelará Adelantos Transitorios en una cifra similar, lo que le permitirá al BCRA recuperar límites de emisión que estaban casi agotados. 2) Luego, el Tesoro recompró los DEG mediante la colocación de una letra intransferible en dólares que el BCRA integró con los DEG. 3) Con esos DEG, el Tesoro abonará los vencimientos de capital de 2021 con el FMI (ya canceló el que vencía en Septiembre). 4) El BCRA cambió un activo en pesos (Adelantos Transitorios) por un activo en dólares (Letras Intransferibles); esto le permite aumentar “utilidades” que podría transferir al Tesoro en el caso que se acelere la devaluación o se produzca un salto del tipo de cambio oficial. Por su parte, el Tesoro tendrá en su pasivo menos deuda con el FMI y habrá cambiado Adelantos Transitorios por Letras Intransferibles, mientras en su activo ya no tendrá los DEG usados para cancelar la deuda con el FMI. 5) Por último, la operación de venta y recompra de DEG del Tesoro con el BCRA permitió (según lo dispuesto por Decreto) incorporar recursos corrientes al balance fiscal de 2021 (por ARS 422,174 millones). Esto permite aumentar los límites para que el Banco Central financie al Tesoro el año que viene y reducir contablemente el déficit primario de 2021 en alrededor de 1 punto del PBI (o sea que en lugar de 4%, el mismo resultaría del 3% del PBI). Aunque habrá que corregir dicho resultado y depurarlo de este maquillaje contable cuando se hagan las comparaciones entre 2021 y 2022, el artilugio puede llevar a que el déficit presupuestado para 2022 resulte superior al registrado “contablemente” en 2021. Aunque está claro que el ministro deberá explicarle al FMI que en realidad no será mayor porque de por medio se encuentra este maquillaje, todavía tendrá que remontar la cuesta que mencionamos arriba: ¿cómo hará para desacelerar el gasto desde las tasas desorbitantes de los últimos meses de 2021 a las tasas presupuestadas para 2022?

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