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Fortuna - 2021-11-02

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“Soy un recuperador de empresas en crisis”

Nota De Tapa

CLAUDIO CELANO GóMEZ

Ignacio Noel, accionista mayoritario de Sociedad Comercial del Plata y Morixe, cuenta el secreto para adquirir compañías deficitarias para transformarlas y hacerlas rentables. La importancia de las reglas de juego. “Los precios en góndola no reflejan los aumentos de costos”, asegura luego del congelamiento de precios lanzado por el Gobierno. El accionista mayoritario de Sociedad Comercial del Plata y Morixe cuenta el secreto para adquirir compañías deficitarias con el objetivo de transformarlas y hacerlas rentables. La importancia de las reglas de juego. “Los precios en góndola no reflejan los aumentos de costos”, asegura luego del nuevo congelamiento de precios lanzado por el Gobierno. Cuando Morixe llegó a las góndolas de los supermercados, ganando terreno en los estantes de harina de trigo, pocos conocían esa marca que, en realidad, había nacido en 1901. Es que un nuevo directorio había asumido el control de la empresa y había puesto en marcha una estrategia diferente a la de los últimos cien años. “Con los paquetes de harina de trigo marca Morixe teníamos que entrar en las grandes cadenas y la forma que encontramos para hacerlo fue con precios cuidados. Hasta ese momento había prácticamente un monopolio, porque las marcas eran las de Molinos Río de La Plata que eran fabricadas por Molinos Cañuelas, y las de Molinos Cañuelas propiamente dichas. Ellos tenían toda la góndola con diferentes marcas. Como eran tan grandes decidieron no estar en precios cuidados y ahí nosotros vimos una oportunidad. Pusimos nuestra harina y hoy, más de dos años después, somos los que más vendemos harina triple cero”. La explicación la da el empresario Ignacio Noel, accionista mayoritario de Sociedad Comercial del Plata y Morixe, en la entrevista exclusiva que le dio a Fortuna en sus oficinas de Villa Adelina. Por un lado, Noel lo cuenta con orgullo, porque fue el primer paso para el giro que hizo en la compañía desde que la compró a mediados de 2017 pero, por otro lado, también con enojo por las formas en que el Gobierno impulsó el nuevo congelamiento de precios. “Una política anti-inflacionaria debe enfocarse en generar más oferta de bienes y servicios, complementada con disciplina fiscal y monetaria. En el caso particular del congelamiento de precios actual, es la primera vez en la historia argentina -junto con el de 2020- en que un congelamiento se aplica por marca de producto. Esto es fuertemente discriminatorio contra las empresas que participamos de precios cuidados y otros programas, dado que quedan congelados sus precios a valores menores que los de la competencia pese a que sus costos de producción son los mismos”. FORTUNA: ¿Es decir que casi los están obligando a vender a pérdida? NOEL: Las materias primas agrícolas aumentaron en dólares un 50% este año en comparación a 2020 y, además, el dólar subió otro 50% al pasar de $ 60 a $ 100. La ley de abastecimiento, de aplicarse, no puede obligar a nadie a trabajar a perdida. Los precios en góndola no han reflejado, todavía están como mínimo un 25% por debajo, los aumentos de costos. Las materias primas, la energía, que para las industrias no se congeló, las paritarias y los costos en general aumentaron todos muy por encima de los precios. Si se aplicara la ley cualquier juez vería que nadie puede ser obligado a fundirse. FORTUNA: ¿Qué generan este tipo de medidas en los empresarios y sus posibles inversiones de cara al mediano-largo plazo? NOEL: Estas medidas son anti-inversión y lo mismo ocurre con todo el contexto macroeconómico de Argentina desde hace por lo menos 50 años. Por eso han disminuido en forma constante los trabajadores empleados en el sector formal y han aumentado exponencialmente los desempleados o los trabajadores informales. Esta medida profundiza esa tendencia contra la llegada de inversiones, más aun cuando los restantes países de la región toman medidas para atraer capitales y cuentan con mucho mejores situaciones macroeconómicas que Argentina. FORTUNA: ¿Cuál es el mayor problema que usted ve que tiene la Argentina para, precisamente, atraer capitales? NOEL: Nuestro principal problema es la inestabilidad en las reglas de juego. Ningún inversor pone capital en una fábrica para producir solamente para ese país. En la economía actual tanto los insumos y proveedores, como las ventas y los clientes se piensan de manera global. Entonces, lo que el capitalista quiere es que, una vez que le hayan dicho las reglas de juego, sean cuales sean, después se las cumplan porque con esas reglas es que analizó el negocio y decidió hacerlo. Los que invierten en China o Rusia por ejemplo, conocen las reglas y si los números les dan, harán su negocio. Lo que no puede pasar, que es lo que sucede en Argentina, es cambiar el contexto. Hemos tropezado muchas veces con esta misma piedra como para seguir haciéndolo. HISTORIA RECIENTE. A pesar de la cambiante realidad macroeconómica que Ignacio Noel describe que vive la Argentina, él supo sortear grandes desafíos y actualmente, como accionista mayoritario de Sociedad Comercial del Plata (SCP) y Morixe, tiene sus negocios bien diversificados. Por un lado, con Morixe, ha encarado una fuerte estrategia de posicionamiento y lanzamiento de marcas en el sector alimenticio que le ha permitido a la empresa pasar de facturar u$s 8 millones en 2017 con la gestión anterior a estar cerca de facturar u$s 100 millones durante este año encabezado con el nuevo management. Lo mismo ha logrado con Sociedad Comercial del Plata. Bajo esta empresa hay seis compañías diferentes y diversas participaciones accionarias: Destilería Argentina de Petroleo (DAPSA), donde SCP posee el 100% de las acciones y está dedicada a la producción, comercialización y distribución de combustibles, lubricantes y otros derivados del petróleo; Canteras Cerro Negro, también tiene todo el paquete accionario, con foco en materiales para la construcción; Compañía General de Combustibles, con una participación del 30% y expertise en el desarrollo exploración y producción de gas y petróleo y, en menor medida, de gas licuado de petróleo; Lamb Weston Alimentos Modernos, donde comparte en partes iguales el paquete accionario con una firma norteamericana y se dedica a la elaboración y venta de papas prefritas congeladas; Ferroexpreso Pampeano, que es la concesionaria de transporte ferroviario de cargas con servicios hacia los puertos de Bahía Blanca y Rosario y donde posee solo el 17,59% de las acciones; y, por último, Delta del Plata, con un 50% y con la cual es propietaria de casi 500 hectáreas en el Delta del Tigre. Estas seis empresas, en 2020, tuvieron ventas por u$s 841 millones, de los cuales u$s 541 millones le corresponden a Sociedad Comercial del Plata por la tenencia en cada sociedad. FORTUNA: ¿Cuál es su secreto, que le permite comprar empresas que no son rentables o están cerca de fundirse y darlas vuelta? NOEL: Las compañías en general suelen tener alguno de estos cuatro problemas: obsolescencia tecnológica y falta de modernización que se traduce en falta de inversión; una estructura demasiado grande y al no haber plata para las indemnizaciones los costos fijos aumentan; inconvenientes comerciales que hacen que se pague mal a los proveedores y se venda mal y; por último, un tema de endeudamiento e incapacidad de pago. Cuando esto sucede todo a la vez en una compañía yo le digo que son los cuatro jinetes del apocalipsis. Esta era la realidad que tenían las tres empresas de alimentos que compré, que estaban totalmente en crisis. Es por eso que yo digo que Sierras de Mazán, Alimentos Modernos y Morixe son empresas recuperadas. Pero, ojo, a diferencia de lo que suele llamarse “empresas recuperadas”, la plata la puse yo y junto con mi gente las recupera mos. Soy un recuperador de empresas en crisis. FORTUNA: Cuando en estas tres empresas usted vio que estaban los cuatro jinetes del apocalipsis juntos, ¿Qué hizo? NOEL: En los tres casos hice dos cosas. Por un lado, y antes de comprar las compañías, fue analizar si el negocio existía y había un potencial mercado. Sin eso, no hay nada. Comprar una empresa que hace sombreros si la gente no los usa, no tiene sentido. En estas tres empresas ese no era el caso y había mercado potencial. Entonces, ya con la empresa en mis manos, lo que hice en los tres casos fue atacar los problemas todos juntos. Esa es mi clave. Creo que muchas veces el error de los empresarios que compran empresas que no son rentables y tienen estos problemas es que tratar de ir de a poco y, en estos casos, el gradualismo no sirve. Es fundamental poner el capital que sea necesario, de una vez, y actuar para rápidamente dar vuelta la página. Esto significa poner en funcionamiento las máquinas necesarias, poner al día los sueldos y las cargas sociales. Por ejemplo, cuando tomé posesión de Morixe, hacía cinco años que no se les pagaban las obras sociales a los empleados. También es clave saber qué estructura se necesita y acomodarla a ello y si hay que indemnizar, hacerlo de una vez para que la estructura sea eficiente. Y, en mi caso, siempre fui a hablar con los proveedores, puse la cara y el dinero para mejorar nuestra condición porque cuando pagás mal, te venden caro. En Morixe se estaban moliendo 1.000 toneladas de trigo al mes, hoy ya estamos en 12 mil. FORTUNA: ¿Qué rol cumplen los empleados en estas transformaciones? NOEL: A veces digo cosas que son políticamente incorrectas, pero soy sincero. La situación de incumplimiento que había cuando yo llegué a cada una de las tres empresas eran el caldo de cultivo perfecto para el discurso antiempresa del cual se agarraban los sindicatos y delegados. Entonces, lo que yo hice, fue convocar a asambleas, pararme frente a los empleados, dar la cara y decirles que todos jugamos para el mismo lado. Que era un barco que teníamos que navegar juntos pero que si se hundía, los más perjudicados iban a ser ellos porque yo tenía otras empresas y no iba a cambiar mi situación económica. Sí la de ellos. En Morixe, cuando llegué, había un 30% de empleados con juicios laborales. Le dije al sindicato de que si eso seguía así yo iba a tener que cerrar la fábrica porque era inviable seguir pagando sentencias. Los empleados lo entendieron. Una anécdota: un empleado tenía licencia médica porque tenía declarado 50% de pérdida de la rodilla por accidente laboral pero era el goleador del equipo del sindicato. Una locura. FORTUNA: ¿Cómo toman los empleados esta visión suya de que el barco se navega juntos pero ellos son los que más tienen para perder? NOEL: Lo entienden a la perfección. Muchas veces los empleados no se comprometen porque el empresario no está comprometido, y esto también hay que decirlo. El empresario que se queda en su oficina, no pisa la fábrica, llega y dice que va a pagar sueldos y no lo hace; o dice que conseguirá proveedores y materia prima y no lo hace, genera el efecto contrario, la gente se da cuenta de eso y pierde toda su credibilidad. Además, en esos momentos, los delegados se dan cuenta también y aprovechan la situación. En cambio, si uno está presente y les explica que si se hunde el barco, se hunden todos juntos eso lo entienden y el cambio de actitud es inmediato. Siempre logré el apoyo de los empleados, como también de los acreedores a los que se le debía plata y de los proveedores porque cuando fue necesario yo puse plata para cumplir. Eso se valora y a largo plazo los resultados están a la vista. FORTUNA: ¿Cuál es su opinión respecto de lo que sucede con Molinos Cañuelas? ¿Cómo se explica que haya llegado al concurso preventivo? NOEL: La justicia tendrá que analizar la evolución patrimonial de los dueños de Molinos Cañuelas y de la empresa. Si la compañía se endeudó y terminó en convocatoria pero los accionistas al mismo tiempo se enriquecieron, quiere decir que salió plata de la compañía y fue a los accionistas. Eso es matemática pura y alguien tendrá que verlo. No es que su convocatoria se dio por un problema que existe en el sector. Es el típico caso de lo que yo llamo capital socialismo, que es que cuando el empresario gana la plata es de él pero cuando pierde le pasa el problema a la sociedad. Es el caso de empresario rico, empresa pobre, que nos hace quedar mal a todos los empresarios que hacemos las cosas bien. Además, ¿cómo me van a hacer competir a mí, en igualdad de condiciones, contra una empresa que tiene deudas por u$s 1.735 millones de los cuales u$s 300 millones se los debe a bancos estatales argentinos? ¿Alguien puede pensar que eso es competencia leal? Claramente no lo es.

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