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Fortuna - 2021-11-02

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Una economía precaria, que desalienta al sector privado

Columnistas

*DIRECTOR DEL ÁREA DE ECONOMÍA DEL IAE BUSINESS SCHOOL DE LA UNIVERSIDAD AUSTRAL

Una economía precaria, que desalienta al sector privado La economía sigue muy distorsionada y no se va a resolver este ambiente de desconfianza mientras Cristina Kirchner siga liderando el país, el escenario más probable luego de las legislativas dado que nuestro régimen no es parlamentario. En otro país, como dice Juan Carlos de Pablo, el gobierno ya hubiese cambiado. La vocación de poder de Cristina, con un voto incondicional del 20% es funcional a liberarse de las causas potenciales de corrupción que fue arrastrando su matrimonio político desde 2003 sumando en el barco a sus dos hijos. La inflación del año que viene superará el 60% y el producto crecerá en torno a cero. El arreglo con el Fondo está muy incierto. Guzmán quiere avanzar, pero está condicionado por la vocación de retraso representada por la línea ideológica de Máximo Kirchner. Sería bueno un acuerdo razonable, algo parecido a un sendero macroeconómico; no sería un plan, pero puede dar balizas que orienten este camino tan difícil hasta las elecciones de 2023. Estamos en un régimen económico muy precario que desalienta al sector privado; es la constante del kirchnerismo intervencionista y discrecional. Ese exceso de estatismo ineficaz alimentó el voto liberal, si bien es claro que la izquierda le ganó al liberalismo en la elección general. El desempeño electoral del liberalismo es una reacción, equivalente al fracaso del radicalismo en el poder en los 80, tan lejano a los intereses empresarios, que facilitó que Menem oriente la economía hacia el neoliberalismo en un giro quizás demasiado violento para una tradición europea en lo social desde Yrigoyen en 1916. Si el oficialismo quiere conservar el poder debería modificar el rumbo de la economía, violando el código genético del kirchnerismo. No obstante, ese cambio es poco probable. La licuación de poder del Presidente, que fue un jefe de gabinete moderado, racional y que manejó la campaña de quien hubiera vencido a Menem en la segunda vuelta, es el hecho más importante hasta 2023. Manzur aparece como el primer ministro que quería Alfonsín en el Pacto de Olivos. Los políticos que conducen el gabinete actual poseen, en promedio, muy baja imagen. Pueden asegurar gobernabilidad y volumen porque conocen mejor los resortes maquiavélicos del poder luego del gabinete muy inexperto y de pocas convicciones con el que arrancó Alberto Fernández. Existen desafíos de corto plazo como es transformar los planes en empleo genuino. Es voluntarismo puro en un esquema productivo sin la reforma laboral que claman las pymes, con tantos empleados en negro que desfinancian la seguridad social. Hace falta que pierdan poder los sindicatos, extraordinaria institución del capitalismo solidario, que en nuestro país se caracteriza por la corrupción con una dirigencia oligárquica que no se renueva y se enriquece con la plata del pueblo. Es inevitable una devaluación importante en el primer semestre del año que viene, que puede alimentar aún más la inflación a pesar de que el cepo contiene al dólar. El consumo no va aumentar porque el salario real está muy deteriorado; la inversión va a menos, y las exportaciones pueden mejorar, pero son insignificantes en el PIB; su ratio es de los más bajos de América latina desde la época de Frondizi. La clase política es importante, pero mucho más relevante es una sociedad madura y con secundaria completa que no sea carne del clientelismo, de la demagogia y de prácticas de corrupción naturalizadas a todo nivel, donde las empresas muchas veces son cómplices del poder municipal, provincial o federal de turno. Esta sociedad madura debe ser orientada por el liderazgo de la clase dirigente empresarial, que suele ser muchas veces funcional a los gobiernos para mantener su supervivencia, el empleo y la rentabilidad. El dato publicado por el INDEC respecto a los indicadores de pobreza e indigencia argumentan un panorama desfavorable sobre las condiciones de vida de la sociedad argentina en general. Una primera aproximación es ciertamente que esto se derivada de la gran contracción económica del año pasado tras el shock de la pandemia y, casi en el mismo nivel de causalidad, la gestión sanitaria del gobierno nacional que derivó primeramente en un exceso de confinamiento y luego en una administración tardía de las vacunas. De acuerdo a la publicación del INDEC, el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza alcanzó el 31,2% en los cuales reside el 40,6% de las personas. Dentro de este conjunto se distingue un 8,2% de hogares por debajo de la línea de indigencia, que incluyen al 10,7% de las personas. Esto implica que, para el universo de los 31 aglomerados urbanos relevados en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), por debajo de la línea de pobreza se encuentran 2.895.699 hogares, que incluyen a 11.726.794 personas; y, dentro de ese conjunto, 756.499 hogares se encuentran por debajo de la línea de indigencia, lo que representa 3.087.427 personas indigentes. Lo primero que observamos es que este nivel de pobreza alienta al populismo de redistribución y a la formulación de planes sociales y la cultura del no trabajo. Adicionalmente, hay que notar que la pobreza no es solo material, ni tampoco solo ingresos, sino proyectos y estímulos, entre otros aspectos. Es un tema clave: si no baja este indicador, la empleabilidad de los jóvenes será muy difícil en la sociedad del conocimiento asociada a la denominada Revolución 4.0. El deterioro social, observado desde el nivel de pobreza e indigencia, se intensifica en determinadas franjas etarias. Principalmente, los grupos de edad entre 0-14 y 15-29 años son los más afectados ya que registran un 54,3% y 48,5%, respectivamente, de pobreza. En este sentido, la pobreza infantil en los 31 conglomerados urbanos es sustancial. Estos chicos que comen mal después del colegio tienen problemas de comprensión de textos. La pobreza infantil supone correlaciona con el bajo rendimiento escolar.

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