El impacto de las decisiones nucleares de Irán

*PRESIDENTE DEL CONSEJO DE RELACIONES EXTERIORES, FUE ENVIADO ESPECIAL DEL PRESIDENTE GEORGE W. BUSH A IRLANDA DEL NORTE Y COORDINADOR PARA EL FUTURO DE AFGANISTÁN

2021-12-04T08:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Columnistas

El impacto de las elecciones nucleares de Irán Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos sobre las actividades nucleares iraníes se reanudaron el 29 de noviembre. Pero si bien muchos recibirán con beneplácito este desarrollo, deberían tener en mente que las conversaciones probablemente no tengan éxito. Y si lo tienen, ningún acuerdo resolverá la presión de Irán por una primacía regional –o por armas nucleares. Primero, algo de historia. En 2015, Irán y Estados Unidos, junto con China, Francia, Alemania, Rusia, la Unión Europea y el Reino Unido, celebraron el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), un acuerdo que redujo las reservas de uranio de Irán, el nivel hasta donde podía enriquecer su uranio y la cantidad de centrífugas que podía operar. Se llevaron a cabo inspecciones internacionales exhaustivas. Irán prometió que nunca desarrollaría armas nucleares. Los expertos estimaron que estos acuerdos implicaban que Irán necesitaría hasta un año para producir armas nucleares si decidiera hacerlo y que los inspectores probablemente lo atraparían en el proceso. Gran parte de las restricciones centrales en el acuerdo de 2015, sin embargo, incluían cláusulas de “extinción”, lo que implica que expiran en un período de 10-15 años. Una vez que desaparecieran esas restricciones, Irán necesitaría considerablemente menos tiempo para desarrollar un programa de armas nucleares pleno. Aun así, miles de millones de dólares de fondos iraníes fueron descongelados luego de la firma del PAIC, y a Irán se lo liberó considerablemente de las amplias sanciones económicas. Irán eligió cumplir con el PAIC. De todos modos, tres años más tarde, en 2018, durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos abandonó unilateralmente el acuerdo, al que Trump describió como “horrible” y “una de las peores transacciones y más desiguales”. Trump luego impuso un nuevo conjunto de sanciones draconianas. Poco después, Irán tomó medidas para mantener a los inspectores internacionales a distancia y paulatinamente se fue acercando a una posición desde donde producir armas nucleares. Existe una fuerte evidencia de que ha enriquecido suficiente uranio como para acercarse al nivel que exigiría desarrollar una o más armas. En la presidencia de Joe Biden, Estados Unidos ha expresado su deseo de volver a ser parte del pacto (negociado mientras Biden era vicepresidente) y ha instado a Irán a hacer lo mismo. Con un nuevo presidente (Ebrahim Raisi) en funciones, Irán ha manifestado su voluntad de hacerlo, pero sólo si las sanciones de la era Trump se rescinden antes. Si las negociaciones logran que ambas partes regresen al PAIC, se ganaría casi una década de límites al programa nuclear de Irán a cambio de levantar muchas pero no todas las sanciones económicas. Pero este escenario tiene algunos problemas. Primero, un levantamiento de las sanciones le facilitaría a Irán adquirir recursos financieros que le permitieran hacer más de lo que ya está haciendo para minar la estabilidad en Yemen, Siria, Irak, Líbano, Gaza y otras partes en la región. Esa actividad no estaba restringida por el acuerdo de 2015. Segundo, no hay motivos para creer que Irán alguna vez firmaría un acuerdo nuclear “más largo y más fuerte” (un PAIC 2.0) que imponga más restricciones severas a su programa nuclear por un período más prolongado. Tampoco hay razones para creer que Irán dentro de una década será fundamentalmente diferente en su composición política o en lo que busca. Esto nos lleva a otro problema a la hora de relanzar el PAIC: Irán podría volver a ingresar al acuerdo de 2015 y, al mismo tiempo que cumple con él, acelerar la producción de misiles balísticos (no cubiertos por el pacto) y, después de 2030, expandir drásticamente sus reservas de uranio enriquecido. Por otra parte, Irán podría llevar a cabo un despliegue relevante de armas en sitios ocultos en base a lo que ha aprendido en los últimos años –una actividad que podría aumentar la calidad y cantidad de cualquier arma nuclear si decidiera desarrollarlas. La pregunta no es si llegaremos a este momento crítico, sino cuándo: en meses si las negociaciones fracasan o en menos de una década si tienen éxito. Un Irán al que se le permite desplegar armas nucleares o acercase a ese punto (convirtiéndose en un país umbral con armas nucleares) probablemente sería aún más agresivo en sus esfuerzos por forjar la región a su imagen. Al mismo tiempo, un Irán con armas nucleares o la capacidad para producirlas en días o semanas podría instar a uno o más de sus vecinos –muy probablemente Arabia Saudita, Egipto o Turquía- a hacer lo mismo. Colocaría a una región desgarrada por el conflicto en un estado extremo de alerta. La alternativa es reemplazar la diplomacia formal por algo menos formal. Llamémosle diplomacia tácita o control de armas sin acuerdos. Estados Unidos y otros gobiernos involucrados (entre ellos Israel) comunicarían a Irán los límites de su tolerancia con respecto a su capacidad nuclear. Si Irán traspasara estas líneas rojas cuantitativas o cualitativas, pagaría un precio sustancial. Además de mayores sanciones, podría esperar ciberataques y ataques militares convencionales en instalaciones nucleares y posiblemente blancos de valor económico y militar. Este curso también tendría riesgos y costos. No existe ninguna garantía de que esos ataques vayan a tener éxito, dado que Irán haría lo imposible para proteger elementos importantes de su programa nuclear y los reconstituiría de ser necesario. Irán también tendría la opción de tomar represalias con un rango de instrumentos y contra blancos de su propia elección en toda la región y el mundo. Todo esto implica elecciones difíciles para Estados Unidos. Biden y sus sucesores tal vez tengan que considerar participar en ataques contra Irán o condonarlos. También podrían tener que prometer que Estados Unidos tomaría represalias por cualquier amenaza o uso de armas nucleares por parte de Irán, como Estados Unidos hace para sus aliados en Europa y Asia contra Rusia y China. Tanto Trump como Biden dejaron en claro su deseo de reducir la participación militar norteamericana en Oriente Medio. Por Irán, cumplir con este objetivo parece cada vez menos probable.

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