Aislados y rezagados de la dinámica global

La relación entre el creciente desacople internacional, el descenso de la inversión extranjera, el atraso en la innovación tecnológica y la menor capacidad exportadora del país. Por qué afecta también a las Pymes.

POR MARCELO ELIZONDO*

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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La relación entre el creciente desacople internacional, el descenso de la inversión extranjera, el atraso en la innovación tecnológica y la menor capacidad exportadora del país. Por qué afecta también a las Pymes. La Argentina es una economía con creciente desacople internacional. Lo exhibe su errática performance en materia de comercio internacional. Una manera de evidenciarlo es que la participación de las exportaciones argentinas en el total mundial (aun habiéndose elevado en 2021 como efecto de los mayores precios de los productos agrícolas) es muy inferior a la que tenía cuando comenzó el siglo: poco más del 0,3% en 2021 (en 2020 había descendido a 0,29%) mientras era de 0,4% cuando empezó el siglo. Mas allá de lo antes referido y mostrando una peor performance aun (no siempre advertida), una elocuente manera de exhibir el desacople externo se observa al descubrirse el notable descenso en materia de participación argentina en el stock de inversión extranjera directa (IED) en el planeta. En el mundo el stock de IED actual supera los 41 billones de dólares (duplica la cifra de hace diez años) pero en Argentina ese stock es similar al de diez años antes y la relación entre el stock de IED recibida con el total mundial desciende de manera notable (y preocupante). Si la comparación entre el stock de IED en Argentina y el mundial se efectúa con los datos de hace 20 años (inicio del siglo XXI) la caída en la participación de nuestro país es aún mayor. Debe decirse que en el mundo los flujos anuales de IED se han desacelerado en los últimos años (los datos de 2021, sin embargo, muestran una recuperación en relación a los ejercicios previos), pero lo relevante es analizar el stock acumulado (y no el flujo anual) porque éste es fuente de evolución cualitativa constante de la economía. Mas aun: buena parte de la inversión actual se produce en los llamados “intangibles” que no siempre son reflejados adecuadamente por las estadísticas (que se concentra muchas veces en formación de capital físico), por lo que haría a las cifras algo más altas. Ocurre que una gran porción de la inversión (tangible o intangible) está especialmente (en medio de la actual revolución tecnológica) en manos de empresas internacionalizadas. Por eso debe señalarse que la reducción de la participación argentina en el total mundial observada es demasiado alta y un dato bien negativo en relación a la competitividad surgida del avance tecnológico, la innovación y el desarrollo de la llamada “cuarta revolución industrial”. Si se compara el stock de IED de Argentina con el dato de hace 20 años (año 2000) la suba nominal en la cifra argentina es muy inferior a la planetaria; y si se compara con el dato de 2010 la cifra argentina es prácticamente la misma mientras el mundo duplicó el stock. Lo que lleva a constatar la referida desvinculación de la economía argentina con los procesos de interacción productiva que ocurren en el planeta (procesos que, en el globo, llevan al salto tecnológico actual, porque en el mundo el grueso de la inversión en nuevas tecnologías y conocimiento productivo está en empresas y especialmente empresas internacionalizadas). INVERSIÓN TOTAL. Ahora bien: lo anterior no es sino un capítulo de un problema más grave: la ratio de inversión total (formación de capital en el país) de Argentina en relación con el PBI es el más bajo de la región. Y sustancialmente más bajo que el de los países comparables. Esto tiene directo efecto en la capacidad de acople tecnológico argentino a la economía planetaria. Lo que agrava el problema hacia adelante por el consecuente debilitamiento futuro de la competitividad sistémica. Una característica de la revolución tecnológica a la que el mundo asiste es que los principales actores de la inversión en innovación y desarrollo tecnológico en los países que más avanzan son las empresas (y no el sector público). Y especialmente las empresas internacionalizadas. Un primer efecto de la reducción de la incidencia de empresas internacionales en Argentina es, por supuesto, la consecuente escasez de actores significativos para el comercio exterior, lo que reduce directamente la capacidad comercial exterior. En Argentina solo 58 empresas exportan más de 100 millones de dólares por año y si hubiese mayor cantidad de grandes empresas habría mejores y mayores actores en esta materia. Pero adicionalmente debe decirse que hay un efecto sistémico de este debilitamiento en la inversión externa en el desarrollo tecnológico que impacta en la competitividad. Las grandes empresas (y en el caso de Argentina por nuestra conformación las empresas internacionales) son las que más inciden en el desarrollo tecnológico. Ello, a la vez, es antecedente directo de la capacidad competitiva externa. La competitividad exterior depende crecientemente de la capacidad tecnológica. Y en esto no solo importan las empresas sino especialmente las empresas internacionales. Al respecto, es muy relevante comprobar que la participación de empresas multinacionales en el comercio exterior (competitividad externa) en el planeta es muy mayor que la que tienen en la producción en general (y que la que tienen las empresas domésticas), lo que refleja la incidencia que la inversión extranjera tiene en la capacidad de inserción externa. Ahora bien: esto se produce por la propia generación de valor de parte de las empresas internacionales o multinacionales, o se produce (y esto es importante para una economía de Pymes como la de Argentina) porque ellas se transforman en motores de cadenas de valor internas en las que se incentivan las llamadas exportaciones indirectas de empresas locales o domésticas. Algo importante al respecto es que el último reporte de la OMC sobre el estado actual de las cadenas internacionales de valor muestra que en el planeta el 45% del total de exportaciones son exportaciones “indirectas” (con valor generado por empresas domésticas que sin embargo completan su camino exterior a través de empresas internaciones más grandes que concretan las operaciones externas). Es propio de la nueva economía basada preeminentemente en el capital intelectual que las empresas internacionalizadas elevan la capacidad exterior de un país o una región. Y lo hacen a través de esos antes referidos intangibles, que son activos que permiten el salto competitivo en base a la aplicación del conocimiento, la organización y la generación de alianzas innovativas, la tecnología aplicada, el saber hacer, patentes y propiedad intelectual, ingeniería, diseño, marcas, estrategias de gestión o inserción exterior, administración de datos y conocimiento organizado. Como muestra un trabajo de Jonathan Knowles, el 70% del valor en la nueva economía está logrado a partir de intangibles (algo propio del actual salto tecnológico mundial). INNOVACIÓN. Un efecto de lo anteriormente expuesto es lo que el último índice de innovaciones publicado por “The Global Economy” muestra: Argentina se ubica (comparada con 132 países en el planeta) apenas en el lugar 73. Suiza, Suecia, Estados Unidos, el Reino Unido y Corea del Sur (en ese orden) lideran el índice. Mas aun; la mala calificación se comprueba de manera más fehaciente comparándose solo con países de la región. En esta comparación (en el mismo índice) Argentina está apenas en el 8vo lugar. El ranking referido coincide con el del World Econonic Forum sobre los países con mayor facilitación de la innovación a través de sus sistemas de organización institucional respectiva, lo que se vincula directamente con su (antes referido) desacople tecnológico (internacional) de Argentina. En la misma línea, el tradicional y respetado Índice de Innovación Mundial (GII) de la World Intelectual Property Organization muestra a los más innovativos de la región en 2021. Argentina está fuera de cualquier cuadro de referencia sobre los destacados. Si se comparan todos los países relevados se descubre que Argentina está en este índice en el lugar 73 del mundo. La superan (además de 72 países en el planeta todo), en particular en nuestra región, Chile (que está en el lugar 53), México (55), Costa Rica (56), Brasil (57), Uruguay (65), Colombia (67) y Perú (70). Argentina aparece en particular muy mal calificada en “market sofistication” (en el lugar 110 del mundo) y en “institutions” (lugar 102). Por ello, puede afirmarse que la relación entre la creciente desvinculación con la economía internacional y el consecuente atraso tecnológico (que agrava la afección en la capacidad competitiva externa) es una falencia que, por ende, deberá considerarse como requisito, para mejorar la capacidad externa argentina.

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