Cómo gestionar talentos

DIEGO BORINSKY

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

https://kioscoperfil.pressreader.com/article/281535114638796

Nota De Tapa

El actual director técnico de River Plate, Marcelo Gallardo, es admirado no solo por los fanáticos del fútbol sino también por empresarios y directivos de empresas, quienes lo toman como ejemplo por la forma en que gestiona a sus talentos. Cómo es su exitoso modelo de liderazgo grupal basado en el sentido común, la verdad y sinceridad, y la escucha activa. “Los buenos grupos se arman con buenas personas. Además se necesita una estructura y bajar mensajes claros”, admite. El actual director técnico de River Plate es admirado no solo por los fanáticos del fútbol sino también por empresarios y directivos de empresas, quienes lo toman como ejemplo por la forma en que gestiona a sus talentos. Cómo es su exitoso modelo de liderazgo grupal basado en el sentido común, la verdad y sinceridad, y la escucha activa. “Los buenos grupos se arman con buenas personas. Además se necesita una estructura y bajar mensajes claros”, admite. Es el técnico más ganador de la historia de un club ultra ganador como River, con 14 títulos. En la celebración del último campeonato, sus jugadores le cantan que siga con ellos. Los que juegan en otros equipos declaran que sería un honor ser dirigidos por él. Sus colegas lo llenan de elogios. El 95% del ambiente (jugadores, entrenadores, periodistas, dirigentes, representantes) no duda en calificarlo como el mejor director técnico argentino. Algunas de sus frases más emblemáticas se leen en buzos y tatuajes de los hinchas. El “Muñeeeeeco, Muñeeeeco” es el cantito que suena más fuerte en el Monumental en todos y cada uno de los partidos. No sólo se ocupa del primer equipo, sino que también diseña las reformas del campo de entrenamiento en Ezeiza y reestructura las divisiones inferiores teniendo reuniones con los formadores de las distintas categorías. Sus conferencias de prensa son seguidas con admiración y reproducidas por simpatizantes propios y ajenos. No se conocen en sus casi ocho años VISIóN. en River Para desavenencias Cristiano grupales Rattazzi, ni escándalos presidente mediáticos. La identificación de FCA Argentina, del hincha es total: por se los necesitan triunfos, señales pero también por los valores para que que la transmite. industria “Que mi vida privada la maneje crezca. Gallardo”, “Los se lee con frecuencia empleos en de redes calidad sociales, los a modo de genera síntesis. el privado, no el Sí, hablamos Estado”, de afirma. Marcelo Daniel Gallardo. Y lo que pretendemos en esta nota es responder la pregunta que se hacen desde futboleros de otros equipos deseosos de copiar la fórmula hasta empresarios y directivos de compañías que no saben qué es la ley del offside pero buscan trasladar a su ámbito este modelo exitoso de liderazgo grupal. ¿Cómo lo hace? ¿Cuál es su método? El arranque es con un par de respuestas que condensan su estilo de conducción. En la última charla que tuvimos le consulté cómo conseguia armar buenos grupos. GALLARDO: Los buenos grupos se arman con buenas personas. Necesitás una estructura y bajar mensajes claros, para que después no haya malentendidos. Entonces, si hay una estructura, mensajes claros y buenas personas, es muy difícil que la cosa vaya mal. Después, hay que ganar, claro, pero mismo si no ganás y la estructura es sólida y los mensajes son claros y hay buenas personas, siempre será más llevadero. BORISNKY: ¿Cuáles serían los mensajes claros? GALLARDO: Trabajo, compromiso, respeto hacia las personas y hacia el lugar donde estás. Son los valores básicos de la vida. BORISNKY: Casi no tuviste conflictos con jugadores en todo tu ciclo, es raro. GALLARDO: Una de las cosas en las que nos basamos es que nunca nadie acá va a estar por encima del equipo, ni siquiera aquellos jugadores que puedan ser de mayor importancia. Por otro lado, eso es muy simple de modificar: si no cumplís con esto, te vas. Puede ser un costo alto, si el jugador se destaca mucho, pero es saludable para todos. Yo siempre prefiero mejor salud a tener que pagar un costo alto que determine pasarla mal. BORISNKY: ¿El técnico debe saber más de fútbol o más de grupos? GALLARDO: Hay que saber un poco de todo. No puedo dar porcentajes. Para algunos técnicos, la cuestión principal pasa por el manejo de grupo, para otros por el mensaje, para otros por la personalidad y la forma de modificar un partido con los cambios. Para mí, lo más importante es tener sentido común, que no es fácil. Yo me dejo llevar mucho por la intuición y por la percepción. Soy muy observador y me gusta escuchar a mis dirigidos y a mi grupo de trabajo. Hay que tener ética, dar el ejemplo y saber convencer a tus jugadores con el mensaje. Son las claves, para mí. MENSAJES CLAROS. Gallardo es sincero, no anda con vueltas y dice las cosas en la cara. No es un gesto frecuente en un ambiente hipócrita como el del fútbol. El jugador es bicho y enseguida se da cuenta si le mienten o le esconden algo. A la oficina que Gallardo tiene en el primer piso de River Camp, el predio de Ezeiza, se la conoce como “El confesionario”. Allí, el DT habla con sus dirigidos cara a cara, sin filtros, cuando es necesario tener charlas individuales. A Gallardo le gusta que lo miren a los ojos. Lo viví en carne propia: más de una vez me llamó la atención cuando bajé la vista por mi timidez o porque buscaba algo en mis apuntes. “Diego, mírame a la cara”, me pidió. También tomó la misma actitud en más de una rueda de prensa, cuando el periodista de turno hizo una pregunta y después comentó algo con el compañero y dejó de mirarlo. “Te estoy contestando a vos”, le recalcó, públicamente, y en muchos casos cortó su respuesta ahí. Así es con todos. BORISNKY: Vos te peleaste con varios técnicos cuando eras jugador. ¿Cómo lo analizás ahora GALLARDO: No me peleé, tuve diferencias. Yo tengo una gran virtud, que para algunos es un defecto: decir las cosas frontalmente. No me como la mentira y algunos entrenadores me mintieron. Si yo le miento a un jugador, ¿cómo lo miro después a la cara? Cuando le mentís al jugador, no hay vuelta atrás, por eso aprendí que por más mala que sea la noticia, al jugador dásela siempre. Decir la verdad va de la mano con otro atributo que forma parte del Libro Gordo del Muñeco: ser justo. En estos ocho años, todos se han sentado en el banco de suplentes. Hasta los máximos referentes. De Leonardo Ponzio al Pity Martínez, de Enzo Pérez a Lucas Alario. Todos. Juega el que está mejor. No hay acomodos y eso el futbolista lo ve. Y eso le da una enorme credibilidad ante el grupo. Cuando en una final de Copa Argentina de 2019, Rafael Borré salió con cara de enojado al ser reemplazado y le pegó un manotazo al techo del banco (lo tomó la tele), Gallardo se dio media vuelta y le recriminó la actitud. Sin taparse la boca, como hacen tantos para que no se sepa qué dicen. “¡Rafa, pensá en el equipo!”, le gritó. Y listo. “Es difícil manejar el ego de los jugadores, porque el jugador piensa en él nada más, pero no está solo, son 25, entonces el entrenador tiene que saber administrar todo eso”, sostiene. Y no es sencillo. EJEMPLO. Laburador mil por mil, Gallardo no se duerme en los laureles ni en las loas que recibe cotidianamente de todos los sectores. Eso también lo ve el grupo. Gallardo es el primero en llegar a las prácticas y el último en irse. Gallardo posee otra virtud no muy común en ese sentido: sabe delegar en sus colaboradores y no ve sombras ni serruchos a su alrededor. Se siente muy seguro de sí mismo. “A mí me encanta que venga un jugador que dirijo y me pregunte por qué hacemos tal ejercicio o por qué creo que tenemos que jugar de determinada manera, porque es una forma de involucrarse. Muchos entrenadores lo ven como un ataque, no sé si por inseguridad o qué, por eso no tuve tantos que se han puesto al servicio de mis inquietudes”, me contó. “Uno quiere saber cuáles son los argumentos, porque si lo hacés convencido, lo hacés mejor, eso es fundamental”, completó. En ese sentido, hay un punto que se enlaza al concepto anterior y le da a Gallardo un crédito absoluto ante su grupo para erigirlo en el gran líder a seguir. Él sabe de fútbol. Esto no se aprende en ninguna escuela de entrenadores. Gallardo les cuenta a los jugadores lo que va a pasar. Y pasa. Por supuesto que se equivoca. Pero poco. “Entiende el juego”, lo retrató Daniel Passarella, cuando lo promovió a la Primera de River y luego a la Selección. Aunque no da entrevistas exclusivas, Marcelo Bielsa (uno de los entrenadores más elogiado por sus dirigidos) me dejó su testimonio sobre Gallardo para el primer libro. Bielsa había dirigido al Muñeco en la Selección. “Gallardo tenía el don de articular lo que había pasado antes de recibir la pelota con lo que entendía que debía suceder después de su participación. Lograba que el avance se convirtiera en ataque, dirigiendo el juego hacia el lugar que el rival desprotegía. Tal vez hoy traslade aquella particular sabiduría a su nuevo oficio. En mi opinión, sus éxitos recién comienzan”. Ese mail me lo mandó en agosto de 2015. Recién comenzaban sus éxitos, efectivamente. Otros de los rasgos que distinguen a Gallardo es la seguridad que tiene en sus ideas y la convicción con que las transmite. Sabe cómo quiere que jueguen sus equipos y consigue, a través de entrenamientos muy intensos que se viven como si fueran partidos por los puntos, que sus hombres hagan propia esa idea. Esa intensidad para competir. Logró mixturar en el vínculo con sus jugadores dos características contrapuestas que son fundamentales: por un lado, los exige hasta un límite casi intolerable y por el otro consigue establecer con ellos una fuerte empatía. “Uno de los grandes méritos de toda esta gestión es haber conformado no sólo buenos equipos sino también buenos grupos humanos. Eso es fundamental para convivir. Nos vemos todos los días y pasamos mucho más tiempo entre nosotros que con la familia. Si no existiera esa armonía, esa comunión de grupo, se haría muy difícil. Podés ganar, eh, pero posiblemente la pases mal y la felicidad duraría lo que dura el resultado de un partido o el objetivo en sí, pero el día a día, disfrutar cada entrenamiento, las ganas de venir, es otra cosa”, admitió el Muñeco en una de sus ruedas de prensa. Mariano Barnao, quien ingresó a River como gerente de fútbol bajo la órbita del presidente D’Onofrio y terminó siendo secretario técnico de Gallardo, me lo confirmó: “Desde un principio noté una persona exigente en el laburo, muy detallista, con una visión amplia de todo y que busca la mejora constante a través de nuevos desafíos, innovación y renovación para llegar a la excelencia constante. Se preocupa de la táctica, pero también de la comida, y de si están bien los aparatos de kinesiología. Y está muy pendiente del aspecto personal de cada uno, es muy humano en el trato y eso genera un ambiente espectacular de laburo”. Así me lo definió uno de sus colaboradores más cercanos, con la reserva del caso: “Marcelo tiene cara de malo, pone cara de malo, pero no es malo, es de buena madera, de buen corazón”. Inconformista por naturaleza, consigue trasladar ese espíritu inquieto a su equipo. En un partido: si River mete un gol, busca el segundo, y luego el tercero y más tarde el cuarto. Especulación cero. En estos años: si gana un campeonato busca el segundo, y luego el tercero y más tarde el cuarto. No descansa en la gloria conquistada. Y no permite que sus dirigidos lo hagan. El líder pregona con el ejemplo. La palabra “relajamiento” no está en su diccionario. Sí “ambición” “Siempre me genera entusiasmo poder emprender una nueva etapa, es de lo que me alimento. Uno de mis grandes desafíos, más allá de un nuevo título, tiene que ver con los valores, y creo que está a la vista el sentido de pertenencia de nuestros jugadores para con el club y para con los hinchas. Es algo que no pasa en todos lados”. No pasa en todos lados, sin dudas que no pasa.

es-ar