La invasión rusa está fortaleciendo a la OTAN

Rosendo Fraga

Rosendo Fraga*

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Columnistas | La Invasión Rusa

El 29 y 30 de junio tendrá lugar la Cumbre de la OTAN en España. Reúne a los jefes de Gobierno de los 30 países de la Alianza. Será la más trascendente desde 1949 dado que se realiza en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, que se inició el 24 de febrero con la invasión de las fuerzas rusas a dicho país. La Cumbre de 2020 —en plena pandemia— se realizó en forma virtual. El entonces presidente Donald Trump planteó una fuerte crítica a la organización y reiteró el reclamo de que sus integrantes gasten el 2% de su PBI en Defensa, acordado durante la presidencia de Obama y no cumplido por la mayoría de la OTAN. Entonces, solo Estados Unidos, el Reino Unido, Polonia y Grecia cumplían dicho porcentaje, el que ahora también cumplen las tres repúblicas bálticas. Alemania se ha comprometido a alcanzarlo en el próximo lustro, lo que implica duplicar el actual, que está levemente por debajo del 1%. La reconstrucción del poder militar de Alemania es un hecho de relevancia geopolítica para Europa. Dos años atrás, el presidente francés, Emmanuel Macron, criticó a la OTAN, al decir que ésta estaba afectada de “muerte cerebral”, y abogó por la construcción de un “sistema de defensa europeo” independiente de la alianza militar occidental. En la Cumbre del año pasado, el presidente Biden habló de “revitalizar” la OTAN en el marco de la mayor prioridad que buscó darle Estados Unidos a Europa. Era un cambio respecto a la Administración Trump, que quitó prioridad a la alianza militar occidental, poniendo como prioridad la amenaza de China. Cabe señalar que, según la misma OTAN, el gasto militar de Estados Unidos es de 811 mil millones de dólares, el que sumado a los otros 29 miembros supera los 1.100 millones de dólares. Esta cifra es 18 veces superior al gasto militar de Rusia. Es así como en la guerra de Ucrania, ésta enfrenta una guerra asimétrica, dada la fuerte superioridad militar de Rusia. Pero entre ésta y la OTAN sucede lo contrario. El 26 de abril tuvo lugar la Cumbre de Ramstein (Alemania). Fue a nivel de ministros para coordinar las acciones para continuar e intensificar el apoyo militar a Ucrania. Esta reunión se realizará mensualmente para “monitorear” los esfuerzos. Formaron parte trece países extra OTAN: los cuatro aliados militares de Estados Unidos en el Indopacífico: Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda; los dos países de Europa que formalizarían en los próximos días el pedido de incorporación a la OTAN, Suecia y Finlandia; Israel, aliado de Washington en Medio Oriente; del mundo árabe fueron solo dos: Jordania y Qatar; y de África, cuatro: Marruecos, Túnez, Kenia y Nigeria. La Alianza Occidental tiene la categoría de “aliado extra OTAN” desde comienzos de los años noventa del siglo XX, pero ha significado más una distinción que una relación concreta u operativa. De América latina tienen esta condición Brasil, Colombia y Argentina. También la OTAN tiene oficinas de enlace. Preocupa a Moscú en particular las que mantiene en Ucrania, Georgia y los países de Asia Central, todos ex miembros de la URSS. La actividad operacional extra jurisdiccional (en términos territoriales) se fue ampliando a partir de la disolución de la Unión Soviética. Primero fue en Serbia en los años noventa por el conflicto de Kosovo; después en Afganistán en las dos primeras décadas del siglo XXI en el marco de la guerra contra el terrorismo liderada por Estados Unidos; e intervino en los últimos años del conflicto de Libia que terminó con la muerte de Kaddafi. También tiene un rol de asesoramiento en la misión militar occidental en el Sahel, en el continente africano. La clave de la OTAN es el artículo 5 de su Tratado constitutivo, que establece la obligación de los miembros de defenderse militarmente si uno de ellos es agredido. Esto ha sido clave en la conducta de los miembros de la organización en el conflicto de Ucrania. Se ha fijado la política de no intervenir militarmente en este país. Ello ha llevado a negar al gobierno ucraniano la zona aérea de exclusión que se usó en Serbia, Afganistán y Libia. La guerra de Ucrania ha sido para la OTAN al mismo tiempo un fracaso y una oportunidad. Un fracaso porque su éxito indiscutible hasta ahora era haber generado el periodo más largo de paz en el continente europeo en varios siglos, pero una oportunidad porque resolvió la razón de ser de su existencia, que estaba en debate hasta comienzos de este año. El tema central será el pedido de incorporación de Suecia y Finlandia. La primera no entra en guerra desde los conflictos napoleónicos y tuvo una neutralidad efectiva en las dos Guerras Mundiales. En el caso de Finlandia, que durante largos períodos estuvo bajo dominio ruso, tras la Segunda Guerra Mundial asumió una estricta neutralidad que le permitió no ser el miembro número 16 de la URSS. Esto muestra que Putin es una mayor amenaza para estos países que la que fue la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial. La incorporación de Suecia y Finlandia implica aumentar en 1.900 kilómetros la frontera que hoy tiene la Federación Rusa con la OTAN. Es decir, que se duplica la extensión de frontera con la Alianza Occidental, lo que aumenta los riesgos de conflicto directo. Un tema que se discutirá ahora en España será si se modifica o no la exigencia de unanimidad para las decisiones. El rol de la OTAN se ampliará a raíz de la guerra de Ucrania y ello será una tendencia de mediano y largo plazo. La unanimidad puede transformarse en un riesgoso mecanismo de toma de decisiones en el campo militar y por eso resulta lógico revisarlo. Pero no será fácil. En cuanto a futuras incorporaciones, el país que tiene más avanzado el proceso es Bosnia y Herzegovina, aunque su inclusión no tiene fecha. La membresía también requiere unanimidad. En conclusión, la guerra de Ucrania fortalece a la OTAN, pero su nuevo rol plantea desafíos claves para la seguridad global.

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