El rompecabezas del gas en Europa

Daniel Gros

*MIEMBRO DEL CENTRO EUROPEO DE ESTUDIOS POLíTICOS COPYRIGHT: PROJECT SYNDICATE, 2022.

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

https://kioscoperfil.pressreader.com/article/281573769344460

Columnistas

En cuestión de meses, la Unión Europea ha reducido su dependencia del petróleo ruso en tal forma que ahora está lista para imponer un embargo. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado un plan para prohibir las importaciones de petróleo crudo ruso a la mayor parte de la UE en los próximos seis meses y de los productos de petróleo refinado hasta finales de este año. Sin embargo, para tener un impacto significativo en el presupuesto de Rusia, Europa también debe poner fin a su dependencia del gas ruso. Esto será mucho más difícil de lograr. Europa ha conseguido reducir rápidamente su necesidad de petróleo ruso debido a un par de razones. Se puede transportar petróleo fácilmente en camiones cisterna, no sólo a través de oleoductos, y es relativamente fácil encontrar nuevas ofertas de suministro en el mercado mundial. El problema es que también es relativamente fácil encontrar suficientes compradores nuevos, y Rusia tiene muchos, para compensar gran parte de las pérdidas provenientes de un embargo llevado a cabo por la UE. El caso del gas es diferente. Europa necesita gas natural para proporcionar calefacción en el invierno y para que sirva como materia prima de la industria química más grande del mundo, misma que da cuenta de una parte importante de las exportaciones de la UE. Y determinadas características del mercado del gas natural harán que sea mucho más difícil y costoso encontrar alternativas a los suministros rusos en comparación con lo que ocurre en el caso del petróleo. Para empezar, debido a que la mayoría de los productores de gas natural operan con contratos a largo plazo con los compradores, hay poca capacidad de producción adicional fuera de Rusia. Si bien hay mercados ‘spot’, también llamados mercados al contado, en los que se pueden comprar o vender cantidades limitadas de gas, el objetivo de dichos mercados es, según sea necesario, redistribuir entre las regiones la oferta o la demanda existentes, su objetivo no es ofertar un suministro adicional. Todo esto se traduce en que, a corto plazo, el suministro de gas natural es casi fijo. Por lo tanto, la única forma de compensar el déficit de gas ruso es mediante una combinación de ahorro de energía y aumento de las importaciones. En este punto, Europa se enfrentará a otro desafío. El transporte del gas natural es costoso y su almacenamiento es dificultoso. El gas natural licuado (GNL), que puede transportarse por barco, se presenta como la principal alternativa al gas ruso transportado por gasoductos, a pesar de que plantea sus propios problemas. Antes de que comenzara la guerra en Ucrania, Europa ya estaba importando casi la misma cantidad de GNL que gas por gasoductos. Sin embargo, si Europa quiere poner fin a su dependencia del gas ruso, debe aumentar enormemente estas importaciones de GNL. Esto será costoso porque significa tener que desviar hacia Europa envíos que originalmente se dirigían hacia Asia. Afortunadamente, esto será técnicamente posible debido a una profunda asimetría en el comercio de GNL: se tarda mucho más en construir instalaciones de licuefacción en comparación con realizar lo necesario para la regasificación del GNL, es decir para que el GNL vuelva a ser gas. Cuando llega el GNL, los países importadores simplemente tienen que calentar el líquido en los camiones cisterna. Los especialistas en energía señalan con frecuencia que muchos países no cuentan con suficientes instalaciones fijas de GNL para aumentar las importaciones. Sin embargo, las terminales flotantes de GNL también se constituyen en una opción, y países como por ejemplo Alemania, Francia e Italia ya están aprovechando esta opción, cerciorándose de que puedan descargar el GNL cuando este llega a su destino. Estas instalaciones flexibles de gasificación, junto con una densa red de gasoductos que conectan a la mayoría de los proveedores de la UE, ofrecen cierta protección frente a los intentos rusos de eliminar a países seleccionándolos de manera individual. Europa ya ha dado muestras de solidaridad en este asunto. Cuando el gigante energético ruso Gazprom interrumpió recientemente el suministro de gas a Polonia y Bulgaria, se garantizó que ambos países recibieran lo que necesitaban mediante gasoductos provenientes de Alemania y Grecia. La interrogante es si Europa mostrará la misma actitud decidida cuando todos los países estén bajo presión. Las instalaciones de licuefacción, en cambio, son mucho más difíciles de conseguir y su construcción lleva mucho más tiempo, debido a que requieren gigantescos refrigeradores que enfríen el gas a -160° Celsius. Esto trae consigo dos consecuencias que son políticamente importantes. Algunos esperan que Estados Unidos pueda suministrar el tan necesario GNL a Europa. Pero, en la actualidad, Estados Unidos tiene sus plantas de licuefacción existentes trabajando a plena capacidad, y se necesitarían varios años para construir nuevas instalaciones. Mientras la capacidad de exportación estadounidense se encuentre limitada, redirigir la entrega de suministros estadounidenses desde Asia hacia Europa no contribuirá, en absoluto. a reducir el exceso de demanda de GNL en el mercado formado por los mercados de la UE y los del Asia. Para Estados Unidos, esto tiene la ventaja de que los precios del gas natural dentro de su país se han mantenido mucho más bajos en comparación con aquellos tanto en Europa como en Asia. El desafío de construir instalaciones de licuefacción de GNL también aumenta significativamente los costos para que Rusia intente exportar el gas que Europa ya no está comprando. Durante varios años, Rusia no podría vender los 140 mil millones de metros cúbicos de gas natural que anteriormente iban a Europa cada año. Si Europa esté dispuesta a pagar el precio de las costosas importaciones de GNL, este continente podría socavar gravemente la capacidad de Rusia para ganar divisas mediante sus exportaciones de gas. Eso haría mella real en el presupuesto de guerra de Vladimir Putin.

es-ar