La Fed no merece toda la culpa por la inflación

Kenneth Rogoff

2022-06-09T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Columnistas

Un crescendo en aumento de comentarios adjudica la culpa por el actual aumento de la inflación en Estados Unidos directamente a la Reserva Federal. Pero gran parte de las críticas son insólitamente ingenuas respecto de las presiones políticas que la Fed y otros bancos centrales en todo el mundo han tenido que sortear en los últimos años. En Estados Unidos, las presiones sobre la Fed alcanzaron un pico cuando los demócratas, ansiosos por poner en práctica ideas progresistas, tomaron el control de la Casa Blanca y del Congreso en enero de 2021. Efectivamente, la Fed tiene una independencia significativa en muchas dimensiones, pero no goza de la misma independencia institucional, por ejemplo, que el Banco Central Europeo. Por el contrario, la Fed es una criatura del Congreso que, en teoría, puede ser transformada radicalmente sin mucho preaviso. Es importante observar que el mandato del presidente de la Fed siempre expira un año después de que comienza el mandato de un nuevo presidente, y la administración del presidente Joe Biden pudo hacer otros muchos nombramientos en la Fed también. Si bien la idea de “nombrar funcionarios afines en la Fed” (agregando nuevos puestos para inclinar el voto por mayoría del banco central) nunca ganó tracción, las autoridades de la Fed sin duda percibieron la discusión de la administración Biden sobre si contrarrestar o no la mayoría conservadora de la Corte Suprema de Estados Unidos aumentando la cantidad de jueces. Frente al intento de Biden de administrar un estímulo fiscal gigantesco, ¿cuán realista era pensar que la Fed podría haber empezado a subir las tasas de interés en la primera mitad de 2021 cuando la inflación comenzaba a aumentar? La mayoría de los economistas todavía no veían a la inflación como una preocupación macroeconómica importante. Recordemos que cuando mi colega de Harvard Lawrence Summers comenzó a advertir sin demasiado aspaviento sobre la inflación en febrero de 2021, muchos economistas todavía no daban por sentada una recuperación duradera de la pandemia del COVID-19. Asimismo, los progresistas estaban embelesados con la idea de que la deuda federal de Estados Unidos podía aumentar sustancialmente sin provocar un aumento significativo de la inflación o de las tasas de interés. La Teoría Monetaria Moderna, o TMM, una versión extrema de esta idea que exigía a la Fed comprar deuda cuando el Tesoro la emitía, tenía muchos defensores influyentes en la política y en los medios. No hace mucho, en febrero de 2022, cuando la inflación anual de Estados Unidos registró 7,9%, el New York Times publicó un perfil elogioso de la principal defensora de la TMM Stephanie Kelton. Si la Fed hubiera empezado a aumentar la tasa de fondos federales en el primer semestre de 2021, aunque más no fuera un cuarto o medio punto porcentual, la administración Biden se habría asegurado de que el banco central asumiera la responsabilidad de cualquier crisis que viniera después. Y los defensores de la TMM habrían dicho que a su experimento nunca se le había dado una oportunidad. Esto habría sido una crítica muy efectiva de la Fed, considerando todo el tiempo en que la inflación había estado dormida. Antes de la pandemia, excepto por unos pocos casos extremos como Argentina y Venezuela, la inflación parecía haber desaparecido. Al mismo tiempo, las bajas tasas de interés prevalecientes implicaban que muchos gobiernos se sentían envalentonados para tener déficits fiscales mucho mayores. El llamado “dinero de helicóptero”, o el financiamiento por parte de los bancos centrales de los déficits fiscales, era promovido ampliamente como una manera de estimular las economías cuando los responsables de las políticas monetarias eran incapaces de recortar las tasas de interés que ya estaban cerca de cero. Si bien algunos de nosotros dijimos contundementemente que la TMM y hasta sus versiones más blandas eran profundamente erradas, era una idea seductora y, hasta que la inflación realmente se desbordó, era difícil demostrar sus defectos de manera decisiva. En algún sentido, el experimento de la administración Biden con el híper estímulo en una economía en crecimiento fue un experimento que reclamaba ser puesto a prueba, y los progresistas le habrían apuntado a la Fed si se hubiera interceptado en su camino. Pero si bien eso podría explicar por qué la Fed se abstuvo de aumentar las tasas en un principio, ¿por qué se siguió negando a actuar cuando el crecimiento de los precios se aceleró a fines de 2021? Parte de la explicación puede ser que los economistas de la Fed en realidad pensaban que las presiones inflacionarias eran temporarias. Pero la decisión de Biden de demorar su renombramiento del presidente de la Fed, Jerome Powell, hasta fines de noviembre también tuvo mucho que ver. Si la Fed hubiera empezado a aumentar las tasas en la segunda mitad de 2021, el presidente probablemente habría reemplazado a Powell con alguien más moderado, y los mercados de inmediato habrían descontado las alzas. ¿Hay alguna manera en que la Fed puede aislarse mejor de estas presiones en el futuro? Yo sí responsabilizo a la Fed por no haberse tomado en serio en 2019 la idea de una política de tasas de interés profundamente negativas como una manera de protegerse de la deflación. Para ser justo, la profesión económica también tardó mucho en percatarse de esta situación. Gran parte de la resistencia intelectual a tasas de interés profundamente negativas es curiosamente superficial y debe tenerse en cuenta la próxima vez que la Fed revise su marco monetario. En resumidas cuentas, la Fed ciertamente carga con su parte de culpa por la gran inflación de los años 2020. Pero fuertes presiones políticas de la izquierda y análisis excesivamente optimistas de una política de deuda con final abierto, para no mencionar las incertidumbres genuinas sobre la inflación y las tasas de interés reales, también desempeñaron un papel muy relevante.

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