El efecto estabilizador de la inflación en la deuda

Daniel Gros*

2022-11-15T08:00:00.0000000Z

2022-11-15T08:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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Columnistas

El efecto estabilizador de la inflación La tarea que mantiene ocupados a los bancos centrales hoy en día es endurecer sus políticas monetarias con la mayor celeridad posible. Incluso el habitualmente prudente Banco Central Europeo acaba de aumentar su tasa de interés clave en 75 puntos básicos, lo que es una acción sin precedentes y que iguala una medida adoptada anteriormente por la Reserva Federal de Estados Unidos. Los mercados financieros han reaccionado a estas medidas como cabría esperar, con la caída de las bolsas de valores y la caída de los precios de los bonos a largo plazo. Sin embargo, nada de lo antedicho indica que una crisis financiera sea inminente. Uno podría concluir lo contrario, teniendo en cuenta el cóctel de situaciones que enfrentamos en la actualidad, mismo que incluye la guerra en Ucrania, la explosión de los precios de la energía y el aumento vertiginoso de la inflación, esto debido de manera especial a que los niveles de deuda son mucho más altos hoy en comparación con aquellos en la víspera de la última crisis financiera. En Estados Unidos, la deuda total de las empresas no financieras se ha duplicado a lo largo de la última década, alcanzando los 12 millones de millones de dólares, y la deuda nacional bruta acaba de superar los 31 millones de millones de dólares por primera vez. Estados Unidos no es de ninguna forma el único país que se encuentra en esta situación. Debido a la recesión causada por la pandemia de COVID-19, la deuda pública se ha elevado casi en todos los país, habiendo crecido en promedio en las economías avanzadas en 20 puntos porcentuales, lo que representa más del 120% del PIB. Por lo expuesto, sí en los hechos se cumplen las condiciones previas para que sobrevenga una crisis financiera. Sin embargo, hasta el momento, la volatilidad del mercado ha sido limitada. ¿Por qué la situación se presenta de manera diferente en esta ocasión? En el año 2007 los prestatarios sufrieron una bofetada doble: el aumento de las primas de riesgo (lo que dificultó de sobre manera la refinanciación de las deudas) y la baja inflación (que redujo los ingresos de los deudores, lo que a su vez impidió el servicio de la deuda y validó la aversión al riesgo de los acreedores). Hoy, por el contrario, la inflación ha aumentado rápidamente, por lo que se redujo el valor real de la deuda. En caso de que el nivel de precios aumente en un 15%, el valor real de la deuda que sostiene un país con un ratio deuda/PIB del 120%, caería en unos 18 puntos porcentuales del PIB, compensando así casi todo el aumento de 20 puntos causado por la pandemia. Este es un escenario totalmente plausible: la inflación ya está en el 10% en Estados Unidos y la eurozona, y se espera que los precios aumenten otro 5% el próximo año. Si bien la ganancia que beneficia a los gobiernos es una pérdida para los ahorristas que a lo largo de la última década compraron bonos gubernamentales a tasas de interés bajísimas, es poco lo que se puede hacer para compensar dicha situación.

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