El nuevo Brasil que espera a la Argentina

La ajustada victoria de Lula da Silva genera expectativas positivas para el gobierno argentino. El foco estará puesto en recuperar el comercio bilateral. Los sectores que están en la mira.

*PRESIDENTE DE LA INTERNATIONAL CHAMBER OF COMMERCE EN ARGENTINA, DIRECTOR DE LA MAESTRÍA EN DESARROLLO ESTRATÉGICO Y TECNOLÓGICO DEL ITBA Y DIRECTOR DE LA CONSULTORA “DNI”

2022-11-15T08:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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La ajustada victoria de Lula da Silva genera expectativas positivas para el gobierno argentino. El foco estará puesto en recuperar el comercio bilateral. Los sectores que están en la mira. Brasil es e l gran socio argentino. Desde hace 30 años, cuando se formó el Mercosur, los destinos económicos de ambos se acercaron. Hoy, Brasil es el mayor mercado para las exportaciones argentinas en el mundo: más de 8.000 millones de dólares en los primeros 8 meses de 2022, y probablemente unos 12.000 millones cuando termine el año, lo que duplica las exportaciones hacia los otros dos mayores mercados China y EE.UU. Además, Brasil y China son los principales abastecedores argentinos (en 8 meses, las importaciones de esos destinos rondan los 11.000 millones de dólares). Y, más aún, Brasil es el gran destino de las exportaciones de Pymes argentinas. Y de productos industriales: Argentina exporta al resto del mundo esencialmente productos de origen agropecuario. La composición del comercio bilateral, según refiere el INDEC con datos del primer semestre del corriente 2022, exhibe la cualidad que no se logra en ningún otro mercado: la mayor incidencia relativa de productos de la industria manufacturera Sin embargo, la relevancia de Brasil en el total del comercio exterior argentino se ha visto reduciendo. Debe destacarse, así, la pérdida de relevancia relativa de Brasil en el comercio exterior argentino: desde aquellos altos niveles en la última parte del siglo pasado a los resultados más modestos de los últimos años (lo que supone la contracara de la mayor incidencia de mercados asiáticos, más relacionados con las agroexportaciones, en el total argentino). Y si se analizan, en particular, las exportaciones argentinas a Brasil medidas en dólares estadounidenses en su evolución, se observa la volatilidad histórica: desde un gran crecimiento tras la aparición del Mercosur, pasando por altos montos en los años de transición desde la primera década a la segunda del nuevo siglo, y desde ahí a niveles nominales menores (retracción). La relación bilateral no es solo comercial. Adicionalmente, Brasil es el cuarto mayor inversor extranjero en Argentina (alrededor del 6% del stock de inversión extranjera en nuestro país es brasileño) y es también el mayor emisor de turistas extranjeros a nuestro país (son brasileños, según registros extraoficiales, un 22% de los más de 2 millones que han venido al país en lo que transcurrió de 2022). Y se estima que viven en Argentina unos 90.000 brasileños, mayormente personas bien calificadas laboralmente, que se desempeñan en actividades económicas relevantes. Pero hay un plano adicional: el de la relación transitiva. Brasil es un socio que puede facilitar el acceso argentino a una internacionalización virtuosa, en la medida en que es cada año uno de los principales mayores receptores de inversión extranjera directa del mundo y tiene hundidos en su territorio unos 800.000 millones de dólares por empresas extranjeras (casi diez veces lo acumulado en Argentina). También es un relevante emisor de inversión fuera de sus fronteras (acumula casi 400.000 millones por parte de sus empresas en el resto del mundo, lo que supone también unas diez veces lo invertido por las empresas argentinas fuera del territorio nacional). Ello supone la oportunidad de relacionamiento en el marco de cadenas de valor internacionales para empresas argentinas. Porque, de las 100 mayores empresas multinacionales latinoamericanas (multilatinas) han nacido en Brasil más que en ningún otro país: 33 (son argentinas apenas 6). La relación bilateral está amarrada por el Mercosur, el bloque que eliminó aranceles al comercio bilateral (aunque los mantuvo excesivamente elevados para el comercio con terceros mercados y eso está haciendo crisis hoy). El bloque se encuentra en dificultades, como también la relación bilateral, ante la mayor tensión en los últimos 30 años. La administración que asuma en Brasil el 1 de enero próximo tendrá en este punto el mayor asunto para trabajar con Argentina bilateralmente. El Brasil de Jair Bolsonaro aspiró a una apertura económica que Argentina no acompaña (y el Mercosur exige consenso al respecto) y en esta diferencia está buena parte de la relevancia del crítico actual estado de situación bilateral. UN GIGANTE GLOBALIZADO. El futuro de Brasil, y según qué agenda implemente, es directamente incidente en Argentina: Brasil es una gran economía mundial (una de las 12 mayores), según informes confeccionados sobre datos del Banco Mundial. Brasil es un país cuyas exportaciones son mucho mayores que sus vecinos (entre tres y cuatro veces las argentinas). A la vez, es sede matriz de un tercio de las 100 mayores multinacionales latinoamericanas. Y es uno de los 10 mayores receptores de inversión extranjera directa en los últimos años. El stock acumulado lo ubica como uno de los 15 países del mundo con más IED hundida en su territorio (con enorme deferencia con Argentina, a la que sextuplica en stock de IED recibida). Así, su economía es más internacional. Puede, por eso, destacarse que se trata de una economía de relevancia global bien diferente a la de Argentina. La sociedad argentina con Brasil es de gran utilidad para Argentina (aun con las asimetrías en materia de escala y dimensión). Y todo lo referido también condiciona el análisis sobre la orientación del nuevo gobierno (que dependerá menos de condiciones ideológicos que de requisitos específicos prácticos): Brasil requiere para volver a un dinamismo económico que ha perdido una internacionalidad, que ha puesto a nuestros ambos países ante escenarios más diferentes que nunca. Las características económicas de nuestras economías nunca fueron tan disimiles. Pues para Argentina la relación bilateral, el futuro perfil del Mercosur y de su vínculo externo, y la cercanía (o no) con nuestro socio ante nuevas discusiones geoestratégicas, son significativas. Y está ahí el gran interrogante para 2023. No solo quién ha gado, sino cómo implementa una agenda económica y un posicionamiento externo propios de un país que requiere una modernización pendiente y que sus principales actores económicos reclaman. Si se analiza el vínculo comercial en los años recientes (más allá del accidentado efecto de la pandemia) debe decirse que el principal componente de las exportaciones argentinas a Brasil es —en tiempos normales— el de material de transporte. Y el segundo rubro en importancia es el de cereales. Después, en significación comercial, le siguen los químicos, las máquinas y aparatos, los plásticos y sus manufacturas y los productos de molinería (que mostraron un alza en relación con el año anterior, convirtiéndose en una excepción ante la caída en la mayoría de los rubros con exportaciones relevantes). Más allá de lo bilateral, un nuevo perfil del Mercosur está en discusión (más apertura, flexibilidad, internacionalidad buscados por Brasil por el gobierno de Bolsona ro pero —sobre todo— por los más grandes actores económicos actuales). Y ese perfil probablemente sea apoyado por Uruguay y Paraguay. Ante eso, Argentina deberá responder. Habrá una nueva matriz de la relación bilateral, consecuentemente, también. De la que dependerá que la condición de socios intensos se mantenga. La relación bilateral, por ende, que es histórica y estratégica, se enfrenta a desafíos que están más allá de los perfiles de los gobernantes. Pero está en manos de ellos conducir un proceso que se enfrenta a un tiempo inédito. Hoy asistimos a la discusión sobre la reducción de la cerrazón del Mercosur, a través de las iniciativas de baja del alto arancel externo común impulsada por Brasil, que ronda el 12% y más que duplica el arancel promedio mundial. EL DESAFÍO ARGENTINO. Mas allá de cómo se conforme el futuro gobierno en Brasil y en Argentina a fines del próximo año, las diferencias de objetivos estratégicos entre los socios, hasta ahora, se han agrandado. Y ello impide un vínculo intenso. Mientras, en el planeta, lo global está rediscutiéndose. La globalización no se retrae, sino que muta. El desafío argentino es abandonar la superficialidad internacional y definir una estrategia. Brasil debería ser el gran socio. Otro ejemplo de la evolución a la que no concurrió el Mercosur es que, mientras el bloque básicamente no ha incorporado nuevas asignaturas en las normas e instituciones de integración (ni siquiera ha llegado a cumplir con las previstas en el tratado constitutivo), según un trabajo reciente de Roman Stollinger y Julia Grubler —y a diferencia de lo que ocurría hace treinta años (cuando el Mercosur se creó)—, hoy la referencia a aranceles en los pactos entre países en el globo es en solo del 20% del total; y el restante 80% del contenido de los acuerdos celebrados ahora se refiere a otros asuntos, como estándares comunes, normas sobre comercio de servicios, protección de inversiones, regulaciones para garantizar la competencia y garantías en materia de propiedad intelectual. Más aún: dice el trabajo referido que, mientras solo 5 tratados de hace 30 años tenían normas sobre protección ambiental, hoy hay más de 90 vigentes con estas regulaciones. Hay una nueva generación de pactos internacionales. Y el Mercosur no acompañó esa evolución. Adicionalmente hay una consideración a efectuar sobre el tipo de institucionalidad, también relevante. El Mercosur se creó bajo la rígida formalidad de la unión aduanera (la que precisamente hoy está siendo observada por Uruguay y Brasil), pero solo 6% se ha organizado bajo el modelo de unión aduanera, mientras que los países que celebraron acuerdos económicos han elegido en mucho mayor cantidad otras formas más flexibles tales como acuerdos de libre comercio (44% del total) o la confluencia de acuerdos de libre comercio vinculados con acuerdos de integración (29%). El comercio internacional ha cambiado sustancialmente en treinta años y el Mercosur padece los embates de la modernidad. El Mercosur, además de no haber avanzado en acuerdos con terceros mercados y de no haber modernizado sus pautas formales vigentes, tampoco logró “alisar el terreno” propio. En el mundo los procesos evolutivos (tecnológicos, económicos, culturales, sociales) están poniendo a las instituciones el siglo XX ante un estrés inusitado. Mientras tanto, en la Argentina de los diversos desequilibrios (lo público sobre lo privado, lo presente sobre lo sostenible, lo político sobre lo institucional) se consolida un desequilibrio adicional: de lo doméstico sobre lo internacional. Se trata de algo por lo que siempre se paga si no hay correcciones a tiempo. El próximo gobierno de Brasil deberá volver a impulsar una agenda estratégica para el bloque. Lo más probable es que Argentina esté llamada a reaccionar.

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