Parches hasta el próximo gobierno

Sin cambios en la estrategia de Massa, que repite controles de precios, dólares diferenciados y bonos diversos. Por qué ser progresista hoy en la Argentina sería bajar la inflación

LUIS SECCO*

2022-11-15T08:00:00.0000000Z

2022-11-15T08:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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Economía

Luis Secco dice que no habrá cambios en la estrategia de Massa, que repite controles de precios, dólares diferenciados y bonos diversos. Por qué ser progresista hoy en la Argentina sería bajar la inflación. Las últimas apariciones públicas y medidas del ministro Sergio Massa sugieren que no habrá ningún cambio de estrategia respecto de lo que ha sido hasta aquí el eje rector de la política económica: el no programa. La política del vamos viendo y los parches seguirá rigiendo el día del Gobierno y de los argentinos, mientras el programa que la Argentina necesita seguirá luciendo por su ausencia. Es probable que algunos todavía quieran creer que aún queda una mínima chance de que este gobierno lance ese programa. Pero, como dijimos antes, todas las señales apuntan para el otro lado. Incluso no parece que vaya a hacerlo aun cuando la macro lo fuerce a tirar la toalla y abandonar el aguante. Más allá de que logró los votos necesarios para aprobar el presupuesto 2023, las idas y vueltas del propio bloque oficialista y la cuarentena de artículos que se agregaron al proyecto del Poder Ejecutivo en el dictamen de mayoría, pusieron de manifiesto que las diferencias ideológicas dentro de la coalición gobernante siguen presentes. Y esas diferencias ideológicas y la falta de acuerdos básicos son un obstáculo insalvable para poder armar un programa coherente e integral como el que necesita con urgencia la Argentina. Perdón, no es que no se ponen de acuerdo en nada. Se ponen de acuerdo, pero en políticas gastadas y erradas, muchas de las cuales hacen años que no dan ningún resultado. Un ejemplo es el recientemente anunciado (y van…) congelamiento de precios por cuatro meses (según el ministro, de un grupo de productos que representaría el 86% de la canasta básica de consumo). Las novedades son que el congelamiento se anuncia con un mes de anticipación (raro…) y ahora el control lo podrá cualquier argentino que tenga un teléfono inteligente que tenga descargada la aplicación Mi Argentina. Un gran progreso según el ministro, que no alcanza a esconder lo vetusto de la iniciativa. Otro ejemplo es el bono en dos cuotas para personas sin ingresos; otro, el bono que estaría destinado para los trabajadores del sector privado (que debería ser pagado por los empleadores del sector privado). Es obvio lo inútil que resultan estas y otras medidas similares. Como lo venimos repitiendo una y otra vez, no hay política social capaz de compensar las consecuencias de malas políticas económicas. Es como concentrarse en bajar la fiebre sin ocuparse del motivo que la produce. Si el Gobierno quisiera poner bien en claro su preocupación por los ingresos de los argentinos y su espíritu progresista, debería empeñarse en bajar la inflación. Ser progresista hoy en la Argentina pasa por bajar la inflación. Pero el Gobierno, porque no quiere o no puede o no sabe cómo bajarla se desentiende de sus causas y opera sobre sus consecuencias. Y ni que hablar de la multiplicidad de tipos de cambio y de disposiciones que regularmente se anuncian para acceder a los diversos mercados de moneda extranjera. Las cuales intentan disimular lo que todo el mundo sabe (y que las autoridades revelan diariamente con sus dichos y acciones), que no hay ni habrá (ni en stock ni en flujo) los dólares que la Argentina necesita para poder estabilizar la macro y crecer. Todo parece reducirse a seguir aferrados al mantra del “no vamos a devaluar” mientras, en la práctica, el peso ya se devaluó y mucho para casi todos los argentinos, salvo para los exportadores y para una cantidad cada vez menor de importadores. El Gobierno supone que manteniendo el tipo de cambio comercial relativamente anclado (se sigue devaluando por debajo de la inflación), ancla los precios de los bienes transables y le pone freno a la inflación. Pero tal suposición ignora los efectos negativos que produce el sinnúmero de tipos de cambio sobre las expectativas y sobre los mecanismos de formación de precios y salarios. La tabla presenta los ingredientes básicos de un programa de cambio de régimen como el que necesita la Argentina. El mismo tiene que combinar un programa de estabilización (fiscal y monetaria) con reformas estructurales y, para lograr un cambio rápido de expectativas, debe incluir anuncios de alto impacto (que hagan evidente que se está ante un claro punto de inflexión en materia económica —y política—). En la vereda opuesta tenemos precisamente lo que observamos hoy: no hay programa de estabilización, ni reformas estructurales ni anuncios de alto impacto. Sólo algunas políticas de precios e ingresos e intervenciones de mercado, pero no más que eso. El no plan no es algo nuevo por cierto en nuestra historia. Hay varios ejemplos similares del vamos viendo; lamentablemente terminaron mal o bastante peor de cómo empezaron. Hay otros casos en los que el cambio de régimen es incompleto, ya sea porque el componente estructural está ausente (como en el caso del Plan Austral) o porque tampoco se incluyen medidas de alto impacto (como en los casos del Plan Primavera o del gradualismo macrista). De todas maneras, vale la pena realizar una aclaración, no todos los planes de estabilización son iguales o dan lo mismo. Es probable que si nos ponemos exquisitos nunca tuvimos en nuestra historia un programa de estabilización en serio, creíble y sustentable. Que implicara un ajuste fiscal duradero y que estuviera fuera de toda duda. Durante la Convertibilidad hubo algunos años con superávit, pero fue el resultado de las privatizaciones y desapareció una vez que éstas terminaron; y durante el Plan Austral el ajuste fiscal nunca terminó de consolidarse. Si estamos en lo correcto y a este gobierno le queda grande (o se le hizo tarde para llevar adelante) la tarea de armar e implementar el cambio de régimen que Argentina necesita, será el próximo el que deba instrumentarlo y llevarlo a la práctica. No es algo imposible. Seguramente todos los días se suman más argentinos que están dispuestos a darle al próximo presidente el mandato para que lo haga. Si decide honrar ese mandato, no tendrá mucho para retribuirles en el corto plazo; durante los primeros meses del próximo gobierno no abundarán las buenas noticias. Pero si lo hace, y se toman desde un primer momento las medidas para que el cambio de régimen resulte evidente e incuestionable, las chances de salir del curso de colisión que llevamos serían realmente altas. Y entonces, con una macro estable y con un marco regulatorio y jurídico más amigable para el sector privado, el crecimiento con equidad volverá a estar al alcance de la mano.

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