El equipo está, solo falta dirigirlo mejor

Aumentó la capacidad de molienda de trigo, pero no se abrieron nuevos mercados para la harina. Lo mismo ocurre con las carnes, cuyas ventas no crecen al ritmo del maíz y la soja. Las claves para aprovechar mejor el esfuerzo ya realizado.

Marianela De e-Milio*

2023-01-02T08:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Sumario

Aumentó la capacidad de molienda de trigo, pero no se abrieron nuevos mercados para la harina. Lo mismo ocurre con las carnes, cuyas ventas no crecen al ritmo del maíz y la soja. Las claves para aprovechar mejor el esfuerzo ya realizado. Argentina fue atravesada por la alegría de un mundial de futbol, que deja mucho más que una copa y una estrella en la AFA. Da la vuelta al mundo el mensaje de un equipo unido y los resultados que pueden lograrse cuando la dirigencia es clara y hay talento en equipo que responde a ella. Si bien somos un país con destacadas habilidades individuales, no nos destacamos en la coordinación de esas individualidades entre sectores. Evidencia de esto es la vulnerabilidad de nuestra balanza comercial, cuyo ingreso de divisas está fuertemente influenciado por la exportación de materias primas —que son condicionadas por el clima y el mercado internacional de commodities— mientras las exportaciones de productos con valor agregado son proporcionalmente mucho menos relevantes. El egreso de divisas por importaciones, por el contrario, se compone de productos de alto valor agregado. Ser deficitarios entonces es una consecuencia de no fortalecer y promover el avance de nuestras producciones sobre la cadena de valor junto al desarrollo de mercados de exportación. GRANOS. La sequía, que atraviesa al país por tercera campaña consecutiva deja mucho más que pobres resultados en la cosecha de cultivos de invierno, como el trigo, y un mal inicio de los cultivos de verano, como soja y maíz, en gran parte de nuestro territorio. El clima adverso ha dejado en evidencia la deficiente administración de reservas públicas del país y la gran dependencia nacional de las exportaciones de granos y cereales, con mínimo o nulo agregado de valor. Hoy estamos a medio camino de la cosecha de trigo, que avanza sobre más del 50% de la superficie, con una proyección de cosecha que podría ser la más baja de los últimos siete años y un rendimiento nacional que podría ser el más bajo de las últimas dos décadas. También estamos a medio camino de la siembra de soja, que avanza apenas por encima del 50% de superficie proyectada, con retrasos del 14% respecto al avance del año pasado a esta fecha, y maíz, con un avance de siembra inferior al 43% y un retraso mayor al 5% respecto al año pasado a igual fecha. Las lluvias pronosticadas para las fiestas navideñas podrían frenar el deterioro de los cultivos de verano, pero la incertidumbre es muy grande y hay una cosecha por delante que amenaza con no ofrecer los volúmenes que las deficitarias reservas de dólares necesitan. Esta realidad es una de las amenazas más importantes para enfrentar el 2023, pero también refleja la debilidad que mostramos como país, con una deficitaria coordinación entre los distintos sectores productivo, industrial y exportador, que resulta en esfuerzos estériles por sumar valor a nuestra producción primaria. Agregar valor a través de procesos de molienda seca, que transforman trigo en harina, y a través de la cría y engorde de animales, que transforman maíz, soja y subproductos en carnes, son algunos de los caminos más frecuentes que se recorren para avanzar sobre la cadena de valor de las materias primas. MOLIENDA DE TRIGO. Argentina, durante las últimas dos décadas, duplicó sus molinos harineros, pasando de 80 a más de 170 molinos, y de una capacidad instalada de molienda inferior a 7 millones de toneladas de trigo a 13 millones. Esta mayor capacidad de agregar valor al trigo no fue acompañada por un crecimiento del consumo local de harina, que prácticamente no tuvo variación, y tampoco por el desarrollo de condiciones comerciales para promover el crecimiento de mercados de exportación de harinas de trigo. Tradicionalmente los países que compran harina argentina son los que pertenecen al Mercosur; la molinería no logra superar barreras como altos costos logísticos y fiscales, que le quitan competitividad hacia destinos extra Mercosur. La consecuencia de esta deficiente coordinación entre crecimiento de capacidad instalada molinera y condiciones comerciales e institucionales para crecer en competitividad exportadora es que la industria muele al 50% de su capacidad instalada no más de 6 millones de toneladas de trigo anual; queda el otro 50% ocioso, con una producción de harina que no alcanza 5 millones de toneladas. Las inversiones realizadas para ampliar la capacidad de molienda no se realizaron coordinadamente con los sectores responsables del diseño de políticas públicas para dar curso a esa potencialidad productiva. Argentina tradujo la mayor producción de trigo de los últimos años en mayor exportación de grano de trigo y no en mayor molienda. Las exportaciones de trigo pasaron de menos de 3 millones a más de 13 millones de toneladas, mientras las exportaciones de harina de trigo, apenas crecieron de 100 mil toneladas a más de 600 mil, cuya proporción no supera el 16% de la harina producida en el país, es decir que el fuerte del mercado molinero sigue siendo el mercado local. Si comparamos el precio de exportación de la harina respecto del trigo, puesto sobre el buque (FOB), en ocasiones logró un valor 70% por encima del precio del trigo y más frecuentemente alcanzó valores 50% superiores al del trigo. Argentina debería enfocarse en las limitaciones que fomentaron inversiones para ampliar capacidad instalada de molienda, pero no desarrollaron los mercados de exportación. La competitividad exportadora se logra con buenos productos y costos de transacción, logística e impuestos que permitan arribar a un precio de exportación que pueda competir con otras harinas en el mundo. La capacidad instalada ya está ampliada y el desafío es elevar los volúmenes de harina exportada y el precio de exportación del complejo triguero. EXPORTACIÓN DE CARNES. La evolución productiva de maíz y soja —dos granos usados como insumo principal para el engorde de animales de carne— ha sumado más del 35% de volumen de cosecha en los últimos seis años. El crecimiento productivo de las carnes (bovina + porcina + aviar), sin embargo, no creció más de 25% los últimos años; es decir, no ha aumentado la producción de carnes al ritmo que lo ha hecho la producción de granos, como consecuencia de límites para crecer o iniciarse en la producción pecuaria. Cuando vemos la evolución de volúmenes exportados del conjunto de granos de soja y maíz, y harinas de soja e insumos forrajeros, concluimos que Argentina ha elevado sostenidamente la exportación de estos productos, que representa más del 70% de su producción. En cuanto a las exportaciones de carnes, que, aunque se han duplicado los últimos tres años, no logran traccionar una mayor producción local de carnes y solo representan del 1% al 2% del total de carnes producidas. Cuando se observan el precio agregado de exportación del conjunto de granos y harina de soja versus el precio agregado de exportación de las tres carnes tenemos un valor de la tonelada exportada que multiplica hasta 12 veces el precio exportador de las carnes respecto a granos y subproductos. Esas limitaciones para exportar se expresan en pérdida de competitividad por un tipo de cambio bajo para exportar y alto para afrontar costos productivos, así como cargas fiscales y logísticas. CONCLUSIONES. La alta capacidad productiva local de commodities y el pobre crecimiento de productos agroindustriales y agroalimentarios, así como las altas proporciones de exportación de granos y subproductos con bajo agregado de valor versus mínimos volúmenes de harina y carnes exportados, resultan en un limitado ingreso de divisas por la falta de coordinación entre sectores. El deficiente desarrollo de políticas públicas que fomenten la competitividad exportadora de los eslabones que van desde los establecimientos productores de harinas y carnes hasta el arribo a los buques de exportación ralentiza el crecimiento de exportaciones con mayor valor agregado y reduce el ingreso de divisas por tonelada exportada. El talento individual está y eso se demuestra por la capacidad de duplicar la capacidad instalada de molienda en solo dos décadas y por el sostén productivo de carnes a pesar de los embates locales y globales. El desafío es aprender la lección que nos dio nuestra selección de futbol: armar un equipo y coordinar individualidades para ganar la copa del desarrollo.

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