Influencers

ALEX PANDEV @LOCURADEALEX

2022-11-04T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Columna Bajo Las Garras De Una Parisina

Mi familia siempre me vio detrás de una caja, con un delantal de nylon rosa y mi nombre cosido en el pecho, cobrando carritos llenos en un supermercado. “Sin futuro” era el mantra de mis padres cuando se referían a mí. Siempre fui una burra en la escuela. Muy burra. Y encima era muy alta: dos veces más alta que todos. Hasta mis hermanos mayores eran más bajos que yo. Mis padres no sabían por qué era tan alta y tan flaca. Un palo llena de granos y cabello graso. Siempre sentada en el fondo de la clase. Soñando. Sola. Y sin amigas. Solo una a quien le decían la gorda. En realidad, se llamaba Betty. Rellenita y llena de alegría: todo lo que yo no tenía. Sus bolsillos siempre llenos de chocolates y galletitas y una eterna sonrisa que dejaba ver sus dientes separados. No daban un peso por ninguna de las dos cuando íbamos juntas. La ballena y el palo. Cuando a mi hermano mayor le regalaron su primera computadora para Navidad, fue un shock para todos. La virtualidad y el mundo entero se colaron en nuestra pobre vida. Estaba fascinada. Era mejor que la tele. Mejor que las pelis. Mejor que todo. Me puse a investigar esta máquina y rápidamente empecé a entender las posibilidades infinitas que me ofrecía. A tal punto que, en poco tiempo, me convertí en una experta. Mi amiga Betty no se quedaba atrás. Ella también entendió y aprendió muy rápido a usar este nuevo juguetito. Un día, cuando volvíamos de la clase, decidimos grabar nuestras miserables vidas de adolescentes y publicarlas en Internet. Al cabo de unas semanas, nos dimos cuenta de que nuestras vidas de mierda habían atraído a un montón de seguidores. No podíamos creerlo. En serio. ¿Quién podía estar interesado en nosotras? Así que se nos ocurrió grabar las puertas de los baños de la escuela y de los cafés y restaurantes, y las caras de los que entraban y salían. Y… Cada vez teníamos más seguidores. No podíamos creerlo. ¿A quién podía interesarle tanta nada y tanto vacío? Entonces Betty y yo creamos nuestro pequeño negocio sobre la “nada misma”. Ella se filma como la gorda que baila, la gorda que se prueba ropa, la gorda que morfa, la gorda que llora… En resumen, la vida de una gorda. Y yo me grabo como la flaca que baila, la flaca que se prueba ropa, la flaca que picotea algo, la flaca que llora… En suma: la vida de una flaca. Nos contactaron los sponsors. No sabíamos bien por qué, pero firmamos a dos manos, en realidad a cuatro manos. Hoy gano más que todos juntos en mi familia... Mis padres y mis hermanos no pueden creerlo. En realidad, yo tampoco. Parece que eso se llama cambio social y civil. Es lo que leí en Marie Claire. Tengo miles de seguidores, y amigos, que me aman. Que me escriben. Que me siguen. De todo el mundo. Soy una influencer. Así es como se llama a la generación de la Nada y del Cero. Vivo con un celular en la mano. Desde que me levanto hasta que me acuesto. Y haga lo que haga, al público le parece fantástico, piensan que soy creativa, delirante y genial. Ayer Betty se estuvo grabando durante dos interminables minutos limpiándose la oreja con un hisopo… Triunfo total. Esta mañana cacé una mosca, la puse dentro de un frasco y la filmé durante 3 minutos con la música de Selena Gomez. Les encantó. Betty y yo, dos ex losers, pasamos al frente. Y aunque todo esto es cierto, es increíble, pero me siento muy sola. Para mi cumpleaños recibí miles de mensajes, pero mis 22 velitas las soplamos Betty y yo solas en un bar. Aunque… Tengo montones de amigos, muchos, muchos, muchos…Pero hay algo que no entiendo: ¿Dónde están? Alguien que me explique.

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