“No es cocinar, es vivir”.

PATRICIA COURTOIS 5 SUELOS - DURIGUTTI WINEMAKERS -

2023-01-17T08:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Lifestyle

Patricia se convirtió en 2018 en la primera ganadora de Gran Prix de Baron B - Édition Cuisine, con un proyecto identitario de la gastronomía del Litoral argentino mostrando la fuerte influencia guaraní en Los Esteros del Iberá. Ese momento marcó un antes y un después en su carrera, que elevó la vara como intérprete de lugares y la colocó en una situación de mejorar e ir por más y mejores territorios para mostrar. “Soy una cocinera peregrina, no es solamente viajera, es bien diferente la palabra. El peregrino va con un motivo, tiene un santo grial que llevar, yo no puedo ser la cocinera estricta de la estructura francesa verticalista, yo necesito hacer meseta y armar equipos. Me defino como una mujer en continuo aprendizaje. Tengo hijos grandes y un nieto de un año. No soy la típica abuela pero una de sus primeras comidas fue un risotto que le hice yo. Me siento muy identificada con “dar de comer”. Hay un diferenciador, yo no cocino, alimento. Los cocineros y cocineras no nos damos cuenta muchas veces la importancia de que alguien se siente a tu mesa, es un acto de confianza. El cocinero está cubriendo una necesidad básica de otro ser humano. Cuando vos transformas el acto de cocinar en eso, funciona con otra energía, creo que los alimentos se transforman, no solo por el calor, la temperatura, la humedad, la técnica, sino con la mano y la energía de quien lo hace”. Para poder desarrollar el restaurante que abrió hace apenas cinco meses, Patricia se mudó literalmente a Finca Victoria, en Las Compuertas, donde se encuentra 5 Suelos. Como única condición pidió tener una huerta orgánica propia, requisito que Héctor Durigutti no tardó en cumplir. Con una propuesta a la carta que cambia según los productos disponibles, la manera de dar protagonismo al vino fue comprender cómo eran las comidas tradicionales de las Fincas y enamorarse tanto de los productos como de las recetas ancestrales de la familia. “Trabajar en un restaurante de bodega te da el privilegio de tener el vino. Es un mundo muy amplio y esta bodega tiene un porfolio enorme. Me doy el lujo de cambiar, no puedo quedarme quieta, es un problema que tengo. No me pongo límites, cambiamos la carta cuando es necesario, cuando hay un producto que nos inspira, cuando podemos. Es la huerta la que manda y yo siempre uso condimento local, es un vehículo para entender el territorio”. El lugar es soñado, con el estilo natural de los cascos de época, la huerta, una fuente y glorieta donde la gente se puede sentar junto a las viñas. Pero para completar una experiencia de reparación, Patricia saca de su mochila repleta de anécdotas, un conocimiento que se transforma en calidez humana, en una sopa de ajo, en una empanada mendocina con la receta de la familia o en una tortita con chicharrón que expresa el espíritu del lugar en su total dimensión. Esa experiencia aplicada es lo que ella llama “la segunda mitad” y que se trata de la puesta en valor de todo el conocimiento adquirido que no es ni mecanizable ni robotizable por ningún sistema. “Hay que darse cuenta de que los valores no están solamente en la juventud. Las personas después de los 50 años tienen las mismas chances que cuando recién salís de la universidad porque hay una puesta en valor de la experiencia. Me interesa que mis equipos sean mujeres porque saben cómo alimentar y además también pienso mucho en esto de la segunda mitad.”. Patricia se sube a su camioneta y disfruta de los caminos luego de haber recorrido kilómetros de vida. La cocina estuvo desde el comienzo, ese es su hilo conductor.

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