SALUD.

Justo cuando la gran mayoría coincidía en que era buena, un estudio acaba de revelar que dormirla con regularidad se asocia con mayores riesgos de presión arterial alta y accidente cerebrovascular. Sus otras desventajas

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

https://kioscoperfil.pressreader.com/article/281595244299019

Salud

El lado oscuro de la siesta Cuando ya era casi unánime la opinión positiva sobre la siesta, ya que muchas recomendaciones se alinearon bajo la idea de que hacer pequeñas siestitas durante la tarde como un modo de resetear el organismo y reiniciar con energía las tareas que restan en la jornada es bueno, un nuevo estudio acaba de revelar que dormirlas con regularidad se asocia con mayores riesgos de presión arterial alta y accidente cerebrovascular. Así lo detallaron en una nueva investigación publicada en la revista especializada Hypertension, perteneciente a la American Heart Association, un equipo de investigadores pertenecientes a la Central South University de China. Los científicos examinaron si las siestas frecuentes podrían ser un posible factor de riesgo causal de presión arterial alta y/o accidente cerebrovascular. Este es el primer estudio que utiliza tanto el análisis observacional de los participantes durante un largo período como la aleatorización mendeliana, una validación del riesgo genético para investigar si las siestas frecuentes se asociaron con presión arterial alta y accidente cerebrovascular isquémico. “Estos resultados son especialmente nteresantes ya que millones de personas pueden disfrutar de una siesta regular o incluso diaria”, afirma E. Wang, profesor y presidente del Departamento de Anestesiología en Xiangya Hospital Central South University y autor del estudio. La investigación Los especialistas utilizaron información del UK Biobank, una gran base de datos biomédica y un recurso de investigación que contiene información genética, de estilo de vida y de salud anonimizada de medio millón de participantes del Reino Unido. UK Biobank reclutó a más de 500.000 participantes de entre 40 y 69 años que vivieron en el Reino Unido entre 2006 y 2010. Los participantes proporcionaron regularmente muestras de sangre, orina y saliva, así como información detallada sobre su estilo de vida. La encuesta de frecuencia de sies tas durante el día se realizó 4 veces entre 2006 y 2019 en una pequeña proporción de participantes del Biobanco del Reino Unido. El grupo de Wang excluyó los registros de personas que ya habían tenido un accidente cerebrovascular o tenían presión arterial alta antes del inicio del estudio. Esto dejó a unos 360.000 participantes para analizar la asociación entre la siesta y los primeros informes de accidente cerebrovascular o presión arterial alta, con un seguimiento promedio de unos 11 años. Los participantes se dividieron en grupos según la frecuencia de siestas autoinformada: “nunca/rara vez”, “a veces” o “generalmente”. Los profesionales detectaron un mayor porcentaje de hombres entre los toman siestas habituales, tenían niveles de educación e ingresos más bajos, y reportaron fumar cigarrillos, beber a diario, insomnio, roncar y ser una persona nocturna en comparación con los que nunca o algunas veces toman siestas. En comparación con las personas que informaron que nunca tomaban una siesta, quienes solían dormir tenían un 12% más de probabilidades de desarrollar presión arterial alta y un 24% más de probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular. Los participantes menores de 60 años que generalmente dormían la siesta tenían un 20% más de riesgo de desarrollar presión arterial alta en comparación con las personas de la misma edad que nunca dormían la siesta. Después de los 60 años, la siesta habitual se asoció con un 10% más de riesgo de presión arterial alta en comparación con aquellos que informaron que nunca habían dormido por la tarde. Alrededor de las tres cuartas par tes de los participantes permanecieron en la misma categoría de siesta durante todo el estudio. El resultado de la aleatorización mendeliana mostró que si la frecuencia de las siestas aumentaba en una categoría (de nunca a algunas veces o de algunas veces a casi siempre), el riesgo de presión arterial alta aumentaba un 40%. La mayor frecuencia de siestas se relacionó con la propensión genética al riesgo de presión arterial alta. Esto puede deberse a que, aunque tomar una siesta en sí no es dañino, muchas personas que toman siestas pueden hacerlo debido a la falta de sueño por la noche, lo que se asocia con una peor salud, y las siestas no son suficientes para compensar eso. Este estudio se hace eco de otros hallazgos que generalmente muestran que tomar más siestas parece reflejar un mayor riesgo de problemas con la salud del corazón y otros problemas. Los autores recomiendan en su escrito un examen más detenido de las asociaciones entre un patrón de sueño saludable, incluidas las siestas durante el día, y la salud del corazón. Seis contras Estos son algunos de los otros problemas de la siesta: 1. A veces produce dolor de cabeza: no es frecuente que ocurra, pero puede desencadenar un tipo específico de dolor conocido como cefalea hípnica o cefalea despertador. El sueño actúa como un interruptor de este problema de origen desconocido. Solo se sabe que afecta a personas predispuestas biológicamente a padecerlo y, en general, a partir de los cincuenta años. La intensidad suele ser moderada, pero lo suficientemente molesta como para interrumpir el descanso. Y tiene una peculiaridad: es más fuerte en los hombres que en las mujeres. La cefalea puede durar entre veinte minutos y varias horas, y afectar al lado izquierdo de la cabeza, al derecho o a ambos a la vez. 2. En los maduros no funciona: según el Instituto del Sueño del Hospital Pellegrin de Burdeos, en Francia, conforme cumplimos años la cabezada deja de tener los efectos en el restablecimiento de la atención que le atribuyen los estudios. Lo vieron comparando sus consecuencias en un grupo de jóvenes de entre 20 y 25 y en otro de cuarentones a los que pusieron al volante media hora después de haber tomado café o de haber dormido una siesta de media hora. El estado de alerta lo midieron contando las veces que el vehículo pisaba la banda lateral de la vía. La conclusión fue clara: mientras que en los jóvenes el descanso tenía las mismas consecuencias que el café -los desvelaba y podían estar atentos a la conducción-, en los maduros no. El riesgo de pisar la línea de la carretera se reducía en un 23% entre los mayores de 40 años, y entre los veinteañeros alcanzaba el 66% 3. Favorece el insomnio: cada persona tiene un ritmo de sueño y vigilia, pero el de algunas es tan vulnerable que una siesta puede arruinar el descanso nocturno. Para atajar el problema, según los especialistas, hay que detectar cuál es la causa y conviene aplicar medidas de higiene: si una persona que sufre insomnio se echa a dormir después de comer, tiene que ser durante muy poco tiempo y dejando un intervalo de al menos siete horas entre la siesta y la noche. 4. Con EPOC avanzada, prohibida: salvo que se tenga a mano el dispositivo que garantiza una buena oxigenación de la sangre durante el sueño, las personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) tienen contraindicada la siesta. La razón es que la relajación de la musculatura que se produce durante el descanso puede hacer que el enfermo sea incapaz de movilizar suficiente aire para respirar correctamente y aparezca fatiga o incluso insuficiencia respiratoria. 5. Acentúa los problemas gástricos: Si alguien con hernia de hiato se tumba recién comido va a tener reflujo gastroesofágico y el descanso no va a ser reparador; por eso, es mejor que duerma sentado. La misma norma deberían aplicarse a las personas muy obesas. 6. Puede indicar apnea del sueño: si una persona necesita descansar a mediodía durante más de una hora para despejarse, debería ir al médico para comprobar si sufre apnea. El sueño puede deberse a las interrupciones en la respiración que se producen durante la noche que hacen que este no sea reparador.

es-ar