Rebote de verano: la recuperación de la economía en 2021 no podrá sostenerse este año por la escasez de reser

La recuperación de la economía en 2021 no podrá sostenerse este año por la escasez de reservas y los desequilibrios persistentes.

TRISTÁN RODRÍGUEZ LOREDO trloredo@perfil.com @trloredo

2022-01-15T08:00:00.0000000Z

2022-01-15T08:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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ECONOMÍA

Data mata relato. Cuando en la discusión económica aparecen los números, no desaparece la subjetividad, sino que se enfoca en la interpretación de las cifras que muestran lo que ocurre. Esto fue lo que ocurrió en la semana con el duelo dialéctico alrededor de una cifra incontrastable: 11% estimado de aumento del PBI para el año que terminó. Ya el tercer trimestre había crecido 11,9% con respecto al mismo período del año anterior, tendencia que se mantuvo, finalmente, para todo 2021. Pero a partir de ese número, las explicaciones y comparaciones dispararon la polémica: espejismo vs. milagro. Para el Gobierno, la recuperación de la actividad económica es el inicio de un ciclo virtuoso de crecimiento facilitado por el cambio de política impulsada a mitad de año. La restricción monetaria del primer semestre, necesaria para contrarrestar el tsunami de emisión de la pandemia con elecciones a la vista, se flexibilizó la política fiscal y, por lo tanto, monetaria (se estima que la emisión de origen fiscal fue de $1,92 billones, un 4,1% del PBI, pero $1,76 fue en el segundo semestre). Mientras el Premio Nobel Joseph Stiglitz ve en esas cifras un “milagro” de su pupilo Martín Guzmán (ver nota de tapa), otros lo entienden como un proceso en el que sólo se aceleró la recuperación luego de 2020. DATOS. En la última edición de Novedades Económicas, del IERAL, se concluye que lo que en realidad ocurrió durante el año pasado fue que se profundizó la volatilidad de la economía argentina, que se traduce en ciclos de caída y recuperación cada vez más abruptas. “Cada intento de expansión fiscal y monetaria contiene las semillas de su propio ajuste, sea por la aceleración inflacionaria que licúa la demanda agregada, sea por la falta de capacidad de financiamiento de las importaciones necesarias para lubricar la oferta de bienes y servicios”, subraya el documento, firmado por Jorge Vasconcelos y Belén González. Jorge Colina, economista jefe de IDESA, califica a los números positivos del año pasado como un simple rebote de la gran caída del año anterior, pero que no puede ser sostenido en el tiempo. “Eso no fue crecimiento, sino que todavía estamos por debajo de 2019 en términos de PBI, pero es imposible que continúe este proceso con una inflación del 50% y un gran déficit fiscal”, destaca. Este cuello de botella monetario y productivo: “el Tesoro absorbe todos los ahorros privados con bonos públicos y el Banco Central con Leliqs: la producción no tiene cómo financiar una expansión”. CEPO IMPORTADOR. Además, el otro obstáculo seria que ya se enfrenta la economía para sostener el ritmo de recuperación es la de la restricción externa: el virtual agotamiento de las reservas internacionales del Banco Central. Con una brecha cambiaria cercana al 100%, es lógico que la presión apunte por dos lados en la misma dirección. Los exportadores están menos apurados por liquidar sus ventas y, además, opera como un castigo junto a las retenciones para el sector agropecuario. En cambio, para los importadores, se acelera la demanda de dólares “oficiales” por su bajo valor o simplemente para adelantar compras futuras. Con los pagos ya decididos a realizarse en este mes, la cuenta llegaría a su nivel mínimo antes del hito financiero en el horizonte del 22 de marzo: el pago al Fondo Monetario Internacional (FMI) por el crédito de 2018 por US$ 44.000 millones, para el cual ya no hay más fondos y dependería de una reprogramación integral para que se logre esta paz cambiaria. La negociación con el FMI debería abandonar en el corto plazo sus idas y vueltas para arribar a acuerdos ciertos y despejar incógnitas. Lo que el Gobierno denomina “condicionamientos” exigidos por los técnicos del organismo financiero internacional en realidad son factores que marcan la cancha en un futuro programa económico: el plan “plurianual” que aún espera su debate en el Congreso. CONDICIONES. Justamente los puntos en disputa tienen que ver con lo que se proclama como el crecimiento sostenidos de la economía: déficit fiscal, tarifas de servicios públicos, tipo de cambio, nivel de reservas y tasa de interés. Martín Guzmán podría traducir estos cinco factores como lastres que aplacarían el “milagro argentino” porque bajarían las expectativas de crecimiento de la economía para situarla cerca de su capacidad natural o sostenible. El déficit fiscal primario de 2021 fue de algo más del 3% del PBI y hay acuerdo en que debería ser 0, pero se difiere en cuándo ocurrirá esa convergencia: el Gobierno quiere que sea en 2027 y el FMI mucho más cerca. El tipo cambio debería acelerar su devaluación para equilibrar la balanza; pero está vinculado con la otra variable externa: el aumento del nivel de reservas, imposible con esta brecha y con la incertidumbre climática que socava el optimismo agropecuario, por más que los precios internacionales sigan firmes. También influye en esta variable el monto destinado a subsidiar las tarifas de los servicios públicos, que ya en el tímido Presupuesto 2022 rechazado, se proyectaba que iban a reducirse con respecto a los del año anterior. Justo en momentos en que la política tarifaria desnudó su inoperancia en cuanto a la inversión en el último tramo del servicio. Por último, la tasa de interés, tradicionalmente sepultada bajo la inflación creciente, es inevitable para evitar la fuga de fondos de la bola de nieve de Leliqs, pero operaría en contra de más actividad económica. El Banco Mundial ya proyectó un crecimiento del 2,6% para este año, quizás previendo que la épica chocará contra el realismo; o bien, que un default programado podría producir una política expansiva, pero de corto recorrido.

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