Biden va por Trump: a un año de la toma del Capitolio el presidente estadounidense cambia su estrategia de no

A un año de la toma del Capitolio el presidente estadounidense cambia su estrategia de no confrontar con su antecesor.

MAXIMILIANO SARDI msardi@perfil.com @maxi_sardi

2022-01-15T08:00:00.0000000Z

2022-01-15T08:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

https://kioscoperfil.pressreader.com/article/281663963371221

INTERNACIONALES

La toma del Capitolio del 6 de enero de 2021, cuando los partidarios del ex presidente Donald Trump irrumpieron en Washington para evitar la proclamación del demócrata Joe Biden, es vista hoy globalmente como uno de los momentos más oscuros en la historia de la democracia estadounidense. Nunca antes la nación había presenciado un intento tan organizado y violento de derrocar al gobierno electo. Nunca antes, ni siquiera en el apogeo de la Guerra Civil, había ondeado la bandera confederada sobre los pasillos del Congreso norteamericano. Un año ha pasado apenas pero mucho ha cambiado: el presidente Joe Biden, legítimo ganador de las elecciones de 2020, abandonó su actitud moderada para enfrentar fuertemente en su discurso Trump y seguidores. INFLEXIÓN. Desde que asumió el cargo hace casi exactamente un año, Biden ha ignorado deliberadamente a Trump. Rara vez ha mencionado a su predecesor por su nombre. Y se ha negado a contestar las provocaciones del ex presidente, quien proclama aun que los demócratas robaron la votación de 2020: lo que Trump denominó la "gran mentira". Biden buscó hasta ahora reunificar a una nación dividida apelando a lo que él llamó “nuestro mejor yo", llamando a mirar hacia el futuro y no hacia el pasado. Pero no funcionó. En los últimos 12 meses Trump se ha rearmado. El líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, es una de sus espadas para trabar los proyectos del oficialismo. Y el hacedor de reyes -de extrema derecha- Steve Bannon ha vuelto a trabajar para instalar al magnate como el principal contendiente presidencial de su partido en 2024. El ejercito de militantes que tomó el Capitolio sigue activo (aunque muchos han ido a prisión: ver recuadro), y poderoso en redes (tiene apuntado además para el 21 de febrero el lanzamiento de su propia app, que se llamará Truth Social), donde se pregona la "gran mentira". Aunque la teoría trumpista sea verdaderamente eso: carece de base fáctica, y desa fía numerosas sentencias judiciales, recuentos de votos e investigaciones electorales. Biden en tanto entiende finalmente que el veneno de Trump corroe las instituciones gubernamentales de Estados Unidos e incita a la lucha civil. Que representa un peligro claro y presente para la seguridad nacional, la estabilidad y la democracia de Estados Unidos. Y que debe ser detenido. CAÑOÑES. El discurso de Biden del 6 de enero pareció desencadenar una nueva estrategia para hacer precisamente eso. El presidente sostuvo que Trump “estaba sosteniendo una daga” en la garganta de la democracia estadounidense, y que “su red de mentiras” ya “no puede tolerarse”. Trump “reunió a la mafia para atacar y luego no hizo nada para detener la violencia que siguió”, condenó Biden apuntando todos sus cañones contra el ex presidente. El cambio repentino de estrategia a la confrontación abierta conlleva peligros obvios. Contribuye a la agenda y el ego de Trump, convirtiéndolo en el centro de atención. Y ciertamente desde el análisis republicano es leído como indicativo de debilidad política. Los índices de aprobación de Biden son bajos, su agenda legislativa se ha estancado, los demócratas en el Congreso están divididos y se espera que el partido pierda el Congreso en las elecciones de noviembre. Por esas mismas razones Biden realmente no tuvo más opción que pasar a la ofensiva. El trumpismo -y sus "hechos alternativos"-, para ser derrotado y desacreditado, debe ser “desafiado pública y enérgicamente en todo momento”, le marcaron a Biden sus asesores. Los recursos legales, atenuados hasta ahora por el Departamento de Justicia para no potenciar la grieta, deben perseguirse con renovado vigor y determinación, remarcan en la Casa Blanca. “El camino legal para investigar a los líderes del intento golpista es claro. El código penal prohíbe incitar a una insurrección o 'dar ayuda o consuelo' a quienes lo hacen, así como conspirar para 'prevenir, obstaculizar o retrasar la ejecución de cualquier ley' por la fuerza ”, señaló el constitucionalista estadounidense Laurence Tribe, uno de los consultados por la administración Biden. Las numerosas acciones documentadas de Trump y su círculo para intentar revertir la votación de 2020 proporcionan argumentos para la investigación y el enjuiciamiento penal, creen en la Casa Blanca, donde no callan sus enojos con el fiscal general, Merrick Garland por dilatar la investigación. Biden entiende finalmente que el mejor antídoto contra la peligrosa prédica de Trump y los temores de una guerra civil es la ley misma. Y cortar su rearmado antes de que sea demasiado tarde.

es-ar