Un ballottage que elegirá presidente, pero no reforzará la democracia

2022-06-19T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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Politica

Con un 40% de pobreza y una economía en plena recuperación pospandemia, el margen de maniobra del próximo presidente, sea el izquierdista Gustavo Petro, senador, o el personalista y conservador Rodolfo Hernández, ex alcalde de Bucaramanga, será estrecho. Pero algo tenemos en claro: el futuro de la democracia colombiana no es muy alentador. que facilitarían la gobernabilidad, en el caso de que gane Hernández la situación será aún más compleja ya que solamente tiene dos representantes en el Poder Legislativo. Esto lleva a que el próximo presidente tenga que gobernar con decretos o peor: ambos manifestaron que utilizarían la herramienta del Estado de Excepción para evitar la paralización de la gestión. Y la relación compleja con el Congreso es un impedimento especialmente preocupante en un escenario como el colombiano, con dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta prometiendo reformas estructurales que necesitan indefectiblemente la aprobación legislativa. ¿Cómo logrará Petro, en caso de ganar, modificar el sistema de pensiones sin que su proyecto pase por el Congreso? En el caso de Hernández, la situación es aún más grave ya que atraviesa un proceso judicial en su contra por presuntos delitos, vinculados con la asignación de contratos de obra pública cuando era alcalde de Bucaramanga. En caso de que la Justicia lo encuentre culpable y pierda los fueros, Hernández podría incluso ser destituido por el Congreso a los seis meses de asumir si no armara una coalición legislativa lo suficientemente robusta que le permita permanecer en el poder. Pero, además, el problema podría empeorar en el caso de que este escenario complejo para la democracia también se traslade a la opinión pública y más precisamente, a la calle. La parálisis gubernamental y las tensiones con el Congreso y las instituciones suelen ser problemáticas para cualquier gobierno, pero en el caso colombiano esto es aún más preocupante por el contexto de polarización ideológica e inestabilidad social. Este descontento podría generar nuevas movilizaciones sociales masivas, como en 2020 y 2021, como una forma de protesta por parte de un sector que ve que las promesas de campaña no se ven plasmadas en la realidad, ya sea porque el Poder Legislativo impide dichas reformas, o sencillamente porque ante miradas tan polarizadas es imposible conciliar todas las posiciones y más aún cuando para muchos indecisos, concurrir a votar es, en sus palabras “elegir un mal menor”. Gane quien gane, es muy probable que ninguno pueda desarrollar su agenda de campaña en su totalidad. Con un 40% de pobreza y una economía en plena recuperación pospandemia el margen de maniobra del próximo presidente será estrecho. Pero algo tenemos en claro: el futuro de la democracia colombiana no es muy alentador.

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