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Perfil (Domingo) - 2021-05-02

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El Gobierno negocia con cuba por una gotas nasales anti covid

POLÍTICA

MARIANO BELDYK

Con el arribo de las últimas dosis adquiridas de Sinopharm a la Argentina, el Gobierno entró ahora en una carrera contra los proveedores para recibir más vacunas, con desigual perspectiva de horizonte temporal. En paralelo, piensa en alternativas que pueden ayudar a prevenir la reproducción del coronavirus como el Nasalferón, unas gotas nasales cubanas que, si bien no se equiparan con los inmunizantes, actúan como una barrera más contra la Covid-19 para cortar las cadenas de contagio estrecho o prevenir cuadros graves. Esta semana, el canciller Felipe Solá recibió en sus oficinas al embajador de Cuba en Argentina, Pedro Pablo Prada, para conversar acerca del posible financiamiento de una de las vacunas contra la Covid 19 que se desarrolla en la isla. El comunicado posterior de la reunión también dio cuenta de un segundo tema, por pedido de la cartera que comanda Carla Vizzotti: “un medicamento de uso nasal que impide en un alto porcentaje el ingreso de los virus a la mucosa”. Esas gotas nasales serían el Nasalferón. Se trata, en rigor, de un derivado del Interferón, una droga elaborada en la isla desde los ‘80s y por la cual el Gobierno ya había mostrado interés en 2020, en paralelo a otros recursos. De hecho, la Argentina participó de un estudio denominado Solidarity que promovía la Organización Mundial de la Salud (OMS) en busca de una respuesta efectiva contra el virus. Dentro de Cuba, incluso, el Nasalferón se testeó en 17.241 trabajadores de la salud y 1.105 personas vulnerables, reportó la Academia de Ciencias de Cuba. Fueron dos ensayos, en principio, en fase 1 y 2 que culminaron en junio y noviembre de 2020 sobre unas 120 personas en total, según figura en el Registro Público Cubano de Ensayos Clínicos (RPCEC). No hay mayores detalles acerca de sus resultados. El Nasalferón funciona, entonces, como una suerte de bloqueador para el ingreso de virus al organismo, a través de las fosas nasales. Entre ellos, el del SARS-CoV-2 que, se sabe ya, se disemina, en gran medida, por el aire, en contacto estrecho con infectados. En paralelo, fortalece el sistema inmunológico acorde a las propiedades de su droga base. La dosis consiste en “una gota, por vía nasal, en la mañana y otra en la noche, por un período de entre cinco y 10 días” para “disminuir los contagios y prevenir el desarrollo de síntomas severos en caso de adquirir la enfermedad”, detalló en redes el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba, a cargo de su producción. A principio de enero, el gobierno de Miguel Díaz-Canel decidió ampliar la prueba del Nasalferón a la población en general, apuntando a quienes tuvieran contacto estrecho con extranjeros o nacionales en el exterior de visita en la isla. Se arrancó por los municipios de Boyeros y Diez de Octubre, en la capital, y se le indicó a los locales que debían arrancar con el tratamiento “tres días antes del arribo del viajero a su domicilio”. Por supuesto, las gotas nasales se distribuyen en frascos de utilización individual. A diferencia de la vacuna Soberana, en la que el Gobierno argentino ha mostrado interés en potenciar la producción desde el sur del continente en un esquema asociativo similar al que se intentó con México –y que hoy está demorado–, no se especificó aún cuáles serían las intenciones con el Nasalferón: si adquirirlo o producirlo. Tan solo se reportó que, al igual que con el inmunizante, desde el Ministerio de Salud de la Nación también están intercambiando información científica respecto a esta droga. n

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