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Perfil (Domingo) - 2021-05-02

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“argentina es un país que puede liderar en biotecnología a nivel internacional”

POLÍTICA ECONÓMICA

LEANDRO DARIO

Casi veinte años después de su fundación, en el tumultuoso diciembre de 2001, Bioceres logró esta semana un hito al dar la tradicional campanada de apertura en el Nasdaq, el índice tecnológico de Wall Street, donde su acción subió un 124% en lo que va del año y cerró el viernes en 15 dólares. En diálogo con PERFIL, su CEO, Federico Trucco, afirmó que Argentina “puede liderar en biotecnología a nivel internacional” y destacó que la ciencia no es un gasto, sino una inversión. Creadora del primer trigo transgénico resistente a sequías del mundo, la compañía está cerca de convertirse en el próximo unicornio argentino, el primero de la biotecnología aplicada a la agroindustria. “Desde un punto de visa histórico en el mundo del agro en Argentina hay un antes y un después desde la incorporación de la biotecnología”, asegura. —¿Por qué el agro ha innovado tanto y es tan competitivo globalmente y otros sectores de la economía argentina necesitan protección? —La respuesta sencilla es los recursos naturales. Y creo que eso no es verdad. Hay un montón de lugares que tienen recursos tan ricos o más que los nuestros. Venezuela es un claro ejemplo de que eso no se traduce en una ventaja competitiva en forma automática. En el agro hay un actor que es naturalmente curioso, que busca la productividad por sobre la renta, mientras que en otras industrias si no está la renta claramente definida, la inversión no ocurre. Para el país es bueno que la gente tome decisiones más basadas en la productividad que en la renta. Y creo que ese es un fenómeno cultural no estudiado en profundidad pero que está en el germen de la razón de ser de Bioceres y de cómo se fue gestionando casi como una cooperativa de la industria del conocimiento. —¿Por qué está subiendo tanto la acción? —Es difícil a veces entender por qué el mercado responde de la forma que responde. He aprendido que los procesos no son lineales. Hay un contexto general de precios de commodities y de lo que es la revalorización de las materias primas que nos ayuda como industria, que de alguna manera correlaciona directamente con el ingreso de nuestro primer cliente, que es el productor. Este sector no ha estado fuertemente afectado en sus ingresos o en su rentabilidad con los efectos del covid. Y todo lo que está vinculado a la ciencia hoy está jerarquizado por la pandemia y la disrupción que eso significó en nuestras vidas. Eso más allá de los deberes que fuimos haciendo en la estructura de capital, eliminando derivados que heredamos del proceso de listado. Compramos parte de las compañías que teníamos compartidas con los socios de afuera. Eso también explica el recorrido de estos cuatro meses del año. —¿Puede Bioceres ser el primer unicornio biotecnológico y del agro de Argentina? —Creo que es una posibilidad tangible. No es una locura. De la misma manera que en 2001 no nos hubiésemos ilusionado con llegar al mercado de capitales internacional, hoy creo que ya hay un camino recorrido por el cual esa posibilidad para la mayoría de nosotros no es vista como una locura. Para mí no sé si es importante. Quizás es simbólicamente importante porque nos hace pensar que podemos, nos entusiasma, pero al final del día todo esto son instrumentos para otro propósito, no un objetivo en sí mismo. Si sos un unicornio, tenés una buena capitalización de mercado, quizás tengas más botones en la botonera para poder llevar adelante tu misión. —¿Cómo esquiva Bioceres el “riesgo argentino” que ahuyenta inversiones extranjeras? —Argentina es un país difícil para escalar y monetizar cualquier tipo de proyecto de negocios. Quizás en el agro es un poquito menos difícil porque es el único de los mercados domésticos que tiene inserción y relevancia internacional. No obstante, es difícil porque hay volatilidad política y macroeconómica, una serie de dificultades, desde lo fiscal a lo cambiario, y desde el acceso al capital. Pero Argentina es sumamente competitivo para la construcción de activos de propiedad intelectual. Cuando tengo que transformar un dólar en una patente, en una idea, esa conversión ocurre de forma más favorable que en Estados Unidos, en Israel, o en Europa, porque el recurso central para eso, que puede ser un biólogo o un programador, es relativamente económico. Algunas empresas que han tenido éxito han sabido construir el intangible localmente, con el talento, la creatividad y la formación de nuestros recursos humanos, y luego llevar adelante el escalado de la monetización en los mercados que son más relevantes. Ahí hay un desacople que si lo comunicas, el inversor lo entiende. —¿Qué potencial tiene Argentina en biotecnología? —Es un país que puede liderar a nivel internacional. Tenemos algo que no es sencillo: altura inventiva. China es conocida por tratar de copiar y mejorar tecnologías que han desarrollado otros países, pero no tiene Premios Nobel en ciencias biológicas. Argentina tuvo tres. La originalidad te da en el mundo de los negocios márgenes de maniobra. Desde el punto de vista de elegir las batallas, el mundo de la biotecnología nos permite igualar el campo de acción porque trabajamos en un espacio donde la fuerza bruta entendida como el capital no termina de ser determinante, donde la originalidad garpa y eso para un país que tiene recursos limitados es muy positivo. Creo que tenemos una oportunidad fantástica. —¿En qué consiste el trigo modificado genéticamente resistente a sequías? —Tiene un gen del girasol que le permite producir más en condiciones de sequía, un 20% en promedio. En algunas zonas donde la sequía es casi crónica y hay malezas, podemos lograr aumentos de productividad del 50 o 60%. No es tecnología que nos aumente el techo de productividad. Cuando el año es normal y no hay sequía, estos cultivos rinden lo mismo que los trigos actuales. Pero sí levantan el piso cuando las condiciones son adversas. Y cuando lográs una menor volatilidad ambiental, vas hacia prácticas agrícolas que tienden a ser más amigables con el manejo del ecosistema, podés invertir en rotación de cultivos, reponer los nutrientes del suelo. Esta es una tecnología que permite evitar que la agricultura avance sobre la frontera, porque logramos más productividad en zonas afectadas por la sequía. Eso puede representar 100, 150 dólares más por hectárea que si lo llevás a los 3 o 4 millones de hectáreas donde sembramos trigo y hay estos problemas son cientos de millones de dólares por año. Es una tecnología que además tiene un impacto positivo en reducción de la huella ambiental, y en la fijación de dióxido de carbono. —Organizaciones ecologistas se oponen a los cultivos transgénicos argumentando que los agrotóxicos son perjudiciales para la salud. ¿En qué medida Bioceres tiene en cuenta esos argumentos? —Decidimos invertir en un espacio distinto al que tradicionalmente ha sido atendido por las grandes compañías biotecnológicas. No buscamos desarrollar cultivos que nos permitan vender más un producto químico, como puede ser un herbicida, sino que buscamos desarrollar cultivos que sean más resilientes a las situaciones ambientales fluctuantes que tenemos en la agricultura mundial.

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