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Perfil (Domingo) - 2021-05-02

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Un instrumento político

INTERNACIONALES

Ş. VURAL ALTAY*

Presento aquí mis comentarios con respecto a los antecedentes reales y fácticos de los sucesos de 1915. Cada año hemos sido testigos de las injustas e infundadas acusaciones contra nuestro país y nación en relación a lo sucedido a los armenios de Anatolia durante la I Guerra Mundial. Se ha vuelto más decepcionante, aunque no menos sorprendente que, debido a la fuerte presión y manipulación del lobby armenio, algunos políticos reconozcan públicamente cada año la narrativa unilateral del lobby sobre los sucesos de 1915, y digan cosas de las que no tienen conocimientos históricos. Al fin y al cabo, ¿Qué pueden saber con exactitud los políticos sobre lo que sucedió en 1915 en Anatolia entre dos pueblos que vivieron juntos durante 800 años o por qué les interesaría? Este año lo que resulta más doloroso, es observar que cuanto más se arraiga la mentira del “genocidio armenio” en países donde los políticos solo lo usan como un instrumento para conservar a su electorado, la realidad y lo que el pueblo de Anatolia de esa época en particular tuvo que sufrir bajo las terribles condiciones de una guerra devastadora, ya sea, turcos, kurdos, judíos o armenios, se está distorsionando. Entre 19121922, murieron alrededor de 3 millones de anatolios, de los cuales se estimó que solo 300-600 mil eran armenios. De hecho, más de 2,5 millones de musulmanes murieron en ese período. No se debe olvidar que los trágicos sucesos de 1915 comenzaron debido a las rebeliones de los armenios otomanos reunidos bajo los grupos insurgentes llamados “Dashnaks” y “Hunchaks”. Estos grupos armados intentaron perpetrar una limpieza étnica masacrando a mujeres y niños turcos que carecían de protección debido a que sus padres estaban luchando en el Ejército otomano, el cual se encontraba en guerra en muchos frentes en ese momento. Estos grupos también allanaron el camino para la invasión rusa de Anatolia oriental. El Imperio Otomano no tuvo más remedio que reubicar a los armenios de Anatolia en lugares más seguros, no solo para poner fin a las atrocidades, sino también por su propia seguridad ya que estos grupos también comenzaron a matar a los armenios que se oponían a estas brutalidades. Contamos con documentos e informes oficiales en los archivos otomanos que muestran que el gobierno otomano dio instrucciones a los oficiales de seguridad y gobernadores locales para que tomaran todas las precauciones necesarias que permitieran la seguridad de los armenios. Todos estos hechos están abiertos a las partes interesadas en nuestros archivos. Ningún país o congreso tiene el derecho o la competencia para comentar sobre hechos históricos que acarrean sufrimientos de varios pueblos, basando sus opiniones solamente en los testimonios de uno solo de ellos. Estos eventos deben ser discutidos entre los historiadores, académicos y expertos para fundamentarse. Turquía no tiene temor de abrir sus archivos o proponer a la parte armenia la creación de una Comisión Conjunta de Historia para llegar a una memoria imparcial; de hecho, esta propuesta sigue intacta a pesar de que Armenia nunca ha respondido a ella. El crimen de genocidio ha sido específicamente descripto en la pertinente Convención de la ONU de 1948. No existe un tribunal internacional competente que haya reconocido los sucesos de 1915 como tales. Por lo tanto, las declaraciones políticamente impulsadas aquí y allá no están ni legal ni moralmente autorizadas para juzgar asuntos históricos. Estas declaraciones son nulas y sin efecto ya que no tienen antecedentes ni legales ni históricos. Además, son desafortunadas, injustas, y no constructivas. Tampoco contribuyen a los esfuerzos de normalización entre Turquía y Armenia, el cual constituye el único camino para traer paz duradera, estabilidad y prosperidad a la región del Cáucaso Meridional. Turquía no sucumbirá a la creciente politización de los sucesos de 1915 debido a las presiones de la diáspora armenia. Continuaremos esforzándonos por curar las heridas del pasado y construir un futuro común con todas las comunidades con las que hoy convivimos sin cálculos ni intereses, pero con la franqueza de vivir en el mismo país, bajo la misma bandera y con los mismos valores. Esperamos que tarde o temprano el estado armenio comprenda que no puede ser controlado desde el exterior por la diáspora armenia que vive en California, Marsella o Buenos Aires, y que se relacione con sus vecinos de forma positiva, con buena voluntad y sin precondiciones. Demás está decir que ese tipo de enfoque beneficiará a la mayoría y pondrá fin a los sufrimientos de casi 2 millones de ciudadanos armenios que viven con privaciones y en situación de pobreza en Armenia. *Embajador de la República de Turquía en Buenos Aires

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