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Perfil (Domingo) - 2021-05-02

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Restaurar la verdad histórica

INTERNACIONALES

HOVANNES VIRABYAN*

El 24 de abril se cumplió el 106° aniversario del genocidio armenio. En la Argentina, las ideas de memoria, justicia y verdad están tan arraigadas, que todo el pueblo argentino es, voluntaria o involuntariamente, portador de esos valores. Ese es nuestro punto en común. En este contexto, en primer término deseo agradecer la posición principista de las autoridades argentinas, como así también de los medios de comunicación, incluido PERFIL, por la amplia cobertura y el esclarecimiento del tema. Lamentablemente, debemos tomar nota de que, paralelamente a los esfuerzos de la comunidad internacional, hoy enfrentamos una vez más la catástrofe del extremismo, las graves violaciones de los derechos humanos, del derecho internacional humanitario y de la vida y la dignidad humanas. La manifestación extrema de lo anterior ha ocurrido con la agresión militar desencadenada el 27 de septiembre de 2020 por Azerbaiyán contra los armenios de Artsaj (Nagorno Karabaj, NDR) con participación directa de Turquía, con los crímenes de guerra y las atrocidades cometidas, y la situación de crisis humanitaria resultante. Hasta el día de la fecha no se han resuelto por completo las cuestiones que requieren una atención urgente en el marco del conflicto de Nagorno-Karabaj, como la repatriación inmediata de los prisioneros de guerra y de los civiles retenidos como rehenes. Continúa también el genocidio cultural... Azerbaiyán está siguiendo diligentemente el ejemplo de Turquía de borrar a toda costa las huellas armenias de la región y de tergiversar la historia; primero lo hizo en Najicheván, y ahora en los territorios bajo su control en Artsaj. Aún hoy continúa la política armenofóbica de Turquía. En lugar de pedir perdón por el crimen de lesa humanidad, las autoridades turcas actuales niegan, acusan y amenazan. Al justificar el genocidio perpetrado por el Imperio Otomano, la dirigencia turca está convirtiendo a la Turquía contemporánea en cómplice del crimen. Las justificaciones y acusaciones de genocidio contra el pueblo armenio, es decir, contra las propias víctimas del crimen, son tan infundadas, fuera de toda lógica, anacrónicas y tan alejadas de las escalas de valores humanitarios, que no tiene ningún sentido interpretarlas. Solo causan rabia y confusión. Imaginen por un momento que las autoridades actuales de Alemania justificaran a Adolf Hitler y el Holocausto. Por decirlo suavemente, es difícil de imaginar ¿verdad? Lamentablemente, la realidad turca contemporánea está absolutamente desconectada de la realidad. Tomé conocimiento de que el embajador de Turquía en la Argentina también está dedicado activamente a la tarea propagandística de difusión de las tesis falsas de la política negacionista de Ankara. Precisamente aquí en la Argentina, país donde la memoria histórica y los derechos humanos constituyen valores inviolables. Por supuesto, podría recordarle que el término “genocidio” fue acuñado por Raphael Lemkin sobre la base del genocidio armenio, recordarle que los armenios masacrados eran ciudadanos del Imperio Otomano y no de otro país hostil, recordarle las mismas palabras de Hitler antes del Holocausto: “¿Quién recuerda las masacres de armenios?”, o, por ejemplo, entregarle muchos cofres de documentos de nuestros colegas diplomáticos de diversos países que cumplieron funciones en el Imperio Otomano durante esos años; pero todo ello, por supuesto, no tiene sentido en tanto el gobierno central turco ha adoptado el negacionismo, la complicidad y el rechazo de la realidad. Sin embargo, tengo la convicción de que la cuestión no pasa por si Turquía reconocerá el genocidio armenio o admitirá su culpa. El único interrogante es cuándo habrá de hacerlo. Turquía no tiene alternativa si quiere convertirse en un país donde se respeten los derechos humanos, la democracia y los valores contemporáneos. Como todos los armenios, soy un optimista incorregible, estoy seguro de que ese día habrá de llegar. Sus indicios ya son evidentes: son muchos los intelectuales, las personalidades públicas y culturales turcas que, a pesar de la presión y las causas penales iniciadas por el estado turco, encuentran en ellos mismos la fuerza para luchar por la restauración de la verdad histórica. En el mundo moderno, la construcción de una identidad nacional sobre la base de la mentira está condenada al fracaso, y esa es la percepción de muchos intelectuales turcos. Hasta entonces, todos juntos debemos hacer todo lo posible para trabajar mancomunadamente y evitar así que se repitan tales tragedias y catástrofes en cualquier parte del mundo. El reconocimiento internacional y la condena de esos crímenes cumplen funciones preventivas. La vida humana no tiene precio, y los atropellos contra la vida humana no tienen justificación. *Embajador de Armenia ante Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Perú.

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