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Perfil (Domingo) - 2021-05-02

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Un año sin facundo: peritan dos teléfonos y reclaman el secuestro de dos patrulleros

POLICIALES

LEONARDO NIEVA

Peritos aún trabajan en pruebas para saber qué pasó con el joven que apareció muerto. La investigación por la misteriosa muerte de Facundo Astudillo Castro, el joven de 22 años que salió de su casa de Pedro Luro el 30 de abril de 2020 y apareció muerto tres meses y medio después en un cangrejal del estuario de Bahía Blanca, tiene varias medidas de prueba pendientes, a poco de cumplirse un año de su desaparición. El cuerpo de fiscales, integrado por Iara Silvestre (fiscala federal de Santa Rosa), Horacio Azzolin (fiscal general ante la Cámara Federal de Bahía Blanca y titular de la Unidad Fiscal de Ciberdelincuencia) y Héctor Andrés Heim (Procuraduría de Violencia Institucional), aguarda el resultado de un peritaje especial a los dos teléfonos hallados en la mochila de Facundo, que curiosamente apareció en el lugar donde hallaron el cadáver, pero cerca de un mes después. El trabajo consiste en extraer la mayor información posible de los aparatos secuestrados con una técnica denominada chipoff. Este estudio fue encargado por los fiscales al Cuerpo de Investigaciones Judiciales (CIJ) del Ministerio Público de Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires. La mochila de Facundo fue hallada el 12 de septiembre pasado: estaba a unos metros del punto donde fue hallado su cuerpo. Los investigadores están convencidos que alguien la llevó hasta allí después de la aparición del cuerpo. En el interior, además de los celulares dañados, estaba su licencia de conducir, una gorra tipo visera con el logo de Ford y un jogging, que también está siendo sometido a estudios para determinar si el estado en el que se encontraba se corresponden con la biodiversidad del lugar, las condiciones climáticas o la acción de otras personas. Ese pantalón es el que llevaba puesto Facundo en la foto que le tomaron de espaldas, cuando lo demoraron por primera vez en la localidad bonaerense de Mayor Buratovich. A los investigadores, además, les llamó la atención el buen estado de conservación de la mochila, a diferencia del resto de la ropa que estaba en su interior. Los fiscales reconocen que el caso sigue presentando varios interrogantes y que la evidencia forense obtenida hasta el momento, las declaraciones testimoniales y los datos técnicos que surgieron del análisis de los dispositivos de telefonía celular “no son suficientes para conformar un relato uniforme y cronológico del derrotero de Facundo”. Las trabas. La actuación de la jueza federal María Gabriela Marrón es otro punto clave que todavía no se resolvió. Para el equipo fiscal, la magistrada dio muestras de una supuesta falta de imparcialidad porque -entienden ellos- se abrazó “como única hipótesis a la teoría” que apunta a un accidente. Los fiscales pidieron su recusación pero la solicitud fue rechazada y actualmente preparan un pedido para que la Cámara de Casación Federal admita el tratamiento del caso. Entre otras disposiciones, los investigadores del caso cuestionaron que la jueza no autorizó el secuestro de los dos patrulleros que “habrían transitado por Origone en el horario en el que Facundo se encontraba en la zona” y otras medidas de coerción que consideran “indispensables”. Las principales dudas que presenta el caso están centradas en lo que pasó en la localidad de Mayor Buratovich y la forma y circunstancias en las que Facundo continuó su viaje hacia Teniente Origone. La sospecha policial. De acuerdo con los elementos recabados en la causa, Facundo fue interceptado alrededor de las 10.00 del 30 de abril por el oficial Mario Gabriel Sosa y su colega Jana Curuhinca. Fue a la altura del kilómetro 779, en la localidad de Mayor Buratovich. Según los policías, Facundo continuó su viaje hasta Teniente Origone, donde fue nuevamente demorado. Cristina Castro, madre del joven, habló a las 13.33 con su hijo; en esa comunicación Facundo le manifestó que “no lo iba a ver nunca más”. La antena de telefonía celular que activó el teléfono del joven fue la de Buratovich, no la de Origone donde una mujer policía dice que había arribado media hora antes. Los fiscales destacan el testimonio del Testigo H, quien aseguró que levantó al joven en su camioneta Honda HRV en la Ruta 3. Dijo que Facundo le pidió que lo dejara en el primer cruce ferroviario viajando en dirección a Bahía Blanca, porque quería evitar el paso por el control zoofitosanitario, ubicado en el kilómetro 714. “No hay personas que hayan visto a Facundo después del Testigo H”, dicen los fiscales. El sábado 15 de agosto tres pescadores encontraron su cuerpo, totalmente esqueletizado. La autopsia reveló que su muerte fue “producto de una asfixia por sumersión”. “El avanzado deterioro del cuerpo no permitió determinar si en la muerte existió participación de terceros o si fue producto de un asesinato, accidente o un suicidio”, detalle el informe médico forense. Lo que hasta ahora nadie seexplica es qué hacían patrulleros en esa zona antes del hallazgo del cuerpo. Los investigadores recabaron información de acuerdo a sus dispositivos de georreferenciación. El 8 de mayo un móvil de la Unidad Policial de Prevención Local (UPPL) de Bahía Blanca estuvo ubicado en cercanías del lugar donde se produjo el hallazgo del cuerpo. Al advertir el dato, la fiscalía solicitó el allanamiento de la UPPL y el secuestro del móvil. Semanas más tarde, durante una inspección llevada a cabo por Gendarmería, se halló un trozo de piedra de color negro en el interior del baúl, que fue reconocido inmediatamente por Cristina Castro. El estudio pericial desarrollado por un geólogo determinó que se corresponde con una piedra turmalina, tal como había referido la madre del joven.

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