Abren en CaBa el primer ‘cat café’

Se puede hacer mimos a ocho gatos.

CLAUDIO CORSALINI

2022-06-19T07:00:00.0000000Z

2022-06-19T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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SOCIEDAD

El proyecto es desarrollado por tres socias que, antes de la pandemia de covid, trabajaban como guías de turismo en la Ciudad de Buenos Aires. El “espacio gatificado”, como lo denominan las dueñas se encuentra en el barrio del Abasto, y solo se accede a través de reservas por la cuenta de Instagram del lugar. Los turnos son de una hora con un máximo de hasta cinco personas. También acompaña a la ONG Proyecto Miau en materia de fomentar la adopción responsable de gatos callejeros o abandonados. Además, cuenta con una casa de tránsito para tal fin. Apenas uno ingresa al “espacio gatificado” en el que se transformó una casa del barrio del Abasto, los ocho “propietarios” salen y reciben a los visitantes entre maullidos y ronroneos que es, en definitiva, lo que van a buscar quienes se acercan al Cat Café Buenos Aires. El primer espacio de la Ciudad en el que además de saborear un rico café con alfajores los visitantes pueden jugar con los ocho gatos que allí se encentran. “Decimos que es un ‘espacio gatificado’ porque, si bien en un departamento, es un lugar que está pensado y diseñado para el disfrute de los gatos, pero también de quienes vienen a visitarlos ya sea para jugar con ellos un ratito, darles de comer y, de paso, aprender un poco más de lo que significa la convivencia con mascotas, en este caso, con los gatos”, contó Diana Capasso, una de las responsables del lugar. “Es un espacio ideal para los gatos ya que tiene un jardín con plantas y enredaderas, pufs y algunos muebles para que puedan subirse, tal como es su costumbre”, agregó, entre risas. Si bien en la Ciudad existen locales gastronómicos pet friendly, no existen lugares en los que los turistas o visitantes puedan degustar un café e interactuar con ellos, tal como ocurre en algunas de las principales cpaitales del mundo (ver recuadro). Respecto a los “dueños del espacio”, los animalitos tienen un rango etario que van desde los nueve meses de Princesa y Peque, hasta los 16 años de Coñi, la más viejita de todos. En el medio se encuentran Bebé, de siete; Pipi, de cinco, Rubio de un año. También se encuentran los “Hermanos Macana”, Silver y Luana de apenas diez meses. “A los visitantes les entregamos delantales para que les den alimentos húmedos a los gatitos sin ensuciarse o para que se tiren al piso para jugar con ellos”, aseguró la responsable del lugar y dueña de los ocho gatos. Respecto a la modalidad de las visitas al Cat Café porteño, Diana explicó que los turnos deben solicitarse a través de la página de Instagram, cat. cafe.buenos aires, y esperar la confirmación de la fecha y hora. Allí también se le indicará la dirección y el costo de la visita. El valor de la entrada incluye el café, un alfajor, la porción de alimento balanceado que se le pueda dar a los animalitos y una hora de estacionamiento. Los turnos son de una hora por el grupo familiar de hasta cinco personas, en tanto que las opciones de horario son tres turnos por la mañana y tres por la tarde. “Estamos abiertos de lunes a lunes, pero por cuestiones veterinarias o cuando les damos las pipetas (contras las pulgas) o los desparasitamos, los dejamos descansar un día entero para que se desestresen”, aseguró Diana, en su charla con PERFIL. Entre las recomendaciones que se deben cumplir a la hora de ir a visitar el cat face, no se permite el acceso a familias con chicos menores de diez años. “Si bien los gatitos son muy mansos y amigables, los chicos pequeños suelen tirarles las orejas, la cola o los bigotes y el felino puede reaccionar. Creemos que un chico de diez años comprende la manera de tratar a una mascota”, indicó la dueña del lugar. Socias. Capasso lleva adelante el proyecto Cat Café junto a dos socias, Liliana Raco y Gabriela Marcos. Las tres se conocen desde hace años y trabajaban como guías de turismo en un emprendimiento propio hasta que llegó la pandemia por el covid y tuvieron que redireccionar el proyecto laboral. “Hacíamos turismo receptivo, en especial con visitantes brasileños, y nos iba muy bien. Trabajábamos a full ya sea haciendo viajes turísticos o escapadas cortas hasta que llegó la pandemia que frenó todo y nos cambió la vida. Antes de abrir el Café en octubre de 2021, cuando se flexibilizó la cuarentena, por ejemplo, vendimos choripanes por el barrio”, contó. En este sentido, y respecto a la relación con los vecinos del “espacio gatificado”, Diana contó que tienen buena relación. “Vivo acá (en el departamento lindero al Cat Café), desde hace años, y me conocen todos. Durante la pandemia los vecinos nos ayudaron mucho, y comprendieron nuestra situación. No tenemos problemas con nadie, al punto que algunos vinieron a conocer el lugar y todo”. Más allá de la función específica, el cat café porteño también impulsa la adopción responsable. “Tenemos un acuerdo con la ONG Proyecto Miau, y una casa de tránsito”, señaló por último Capasso.

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