La verdad lectora

La palabra deseada. La Divina comedia en el mundo contemporáneo OMAR GENOVESE

2022-06-19T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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CULTURA/LIBROS CRÍTICA

Autor: Mariano Pérez Carrasco Género: ensayo Otras obras del autor: Las paradojas de la novedad; Editorial: Mardulce, $ 2.200 Ivan Illich publica en 1993 En el viñedo del texto, ensayo a propósito del Didascalicon de studio legendi (Afán por el estudio) de Hugo de San Víctor (1096-1141), y en él se lee: “Al pecar, Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso y enviados de un mundo resplandeciente a un mundo de tinieblas, y sus ojos perdieron la transparencia y el poder radiante con el que habían sido creados, y que todavía se adecúa a la naturaleza y el deseo humanos.” Hugo presenta el libro como una medicina para el ojo. Esto significa que la página del libro es un remedio supremo porque permite al lector, a través del studium, recuperar en parte lo que su naturaleza requiere, pero que su pecaminosa oscuridad interna ahora le deniega.” Esta oscuridad del lado del sujeto también está en el límite donde aparece lo indecible. Aquello que el dolor no permite nombrar, y la palabra escapa, para regresar en manifestaciones inabarcables como la angustia o las formas de la locura, que llevan ese estigma; así como la falta de pasión nos arroja a una vida-sin-más. Al introducirnos en este ensayo, Pérez Carrasco cita a Raffaele Spongano, sabio filólogo, fundador de la Universidad del Salento: “La verdadera lectura no tiene más fin que sí misma, y, sobre todo, no tiene una utilidad inmediata. Cuando se lee para algo –estas eran sus palabras– se llena el estómago, pero se vacía el alma. La lectura utilitaria es una lectura avara (y por eso equivocada), que tiende a reducir el espíritu a la letra, la idea al texto, el concepto a la materia que lo conserva. La verdadera lectura es la que produce un hábito, la que forma el alma (o la psiquis o la mente o el intelecto…).” Esta lectura luz, donde el ojo ilumina el texto, es también un viaje en las palabras de La Divina Comedia. Y el trayecto también es relectura, cita de la cita, traducción del origen y secuelas de un Dante que hizo posible la lengua. Las derivas van de Adorno a Croce, de De Sanctis a Mallarmé, de Proust a San Agustín, de Aristóteles a Engels, de Platón a Marx, y muchos más. Este marco se corona, con un estilo crítico preciso, incluso a pesar del enfrentamiento ineludible con el dualismo conservador/progresista, o antigüedad/modernidad, duplas por demás insuficientes para un final con cita pictórica concluyente: Paisaje con caída de Ícaro de Brueghel el Viejo. La versión de Pérez Carrasco es apropiada, como los personajes del cuadro somos indiferentes al milagro, porque ningún bien terrenal brinda la felicidad. Apenas son falsas imágenes del bien, pecado que Beatriz señala a Dante. Pero alto: la lectura aquí es privilegio, más si está libre y es puro afán por la palabra, cuando el deseo se renueva al seguir leyendo. Y aquí queda en claro el efecto de este libro: provoca al pensamiento, a buscar en el texto esa figura del miniado invisible, otra forma de iluminar los sectores más evasivos en la autocrítica y la memoria de la lectura. Eso es discutir con sed por la verdad intelectual más que el deseo de ella, porque no tiene propósito, como la lectura.

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