Alucinaciones visuales

MARIANO OROPEZA

2022-06-19T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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ARTE MUESTRA EN LA BOCA

Pocos veces ocurre que un espacio signifique el indicado para la potencia de un artista plástico. Pablo Temes, que expone desde 1979 y tuvo ya una individual en el Centro Cultural Borges, además de prestigiosas menciones, habita ahora el Museo de Bellas Artes de La Boca Benito Quinquela Martín como uno más, cerca del dueño de casa y sus muchachos, Onofrio Pacenza, Fortunato Lacámera y otros pintores ribereños. Hasta el 26 de junio. Calle única, calle absurda, calle linda. Calle para soñar, para perderse, para ir de allí a todos los éxitos y a todos los fracasos.” Así describía Roberto Arlt una Buenos Aires funambulesca con bordes peligrosamente reales. Por ellas transitan los personajes de Pablo Temes en Crónicas urbanas. Buenos Aires-Manhattan, que se puede visitar en el Museo Quinquela Martín de La Boca hasta el 26 de junio. Por más que las viñetas abran un puente a New York, la porteñidad mueve a que la quesería Russo’s woodyallenesco se hermane con el camión Rosso de la Ribera. Raspando la fresh muzzarella aparece la ropa vieja, guiso cantinero del Doque, con la pelota rodando en el asfalto. En estos veinticinco óleos de gran formato que “fijan la pasión que está escondida”, como diría Edmundo Rivero de Germinal Lubrano, el pintor del tango, Temes encuentra en la sensualidad del color una manera de contar historias de sabiondos y suicidas, de calles angostas que siempre están en la memoria, sin perder el cross a la mandíbula de la pelea diaria. Como el director de orquesta de Mantenga distancia social (el riesgo país II) (2019/22) a punto de mover la batuta, mirando a los ojos a un niño con una estampita, y la vida en orsai, siga, siga. En el fondo, hay lugar. El artista es un reconocido ilustrador y director de arte en el mundo editorial. Y su obra artística posee la lucidez de un fino retratista que ausculta hechos y protagonistas. Sin embargo, más aún, Temes transporta a la gran escuela de dibujo argentino que conecta a Lajos Szalay y Lino Spilimbergo con Carlos Alonso y Daniel Santoro, compañero de estudios de Temes en la escuela de Bellas Artes. “Es fundamental tener un buen sentimiento de la forma”, recuerda Santoro de aquellos días. Eso se percibe en el trazo que Temes va delineando una geometría sensible, que reina en cuadros que rinden homenajes a Onofre Pacenza y Fortunato Lacámera. Ventanita del cotorro (2011) recibe al visitante en un calidoscopio que extraña la cotidinaeidad y no tanto. Un poco más allá, Iron Mountain (2014) es un vistazo de cómo Temes “rumia el mundo”, parafraseando al filósofo francés Merlau-Ponty. Pocos veces ocurre que un espacio signifique el indicado para la potencia de un artista. Temes, que expone desde 1979 y tuvo ya una individual en el Centro Cultural Borges, además de prestigiosas menciones, habita la casa de Quinquela como uno más, cerca de San Benito y sus muchachos, Onofrio Pacenza, Fortunato Lacámera y más pintores ribereños. Al encaminarse a la sala Eduardo Sívori del segundo piso recibe la pieza del mes Noche de invierno (1940) de Martín, con que sus vólumenes y colores, y el maldito desamparo, busca a la desengelada St. Edward (2020) de Temes. Obvias son las líneas de puntos al pintor norteamericano Edward Hopper, pero no pueden ser más disímiles esos mismos puntos suspensivos, las ciudadanías congeladas, vistas en texturas y fugas, microhistorias, innegables argentinas. En Temes se huele el río marrón en Garibaldi (2005). “La pintura sobre caballete sigue teniendo vigencia”, estampó Yamila en el libro de visitas, en un toque de atención de las tendencias modernosas que acaban en un concepto y un barullo. El grito primordial de Temes siempre estuvo pincel en mano, mirando de reojo, un poco cronista, un poco marionetista, el escenario del cómo vivimos juntos. “La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles”, resumía Oliverio Girondo. En las visiones y alucinaciones vitales de Temes, ellos sobrevuelan, ellos renacen, ellos y nosotros soñamos. Crónicas urbanas, de Pablo Temes. Hasta el 26 de junio de 2022 en el Museo Benito Quinquela Martín, Av. Pedro de Mendoza 1835. Martes a domingos de 11:15 a 18.

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