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Perfil (Sabado) - 2021-04-24

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Dos modelos de país opuestos esperan al Perú

EL OBSERVADOR

CAROLINA SALVATORE* *Periodista argentina radicada en Perú.

A varios días de la primera vuelta de las elecciones en Perú, con un resultado que sorprendió a propios y ajenos, los mercados no logran estabilizarse en el país. Esto sumado a la enorme crisis producto de la pandemia y mientras el país intenta “surfear” una segunda ola que arrastra cifras estremecedoras con los números más tristes desde su comienzo. Es que el conteo final de las autoridades electorales arrojó un 19,09% para Pedro Castillo, de la izquierda marxista, y 13,37% para la ultraderecha de Keiko Fujimori. Así, el país decidirá en segunda vuelta entre dos modelos de país muy distintos. Ambos candidatos se trenzan en una campaña con el enorme trabajo de captar el denominado antivoto, que podría definir al futuro presidente del Perú. Lo que pasó con Castillo nadie lo vio venir, mucho menos las encuestadoras, que han sido cuestionadas por el trabajo que hicieron previo a las elecciones y cuya credibilidad se ha visto altamente debilitada. Algunos candidatos aseguraron que los sondeos habían incidido en la decisión final de los votantes en un contexto donde algunos decidieron no ejercer su derecho por miedo a los contagios masivos de Covid. Lo cierto es que, en la semana previa a las elecciones, el fenómeno de la izquierda creció con fuerza al interior del país como un “voto protesta” o castigo a una clase dirigencial que no supo escuchar y resolver los problemas de un país que va más allá de su capital. Un Perú con enormes diferencias de clases, desarrollo, infraestructura, educación y trabajo. El maestro. Castillo representa a ese sector: el provinciano pujante, trabajador, defensor de los recursos naturales y del Estado como su mayor garante. El que no entiende de juicios justos, más bien de mano dura implementada por las denominadas “rondas de campesinos”, que a fuerza de látigos y castigos imparten Justicia en zonas donde el Estado está ausente. Entre sus detractores existe el miedo de que sus propuestas, para algunos radicales, puedan aislar a Perú del mundo y alejar la inversión privada, vital por estos tiempos para la creación de puestos de trabajo en un país que históricamente, y mucho antes de la crisis de la pandemia, ya tenía una economía informal de casi un 80%, representada en personas que no tienen aportes jubilatorios, seguro médico ni nada. Una verdadera bomba de tiempo. En su plan de gobierno propone redactar una nueva Constitución aprobada por una Asamblea Constituyente, uno de los puntos más polémicos y que podrían generar menor consenso por las implicancias que hemos visto en otros gobiernos latinoamericanos. El “fantasma” Venezuela sobrevuela en un Perú que ha tenido la mayor ola migratoria de su historia tras la crisis humanitaria en el país llanero. Históricamente eran ciudadanos peruanos quienes emigraban en busca de un futuro mejor, pero desde hace unos años, y con el apogeo económico, comenzaron a llegar olas de migrantes que pasaban de manera legal e ilegal por sus fronteras. Chávez y Maduro representan una amenaza (y temor) para una parte de la sociedad que ve en esta izquierda de Perú Libre su reflejo. Otro de sus puntos fuertes es la estatización de empresas, el control de los medios de comunicación y sus contenidos, el cambio a una “economía popular con mercados” y aumentar los presupuestos en agricultura y educación, éste último asociado directamente a su profesión como maestro y el conocimiento del déficit en salarios, además de la enorme desigualdad en infraestructura, contenidos y posibilidades. Fue precisamente como docente que encabezó una de las protestas más radicales en el año 2017 y que tuvo como eje 75 días de huelga en varias regiones del país. Está claro que el fenómeno Castillo implica también, y como forma de campaña, la confrontación permanente entre Lima y el resto del país. Las posibilidades, desarrollo y economía de unos por sobre otros exponiendo una grieta histórica que ahora es utilizada como lanza para crear un enemigo común entre los seguidores de Perú Libre. Le jos de unir, su estrategia es la división. Keiko, y el “antivoto”. La última encuesta realizada por Ipsos Perú dos días después de la primera vuelta arrojó una preferencia electoral de 42% para el candidato de la izquierda, mientras que por la derecha se inclinaría el 31% de los electores y el 27% votaría en blanco o viciado este 6 de junio. En la misma encuesta se valora lo que para muchos especialistas podría ser determinante a la hora de conocer el resultado final, el denominado “antivoto”, que aparece en todas las elecciones y que le ha impedido a Keiko Fujimori llegar en dos ocasiones previas a la presidencia. En esta nueva oportunidad, la candidata de derecha, a pesar de enfrentar a un rival totalmente opuesto a sus ideas, tiene el porcentaje más alto de antivoto con 55%, mientras que Castillo recibe el 33%. Ésta es la tercera vez que Keiko Fujimori llega a una segunda vuelta presidencial. En 2011 fue derrotada por Ollanta Humala y en 2017 por Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Ahora su reto es más complejo, frente a un outsider que se posicionó en el primer lugar los días previos a la elección sin que nadie lo viera venir. Con 51 años, la hija del ex presidente Alberto Fujimori, condenado por violación a los derechos humanos, podría ser la primera mandataria mujer del Perú además de la presidenta del Bicentenario. Pero ese camino no es nada fácil, precisamente por el rival que enfrenta y por sus propias “debilidades” que la tienen en el ojo de la tormenta desde hace un tiempo por la causa de lavados de activos por supuestos sobornos –recibidos de la constructora brasileña Odebrecht– para financiar su campaña electoral de 2017. Por esto estuvo en prisión preventiva en dos oportunidades: 2018 y 2020. Fujimori cuenta además con los “anticuerpos” que genera en parte de la sociedad la sombra de corrupción del gobierno de su padre en los años 90. Entre sus propuestas más importantes figuran la de la economía social de mercado que contribuya a la creación de trabajo formal, con la inversión privada como estandarte y supervisada por el Estado. Perú ha tenido cuatro presidentes los últimos cuatro años, debido a la facultad del Congreso de realizar la moción de censura al gabinete y al mismo mandatario: PPK, Martín Vizcarra, Manuel Merino y Francisco Sagasti. En el caso de Vizcarra fue expulsado de su cargo en plena pandemia, creando una crisis institucional y sanitaria que hasta hoy no se ha podido revertir. Parecidos y diferentes. Aunque los modelos económicos de país son diametralmente opuestos entre Keiko y Castillo, hay coincidencias conservadoras que definen la raíz sociocultural del Perú. Ambos candidatos proponen la “mano dura” como forma para combatir una delincuencia descontrolada y acelerada durante los últimos años. Los dos se manifiestan contra el aborto y el matrimonio igualitario, aunque Fujimori estaría dispuesta a discutir este último tema bajo el título de “unión civil”. Sea izquierda o derecha queda en claro que la raíz del conservadurismo está arraigada aún en el país. En medio de una segunda ola de Covid, que desnuda por completo a un Estado ineficiente que no pudo reaccionar ante la falta de oxígeno, camas de cuidados intensivos, personal de salud y negociación de vacunas, los peruanos se ven obligados a elegir entre dos extremos: una izquierda que ha recibido el apoyo de Evo Morales desde Bolivia y cuya dialéctica de campaña es la confrontación de clases, de limeños contra provincianos, de dividir y ensanchar la grieta que históricamente lleva el Perú. Frente a una derecha ortodoxa y conservadora, acusada históricamente de corrupción que lleva como caballito de batalla el mensaje “anti-cuba y Venezuela”. Por estos tiempos de crisis, de enfrentamientos y muerte, bien aplica una frase usada y conocida por estas tierras: “Cómo dueles Perú”.

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