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Perfil (Sabado) - 2021-04-24

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Recorridos por los caminos de la independencia

TEATRO / TELEVISIÓN

ANALÍA MELGAR

Por los roles y espacios que habita Natacha Delgado dentro del mundo del teatro, es hacedora y observadora del presente y de la historia de este fecundo arte en la Argentina. Actriz, directora, docente, gestora, investigadora, tiene como centro de sus actividades a Andamio 90, el teatro y escuela que originó Alejandra Boero (1918-2006). Acaba de postergar el estreno de El patio de atrás, de Carlos Gorostiza, en el Centro Ana Frank Argentina, hasta que las condiciones epidemiológicas lo permitan. Mientras tanto, avanza con la película Laura, escrita y dirigida por Rodrigo Malmsten, en la que ella será la protagonista junto a Luciano Cáceres. Asimismo, realiza ensayos de Los recortado, obra de Luis Longhi, que aspira a estrenar a fin de año. —¿Cómo encarás los desafíos de estos tiempos? —El año pasado fue un cachetazo. Por los cien años del nacimiento de Gorostiza, íbamos a hacer El patio de atrás en el Picadero… Para mí, que vengo del teatro independiente, era un salto hacia el teatro comercial y en el Picadero, que tiene su nivel simbólico, porque fue sede de “Teatro Abierto”, en últimos años de la dictadura. Pero pasé obras online, me sumé al programa de radio de Artistas Solidarios que conduce Mosquito Sancineto, fortalecí mi área de investigación en el Instituto de Artes del Espectáculo de la UBA. Ahora la sensación es que no se sabe cuándo va a terminar esta pandemia, [más allá de] las restricciones que creo que están bien. —Como docente teatral, trabajás con profesionales y también con gente que toma al teatro de manera amateur… —En relación a la docencia, es el sector de gente que a mí más me interesa: la que hace teatro como hobby o herramienta de expresión, porque se dedica a otras cosas: a dar clases, a hacer periodismo; hay abogados, psicólogos... Para mí el teatro hace bien. Lucho porque en las escuelas el teatro sea una materia como educación física, música o plástica. La pedagogía teatral es una herramienta para el desarrollo de la imaginación, de la creatividad, de los bloqueos emocionales y corporales. Para mí, todo el mundo en algún momento debería pasar por clases de teatro, porque se trabajan cuestiones aeróbicas, rítmicas, de escritura, gestualidad, vínculos interpersonales… — ¿ Cuál es tu historia con Alejandra Boero y qué legado te dejó? —La conocí cuando yo tenía 14 años y empecé a estudiar. Andamio no existía; era el estudio de la Boero. Me dirigió en cuatro, cinco, seis obras. Fue pionera como directora mujer en la déca da del 40. Me legó su forma de dirigir y de concebir el espacio, y de trabajar codo a codo con el escenógrafo. Trabajó mucho con Héctor Calmet. Me legó también la pasión por ensayar a cualquier hora, cualquier día, y su rol multifacético: ella era actriz –la vi haciendo de la Muerte en Trescientos millones en la Martín Coronado, cuando ella ya era grande y todavía manejaba una gran sensualidad–, directora, pedagoga y era gestora cultural –en parte gracias a sus acciones, tenemos el Instituto Nacional del Teatro–, y fundó su escuela de teatro, y varios teatros; el último, Andamio 90. — ¿ Cómo podrías dimensionar los efectos presentes de todo lo que ha hecho Boero? —Todos los egresados de Andamio… Luciano [Cáceres] y los que además de actuar y dirigir y ser profes… la gran mayoría fundó salas también: [Claudio] Tolcachir con Timbre Cuatro, Lisandro Penelas y Francisco Lumerman con Moscú, la gente de Noavestruz, la gente de La Carpintería, la gente de Machado, Gallo Rojo, Claudio Quinteros cuando fundó El Brío… —Hay cierta marca estética… ¿cómo es el sello Boero, el estilo Andamio? —La estética tiene que ver con la década del 40, cuando ella empezó a hacer teatro. El teatro independiente surgió en el 30 con [Leónidas] Barletta. La inspiración del teatro independiente era tomar autores argentinos del momento, de vanguardia, como Roberto Arlt. Después, [vinieron Armando] Discépolo, Florencio Sánchez, el grotesco, el sainete… También, teatro norteamericano o alemán del momento, por fuera del teatro comercial, con textualidades más intelectuales, más poéticas. En cuanto al uso del espacio, [el estilo Andamio] rompe con la caja a la italiana, usa todo el espacio, y mezcla técnicas, procedimientos brechtianos, con técnicas a lo Grotowski y una cierta dosis de Stanislavski en la dirección y en la pedagogía. Todo ello da cuerpos disponibles, entrenados, con una gestualidad proyectada que les permite trabajar en la calle o en teatros más intimistas, en cine o en televisión. En el nivel de la puesta: elencos multitudinarios, que tienen que ver con la mística del teatro independiente.

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