La balada en agosto

RAFAEL SPREGELBURD

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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ESCRITURAS

Empieza agosto en la misma incertidumbre que solemos reservar a los diciembres. Los superpoderes, la copia de la copia, la angustiosa sensación repetida. Pero tengo en mis manos temblorosas un incunable: el Tata Cedrón me copia en una hoja pentagramada un arreglo para contrabajo de su “Balada de agosto” y me la dedica, junto a su nombre y el de Juan Gelman. Lo vi al Tata hace poco, cuando la cantó con mi compañera en la presentación de un libro de Cortázar, amigo de todos ellos. Le dije que estaba aprendiendo contrabajo y que podía hacer la línea que en su cuarteto hace la viola. Me dijo que me iba a hacer un arreglo. Y cumplió su promesa porque sí, porque tuvo ganas, porque es grande y generoso. Soy analfabeto y las corcheas son hormigas negras. Pero en esa hoja late la mano alzada del Tata y esa hoja es para mí, así que rige un pacto de caballeros y me la aprendo sin saber cómo. El arreglo arranca lágrimas en la secuencia Mi, Fa#, Sol, La#, Si, Do#, Re, empieza agosto, todo se está yendo a la mierda, y presto poca atención a noticias y obligaciones porque tengo una misión extraterrestre: sacar esta canción a cómo dé lugar. Muchos amigos me preguntan para qué empecé a tocar el contrabajo. Es difícil de explicar sin mostrar lo que pasa en el cuerpo cuando se hace vibrar una cuerda con el peso de un arco tensado y unos jeroglíficos en una hoja Istonio. Así la música, como las palabras y las artes, son rescate. Habría que estar aprendiendo siempre un arte nueva, habría que ser siempre un niño que no desconoce las categorías correctas para expresarse; así cada pequeño logro llena el alma, que se está poniendo raída de tanto frotarse en las piedras del camino.

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