Clarisa Gambera (45)

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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MARIE CLAIRE

Es titular del Departamento de Género y Diversidad de ATE Nacional, además de trabajar en los derechos de sus colegas, menciona la importancia de asumirse como sindicalista y feminista. “Llegué cuando era trabajadora monotributista en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre el 2003 y 2004. Pasaban los meses y no cobrábamos. Se armó una organización para reclamar los salarios y quedé como delegada del sector. No teníamos experiencia con la militancia sindical hasta que apareció la posibilidad de agremiarnos”, y agrega: “Algunos no reconocían a las monotributistas como trabajadoras hasta que llegamos a ATE que nos dijeron que podíamos ser parte y afiliarnos porque nos daba miedo que nos rescindan los contratos”. “Durante mucho tiempo nos formamos en espacios vinculados a los feminismos populares y transcurría nuestra vida sindical a partir de la experiencia de defendernos como trabajadoras. Pero iba como en calles paralelas”, revela. “A partir del primer Ni Una Menos, que desbordó las estructuras y que las mujeres se sintieron interpeladas, algo empezó a pasar. Con el primer paro desde los feminismos, nosotras, que nos veníamos como movimiento de mujeres y disidencias, irrumpimos los sindicatos”. “Estábamos en estos lugares medio tapadas. También el movimiento feminista miraba con malos ojos al sindicalismo. Tenía un peso complejo pararse en los movimientos de mujeres a decir ‘soy de un sindicato’ porque se piensa como un espacio de varones, masculinizado, jerárquico y con conducciones de hombres”, expresa y completa: “A partir de esto que se abrió, empezamos a decir que somos feministas y sindicalistas. Estamos dando una disputa desde un lugar complejo. Hay que bancarse ser feminista en un sindicato, pero ahora somos un montón”. Sobre su sector y la Ley de Cupo Femenino, dice: “Hace tiempo cumple con el 30 por ciento en las listas generales. No así necesariamente en todas las estructuras internas. Estamos avanzando en un debate que posiblemente decante en una paridad del 50%-50%. Eso no quiere decir que nuestras compañeras ocupen el lugar de disidencia en la misma calidad que los varones y que estén en los cargos de posición real”. “Tenemos más incidencia que antes. Esta forma feminista de hacer política, que es articularnos en lo que tenemos en común para avanzar, nos sirve de antecedente. Nos tenemos que juntar. Hay que lograr más, eso quiere decir un proceso de formación por abajo y de alianza estratégica para acumular cabezas transformadoras. No alcanza con la paridad en términos de cupo ideológico, necesitamos feministas en los cargos de decisión y eso todavía es un camino a transitar”. “Por supuesto hemos sufrido ninguneos, falta de recursos y violencias más explícitas también. Desde los chistes hasta que no nos enteramos de algunas reuniones porque son mesas de varones. Esto es parte de la experiencia cotidiana y después ya el cuestionamiento respecto de los lugares que podemos ocupar”. “En cada uno de los sectores pudimos meter perspectiva de género y diversidad, es la conquista de este movimiento en su conjunto. Una potencia sindical feminista que está siendo protagonista de una corriente que desborda las estructuras de los gremios de base”.

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