“Siempre intento eludir lo general y escuchar”

JONÁS ZABALA FOTOS: GZA. PRENSA CRISTIAN PAULS

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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CRÍTICA / CINE

Tras las huellas de una expedición de 1920, va Cristian Pauls en el documental El campo luminoso a través del Chaco formoseño y oscila entre aquel recorrido y las voces actuales de los indígenas pilagá. El film da cuenta de un proceso muy particular de Pauls: “No suelo hacer demasiada investigación sobre las personas, temo siempre que mis ideas terminen por bloquear la posibilidad de lo que puede (o no) surgir y malograr así algo del misterio que siempre es, para mí, un encuentro. Más bien, trato de intentar entender los términos en que el otro piensa su propio mundo. A lo único que apelo allí es a una escucha activa que me impida diluirme en aquellos con quienes quiero conversar. Eso significa no reducirlos a sus discursos textuales sino tomarlos en tanto cuerpos que se expresan en una duración”. Y el director suma: “Por otro lado, intento eludir lo general (que es lo que siempre coloca a las personas cerca del estereotipo) y seguir el modo mismo en que se aparecen sus singularidades y pierden, como diría un cineasta que admiro profundamente, Eduardo Coutinho, su condición de ‘típicos’”. —¿Por qué volver a ese recorrido y qué representa hoy? —Siempre me asalta esa emoción, un poco infantil, que me produce estar allí donde otros estuvieron hace tanto. No solo por los humanos sino también por los árboles y los animales y todo aquello que formó parte de ese mundo que hoy sobrevive transformado. En este caso, el monte: una geografía que yo desconocía por completo y que me tomo desprevenido; de allí la idea que tuvimos con Joaquín Rajadel, el sonidista, de hacerlo hablar, de que resultara algo más que aquello que se ve en imagen. Está, siempre entonces, esa idea que me persigue: el pasado nos habla y hay que hacer el esfuerzo para desentrañar esa relación con lo que ya sucedió pero que hoy sobrevive y nos marca. —Hay algo de darle valor a todos los rostros, de escucharlos, ¿siempre fue parte del plan ese registro? —Siempre: son casi aprioris que tengo en cualquier película. Las vidas de esas personas que incluyen, por supuesto sus propias ficciones sobre sí mismos. Lo que ocurre es que siempre sucede lo mismo: se filma al otro pero, también y en el mismo movimiento, el interés que el otro filmado tiene por uno que se interesa por el: “ese que vino de lejos, que no tiene ninguna especulación económica conmigo, merece mi consideración”. Por eso pienso que cualquier documental no es tanto “sobre” sino “con” esos filmados. —¿Cómo seleccionar los relatos de todos los que escuchaste en el camino? —En general, no tanto por lo que fueron/son sus propias vidas sino por su capacidad de relato. Porque allí el cine siempre presenta un desafío: todas las vidas son singulares pero no todos tienen la capacidad de relatarlas de manera interesante. Eso no depende tanto de lo que hayan vivido sino de un pequeño arte que es la capacidad de alguien por narrar. Arte de condensar, de descartar, de acentuar o de desplazar. Y sobre eso yo no puedo hacer mas que propiciar volver visible lo mas particular de alguien, aquel momento en donde lo que vale es la diferencia con el vecino.

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