“La fusión me parece hermosa”

La cantante puertorriqueña lanza nuevo disco, Alma adentro. Recorre su carrera de éxitos, atravesada por una diversidad de ritmos y anécdotas.

ANALÍA MELGAR

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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MÚSICA

Mimí Maura, nacida en Puerto Rico, actualmente afincada en la Argentina y con presencia en numerosos países, tiene un público que la acompaña en cada presentación. No precisa producir frenéticamente novedades rimbombantes. Recién ahora vuelve a publicar uno con temas muy nuevos, y no responde a razones comerciales, sino que se percibe allí una medida selección de canciones y socios musicales, con Sergio Rotman como presencia insoslayable. El saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs es pareja de Mimí e integra la banda que la acompaña –donde están Rebeka Nogales, Fidel Nadal, Silvia Rexach, Ivo Dimchev, Gigio González–, para dar forma a la ecléctica mezcla de sonidos en la que ella pone su voz inconfundible, envolvente y sensual. Ahora lanza el disco Alma adentro, y lo presenta en ND/ Ateneo el sábado 6 de agosto. —¿Cómo nace la necesidad de hacer un disco? —Hemos sacado distintas cosas: discos en vivo, covers con Los Aggrotones, discos con El Siempreterno y con Los Sedantes, bandas paralelas que tenemos con Sergio, pero hace diez años que no hacemos un disco de canciones originales de Mimí Maura. Nos hacía falta hacer uno nuevo, pero nosotros somos independientes: no teníamos prisa, ni fecha límite, ni idea de meternos en un estudio. Fuimos canción por canción, en un trabajo muy artesanal con Pablo Martín, amigo y productor. Hace un mes hicimos la última canción, “El tren de las diez”, el corte de difusión. Cuando grabas un disco, sueles empezar primero con la banda, el bajo después, las guitarras; cuando viene la voz, a veces ya estás cansado. Esta vez, mi participación como intérprete es mucho más importante. —Hay cierta identificación de tus canciones con el reggae, con el calipso. ¿Cómo te habilitás las variaciones de ritmos y de canciones? —Por suerte, puedo hacer lo que me da la gana, en el tipo de carrera que nosotros encaramos: hacer todo nosotros mismos, salir a tocar cuando yo quiero. Es la vida que elegí. Obvio que pienso que tengo un público bien cariñoso y uno busca hacer esas canciones de nuestro repertorio, esas que a veces uno se cansa de tocar, pero, bueno, las hace por su público, aunque me aburre hacer lo mismo siempre. —¿Qué te pasa cuándo la gente te pide mega éxitos como “Yo no lloro más”? —No la estuve tocando este último año. Le di un descanso y nadie me la pidió, ja, ja, ja. Pero la toqué en Mar del Plata hace poco y la gente se murió con la canción; todos cantaban, ni escucharon el arreglo que hicimos: eso también es hermoso, porque está metido en el folclore de la gente. La canción ya deja de ser tuya. Yo no lloro más es parte de mi historia, es parte de Puerto Rico y yo me siento a gusto también cantándola. Pero cumplí 50 años, tengo muchos otros estilos de música adentro que quiero sacar para afuera. —¿La diversidad musical en la que te movés puede pensarse en relación a lo híbrido del continente americano, que has recorrido? —Como portorriqueña, siempre viví entre distintas culturas. La música es parte de mi vida desde que nací, con el son, el bolero, la música de mi viejo [Mike Acevedo] y después, todos los estilos que fui conociendo en mi adolescencia. De chiquita también viví en Chicago, entre lo que era el rock y la salsa. En los ’80, en Puerto Rico, la salsa era en español, local, en una especie de guerra con el rock, que venía de Estados Unidos y era anglosajón. No nos llegaba rock en español a nosotros, como sí tuvieron en la Argentina. Recién hacia 1989 tuve mi primera banda con la que empezamos a experimentar con el rock en español. Siempre me gustaron muchos estilos de música y encasillarme en uno solo es difícil para mí. La fusión me parece hermosa. Lo tradicional ya está hecho; uno tiene que reinventarse y seguir buscando.

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